Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: miércoles 05 de abril de 2023
Categoría: Organizaciones Políticas
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Romperlo todo y con todo. Esa parece ser la decisión del expresidente Evo Morales en su pugna por el poder -en el MAS y en el país- que no admite medias tintas.
No deja títere con cabeza y luego de arremeter contra Arce y sus asesores políticos, culpándolos de los problemas económicos, ha terminado echando dardos a su excompañero de Gobierno Álvaro García Linera, a quien dice ver como un enemigo más, para luego sellar con una sentencia: “el MAS no está en el Gobierno”.
Lo que hasta hace unas semanas lucía como una pelea interna con probabilidades de resolverse en una sola candidatura electoral para 2025, parece ser nomás una completa fractura. Con el distanciamiento de Evo y Álvaro, una dupla que se mostró monolítica durante más de una década, el expresidente Morales se va quedando cada vez más aislado de lo que aún se llama MAS-IPSP.
Es cierto que el evismo tiene aún presencia y lucha denodadamente por sacar cabeza en este naufragio de lo que fuera un movimiento que tuvo la unidad como consigna, pero a pesar de las acusaciones y los pataleos de Morales no parece haber señales de que él se quede con toda la torta, como era su intención.
La pelea con Álvaro es, sin embargo, la más sorprendente de las rupturas. “Yo diría en resumen: tengo un enemigo más. Catorce años mi vicepresidente, duele mucho. Será porque soy indígena o será porque soy leal a los principios y valores que nos dejaron los antepasados. Sólo decir gracias, Álvaro”, dijo Evo al finalizar su programa radial dominical Evo, líder de los humildes, por Radio Kawsachun Coca, el domingo pasado.
Todo parece indicar que entre las muchas conspiraciones que se libran en las facciones del MAS se mencionaba que García Linera podría estar asesorando a la administración de Luis Arce; asimismo, incidieron las declaraciones que este hizo en un programa de televisión, donde sugirió que Evo deje gobernar a Lucho y que se dé un acercamiento entre ambos. “No repitamos ese camino que ya conocemos a dónde conduce, pongámosle el freno, siéntense, conversen y definan las reglas (...) Esto que estamos viendo, sin acuerdos, atacándose, genera incertidumbre, nunca antes habíamos generado esto, siempre apostamos por dar certidumbre al pueblo. Ahora estamos ofreciendo pelea, divisiones, enfrentamientos entre nosotros. Hay que salir de esta división y unificar el instrumento. No deberíamos estar dando estos espectáculos que deberían resolverse en casa, no exhibiéndolos en el balcón”, dijo.
Esto bastó para sumar a Álvaro al conjunto de enemigos recalcitrantes de Evo. Este, además achacó discriminación de parte de su excompañero. “Será porque soy indígena o será porque soy leal a los principios y valores que nos dejaron los antepasados. Sólo decir gracias, Álvaro”... Una paradoja, por decir lo menos, si se recuerda que García Linera ha pasado parte de su vida defendiendo la idea de un indígena al mando del país.
De modo que no es un capítulo más de la guerra partidaria que ha tomado por asalto la coyuntura nacional; la reacción de Evo dice mucho de lo que puede ser el destino del MAS y el suyo propio. Primero, porque a pesar de que el bloque arcista muestra aún muchas fisuras e inconsistencias (sin mencionar las denuncias de corrupción y cosas peores), la distancia entre Evo y la actual administración es infranqueable: él es la principal fuerza opositora.
Luego, aunque su impronta en el voto duro del MAS y en ciertos sectores es aún importante, su radicalidad no está haciendo más que distanciarlo de una candidatura que cohesione los fragmentos ahora atomizados del “instrumento político”. ¿Será el Chapare capaz de sostener en solitario el liderazgo de Evo?
Lo cierto es que no se advierten rasgos de consenso ni unificadores en ninguno de los dos bloques en los que el principal partido del país está dividido. Los sectores de clase media ciudadana, las regiones –especialmente Santa Cruz- y algunos otros segmentos, continúan fuera de la pugna encabritada que despliega el MAS en la interna por permanecer en el poder.
Mientras tanto, la crisis económica prepara sus propias batallas.



