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Medio: Los Tiempos
Fecha de la publicación: jueves 06 de abril de 2023
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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Un sentimiento de pesimismo envuelve al país. El valor que suponía tener estabilidad económica y política, así sea con problemas irresueltos y rasgos tiránicos desde el poder, se está desvaneciendo en la percepción de los bolivianos que ahora sienten que la situación en general, que incluye la economía y la política, va mal y creen que las cosas empeorarán de cara a 2025, la celebración del Bicentenario de la República
Repasemos un instante los resultados de una reciente encuesta de Diagnosis sobre el tema. ¿La situación del país, la situación económica y la situación política están bien o están mal?, preguntó la encuestadora el 25 de marzo en los nueve departamentos. El 46% respondió que la situación en general está mal o más o menos mal, el 23% dijo que es regular y el 31% estima que está bien o más o menos bien.
En el ámbito económico el 57% sostuvo que la situación va mal, el 18% regular y el 26% afirmó que está bien. Y en lo político, el 58% respondió que la situación está mal, el 17% mencionó que va regular y el 24% aseguró que está bien. Cuando se consultó sobre las expectativas para los próximos tres años, el 45% dijo que las cosas empeorarán, el 29% contestó que seguirán igual y el 26% consideró que mejorarán.
La escasez de dólares, la inflación que ya se siente en la economía familiar, el desplome de las reservas internacionales, el fin de las grandes exportaciones de hidrocarburos, el recurrente déficit fiscal, los cuestionamientos al modelo económico de los últimos 17 años, entre otros factores, han terminado de consolidar una sensación de incertidumbre, después de que la constante en las encuestas era la expectativa de que la economía de las familias se mantendría igual o mejoraría en el futuro.
Los sectores productivos de Santa Cruz, agrupados en la Cainco, están convencidos de que “el país siente que la economía no está en su mejor momento” y su nuevo presidente, Jean Pierre Antelo, anotó que “bajo este rumbo en la conducción económica, nos dirigimos peligrosamente a una situación de caos y anarquía… No esperemos que el país se agote por defender un modelo agotado”.
La advertencia empresarial se respalda en informes de organismos internacionales y agencias calificadoras que colocan a la economía boliviana entre las más riesgosas de Sudamérica y, por si fuera poco, el Banco Mundial redujo su previsión de crecimiento del país en 2023 del 3,1 a 2,7% y prevé que la expansión en 2024 y 2025, año del Bicentenario, será del 2,1%.
Desde el Gobierno, se han puesto a defender el denominado modelo económico social, comunitario y productivo con argumentos que suenan poco convincentes y generan dudas sobre el camino correcto. El “milagro económico boliviano”, cuyo autor es el exministro de Economía y actual presidente Luis Arce, está en entredicho.
Y para que no se crea que la crítica es producto de la confabulación imperialista, a través de sus operadores internacionales, y la derecha boliviana, cabe recordar que el propio Morales le dijo al “hermano presidente” que “no estamos tan bien económicamente”, eso supone que ciudadanos, empresarios, políticos, organismos y calificadoras tienen una opinión coincidente y preocupante sobre la economía nacional.
La desmoralización ciudadana es mayor en el terreno político, esencialmente por la agudización de la polarización, la guerra sin límites entre evistas y arcistas, y la falta de una alternativa que cambie el estado de cosas. Nótese que el porcentaje más alto de desánimo está relacionado con la situación política y sus diversas expresiones (evismo, arcismo, oposiciones partidarias, cívicas y ciudadanas).
El no saber hacia dónde va el país ya se ha instalado en buena parte de la sociedad y superarlo no será fácil. Huelga decir que uno de los temas centrales de aquí a la elección de 2025 será el nuevo modelo económico que precisa el país, dentro de un nuevo proyecto estatal que debe ser expresado a su vez por un nuevo liderazgo político nacional.
El MAS no quiere reconocerlo públicamente, pero sabe con claridad que el mentado proceso de cambio, en términos económicos y políticos, ha cumplido su ciclo y que es vital para su proyección plantear un nuevo paradigma que interpele a los bolivianos, que refleje la nueva versión del masismo.
Por años hemos visto al exvicepresidente señalado ahora como enemigo del caudillo enrostrar a la oposición la falta de una visión de país distinta al proyecto estatal del masismo. Hoy, esa crítica cargada de malicia se aplica al MAS que debería estar discutiendo la construcción de un modelo de Estado en lugar del triste espectáculo que ofrece con sus peleas internas.
Con mayor razón, urge que desde los sectores democráticos se trabaje en un nuevo horizonte económico, político y social. Se escucharon interesantes ideas en el evento de la Cainco, el viernes 31 de marzo, y se sabe que hay otros espacios donde se está reflexionando sobre el futuro del país. Paradójicamente el desafío de un nuevo modelo estatal y un nuevo liderazgo político nacional para encarar las grandes tareas de las próximas décadas es ahora para unos y otros.



