
Convengamos en lo siguiente: una división es algo natural y le ocurre a todas las organizaciones, incluidas las políticas. No existe un sólo partido político en el mundo que no se haya dividido en algún momento de su historia. Bolivia, pródiga en este tipo de cosas, ha dado varios ejemplos: el Partido Liberal, que gobernó entre 1900 y 1920, dio luz a los genuinos y a los republicanos. A su vez, del vientre rosado del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) salieron los silistas, los guevaristas y los lechinistas, y por supuesto, los pazestensoristas.
Hoy el MAS vive una crisis de división. Esto pasa por el enorme poder real y simbólico que tiene Morales dentro y fuera del MAS. Durante los casi 14 años en el poder, Morales era la persona que podía decidir quién era o no masista, o quien, no siéndolo debía ser tolerado en el partido. Evo podía cortar la carrera política de quienes lo cuestionaban y quitar del medio a cualquier atisbo de crítica a su dirección. De las determinaciones de este juez inapelable no se salvaba nadie. Por ello sus círculo más cercano, temeroso, hacia todo lo posible para ratificar el poder, adulándolo.
Con todo, parece ser que en esta coyuntura, el gobierno se muestra confuso, errático. Sigue un guion escrito por Morales y se ha vuelto más evista que el propio Evo. Persigue opositores, ningunea los conflictos en las calles, trata de aumentar el centralismo en la decisiones, apaña corruptos como es la caso del gobernador de Potosí y, por si esto fuera poco, acaba de maniobrar en la Asamblea Legislativa Plurinacional para que los futuros altos magistrados vistan una flamante toga azul el día de su posesión. Evo no está en la cumbre del poder, pero su legado sigue vivo y firme. Esto realmente es una paradoja más si se toma en cuenta que la gestión de Arce ha hecho todo lo posible por desprenderse de la imagen de Evo. Es más, el propio expresidente ha señalado que el MAS-IPSP no está en el gobierno.
Pero esto ya no le sirve como condición de gobernabilidad, por el elemental hecho que el evismo tiene como condición sine qua non tener las calles, el parlamento y los recursos económicos. Hoy todo eso es una masa maleable. No tiene las calles, no se sabe hasta qué punto tiene bancada arcista y duda a la hora de hacer política económica. Desde hace rato que el Gobierno de Arce perdió las calles, perdió la bancada evista y perdió los recursos económicos que tanto habían cebado la popularidad de Morales. Hoy no sabe cómo hacer frente a la crisis de confianza del sistema financiero. Corretear librecambistas nos remite a los trágicos años de Hernán Siles Zuazo.
Hubo un tiempo en que el gobierno tenía iniciativa política, un tiempo en que el MAS marcaba horizonte político, hoy ha perdido ese rol. Una vez cumplidos los grandes puntos de su agenda política hoy ofrece más de lo mismo: evismo sin Evo. [P]



