Medio: Opinión
Fecha de la publicación: domingo 02 de abril de 2023
Categoría: Organizaciones Políticas
Subcategoría: Democracia interna y divergencias
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Las bolivianas/os ignoramos las razones de la ruptura del expresidente Evo Morales con el exministro de Finanzas y actual presidente Luis Arce Catacora después de largos años de envidiable luna de miel en la que ambos se dedicaron a dilapidar sin pena ni pudor alguno los recursos económicos del Tesoro General del Estado obtenidos a raudales gracias a la cama que dejaron tendida gobiernos despectivamente señalados cómo “neoliberales”.
Cómo ya es característica de la política boliviana, ante la ausencia de una ideología clara que sirva de elemento cohesionador, un grupo político se mantiene unido en tanto y cuanto las expectativas de acceso a cargos públicos, beneficios económicos y, principalmente usufructo de los bienes de Estado se hagan realidad; más cuando la oferta de trabajo fuera del Estado es ínfima. La mayoría de los militantes de una organización política se movilizan y esfuerzan para que su líder llegue al poder y se mantienen fieles mientras se halle asegurado el acceso a los privilegios grandes o pequeños. Pero, cómo el crecimiento de una burocracia inútil y parasitaria, tiene límites y el pastel ya no alcanza para todos/as, los descontentos afloran disfrazados de diferencias ideológicas y programáticas que fatalmente concluyen en la fractura de la organización.
Hoy somos testigos de la aparente división del MAS entre evistas y arcistas expresados en ataques de uno y otro bando. Los evistas cuestionan la gestión de gobierno del que hasta hace poco lo consideraban el gurú de la economía y le acusan de gravísimos hechos de corrupción como el de la Agencia Boliviana de Carreteras (ABC) y Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB). Por su parte, desde el bando arcista, a los evistas se les atribuye afanes desestabilizadores porque la motivación para el resentimiento de estos Morales sería lo que consideran distribución inequitativa de los recursos del Estado, los cargos públicos y los privilegios del poder en los que no les dejan intervenir. Por su parte, los arcistas acusan a exministros de Evo Morales de protección al narcotráfico, de tener responsabilidad en la muerte del Viceministro Illanes en manos de cooperativistas mineros y otros.
Este intercambio de graves acusaciones la población observa estupefacta, no porque no hubiera conocido antes, sino, porque tiene la certeza de que no tendrá consecuencia alguna para ninguno de los bandos; que todo volverá a fojas cero cuando se renueve el pacto de lealtad con la elección de magistrados de altas cortes que les asegurarán a unos y otros dominio sobre la justicia e impunidad de por vida.
¿No hubiera sido mejor para el masismo lavar sus trapos sucios en casa?, pues el asco y el desprecio social por esa tienda política va en aumento.
DE FRENTE
JULIETA MONTAÑO S.
Abogada, feminista, defensora de DDHH
julietamontaño@gmail.com



