Medio: Los Tiempos
Fecha de la publicación: sábado 11 de marzo de 2023
Categoría: Organizaciones Políticas
Subcategoría: Democracia interna y divergencias
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En menos de dos semanas, en Potosí, dos militantes masistas, uno funcionario edil y el otro diputado, fueron objeto de ataques violentos perpetrados por sus copartidarios.
Podría parecer que se trata de hechos aislados, pero el contexto de esas agresiones y la larga serie de sucesos similares protagonizados por masistas, o afines, induce a pensar que la violencia física y verbal, lo mismo que la amenaza de ejercerla, es parte de su identidad partidaria.
Y también de su estrategia política, como pudo constatarse, por ejemplo, el mes de enero en La Paz durante manifestaciones contra la persecución política que fueron interceptadas por “contramarchas” de afines al Gobierno que agredieron a quienes reclamaban por la detención del gobernador cruceño.
No era la primera vez que ciudadanos críticos respecto de las acciones del oficialismo sufrían la agresión de masistas que les impedían, de esa manera, expresar su descontento con el régimen.
Es más, dentro del partido azul existen grupos que parecen competir en su agresividad contra quienes manifiestan de manera pública —en pleno ejercicio de sus derechos— su rechazo a las políticas y acciones del oficialismo.
La violencia masista se ha desbordado desde hace casi un año, al acentuarse la división del MAS entre radicales, los afines a Evo Morales, y renovadores, aquellos que respaldan a Luis Arce y/o David Choquehuanca.
Esa rivalidad motivó la agresión del lunes pasado contra el presidente de la brigada parlamentaria de Potosí —del ala renovadora— en manos de un grupo de personas gente con el rostro cubierto, encabezado por dirigentes masistas del bando afín a Morales.
El otro hecho violento sucedido en ese departamento tuvo lugar 11 días antes en una localidad del municipio de Uncía, cuyo Director de Culturas fue golpeado y obligado a renunciar, en represalia por haber retirado la silla donde Morales pretendía sentarse para asistir a un acto público.
También fueron agredidos miembros de la familia del funcionario edil, al extremo de que su esposa perdió el bebé que estaba gestando.
Ese tampoco es el único hecho de violencia masista con resultados fatales. En mayo del año pasado, en el municipio de Tinguipaya, también en Potosí, un enfrentamiento entre grupos de campesinos, choquehuanquistas contra evistas, terminó con al menos un muerto y cerca de 10 heridos.
La sucesión de hechos violentos de ese tipo no parece estar cerca de su fin, pues la división en el MAS se acentúa sin visos de conciliación.
Y, lo que es más preocupante, sin que los líderes de ese partido condenen abierta y sistemáticamente el recurso a la violencia que perpetran sus seguidores.



