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Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: miércoles 05 de abril de 2023
Categoría: Organizaciones Políticas
Subcategoría: Renovación dirigencias
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Como pocas veces en Bolivia, el ambiente preelectoral se azuza varios años antes del acontecimiento electivo. La razón de esta inquietud es, por un lado, el anhelo oficialista de que se prolongue el ciclo de gobierno del MAS y, por el otro, la expectativa de la oposición de que termine esa temporada de gobierno.
En el seno del MAS hay quienes ven con angustia la división interna que se da entre “renovadores”, encabezados por el actual presidente Luis Arce y “conservadores”, liderados por el expresidente Evo Morales. En ese ambiente, resalta la advertencia del exvicepresidente Álvaro García Linera, quien señala como “suicidio electoral” el conflicto en ese partido. Sin embargo, el sentido común y las enseñanzas de la historia parecen indicarnos que la renovación es la única garantía de permanencia en funciones de gobierno de una corriente agotada en sus planes y discursos por realizaciones exitosas unas y pifiadas otras. La renovación del MAS conlleva el riego (no la inevitabilidad) de la división, pero es su única opción.
En realidad, la reacción de García Linera señala más el deseo de perennizar un cierto estilo masista de hacer política, que una preocupación por cambiar las estructuras del país (y menos aún de su propia organización). Curiosamente, el cambio de estructuras ha sido siempre cartel de proclama de toda organización “progresista”. Por ello, es también ese estilo masista de hacer política el que debería modificarse radicalmente para poder sobrevivir.
El éxito del MAS se debió a la utilización terminal de un trabajo político e ideológico en el que estuvo ausente en sus inicios: la emergencia indígena en la política. Esta irrupción se fermentó en los años 60 con el nacimiento del Partido Agrario Nacional, el MITKA y los escritos de Fausto Reinaga y se culminó a inicios del siglo XXI con el activismo del Mallku Felipe Quispe. Fue un fenómeno concentrado en las áreas periurbanas y rurales, caracterizada por su desconfianza y distanciamiento hacia las clases medias en Bolivia, justamente identificadas como beneficiarias de los privilegios y abusos originados en la Colonia.
Álvaro García Linera intentó jugar en el movimiento de Felipe Quispe el rol director hacia los indios que en México le resultó exitoso al Subcomandante Marcos. Cálculo que le sirvió solo para ser confinado en los desvanes del Movimiento Indio Pachakuti. Álvaro vislumbró que en el MAS podía desempeñar ese papel. Su inteligencia le indicó que debía obrar de otra manera.
Los acontecimientos del 2000 y del 2003 elevaron la conciencia, la autoestima y la fuerza política indígena; pero, también resaltó la aprehensión recíproca entre q’aras e indios y su incapacidad para aplicar mecanismos efectivos de conquista del poder político. Estaba, pues, preparado el terreno para un “puente” entre ambos. García Linera se presentó como tal. Claro que para no ser pisoteado en el inevitable tránsito que ocasionaría, sino desempeñar poder y autoridad, debía conceptualizarlo y aplicarlo diferentemente. Para ello, el puente debía ser nexo de realidades caricaturizadas, consistentes solo en imaginarios y contraproducentes en su función social. Explotó la sed de exotismo por lo indio en citadinos y descendientes de criollos, asimilando los mitos culturalistas y posmodernos procedentes de Occidente; al mismo tiempo dio fachada nueva al Estado como patrimonio de los descendientes de los invasores, pero con características más distributivas, paternales y clientelistas. Así, el puente “mandaba” y no era pisoteado.
La funcionalidad García Linerista es cosa del pasado. Esos mitos perjudicaron a indios y no indios.... Ya nadie cree en ellos. Además, asentar esa idea idea requiere arrimarse a un indio con poder, pero sin ideas, para ser así su cerebro. No le interesa el indio en el arroyo, sino el que esté en el poder o tenga oportunidad de llegar a él. Por ello, Álvaro rompió con Evo y este lo entendió bien. ¿Eva Copa, Andrónico Rodríguez o cualquier dirigente indígena emergente necesitará de un García Linera, como lo requirió en su momento Evo Morales?
El MAS precisa, pues, renovarse a fondo si desea ganar las elecciones del 2025... Pero también lo requiere –y quizás aún más– la oposición; tema que tocaremos, si Dios lo quiere, en nuestra próxima columna mensual.
del MAS se debió a la utilización terminal de un trabajo político e ideológico en el que estuvo ausente en sus inicios



