Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: miércoles 18 de enero de 2023
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Democracia representativa
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Y ahora qué? ¿Qué pasa si no sueltan a Camacho? ¿Qué debe hacer la oposición? Estas preguntas están en la mente de muchos bolivianos al vivir el incremento de la persecución política bajo el gobierno de Arce. Podemos encontrar respuestas en la historia de movimientos democráticos, propios y mundiales, así como en las experiencias de persecución política bajo regímenes que son aliados cercanos al de Arce. Algunas de esas respuestas son: Primero, enfocarse en la meta final: democracia. Segundo, trabajar hacia esa meta en unidad. Tercero, buscar aliados en el campo internacional, cuyos oponentes son cercanos al nuestro. Y finalmente actuar, no desde la desesperación, sino desde la convicción y resiliencia.
¿Por qué enfocarse en la meta final de forma repetitiva? Los regímenes autoritarios alimentan la confusión a propósito, porque esto lleva a la población al cansancio, la desconfianza y por último, a la apatía. Es por eso que las dictaduras invierten tanto dinero en noticias falsas. El juego del “desgaste”, que ya conocemos bien, no lo usan sólo para aplacar protestas en calle sino también para cansar psicológicamente a la ciudadanía que quieren controlar. El cansancio mental que muchos sentimos en Bolivia ante tanto abuso y conflicto es un desgaste psicológico que los regímenes buscan intencionalmente. Nuestros discursos y nuestras acciones como resistencia democrática deben ser impermeables a esto. La meta debe ser clara, sin lugar a confusión, y por eso debemos repetirla constantemente: Libertad para los presos políticos y justicia independiente. Protección del medio ambiente. Democracia plena.
Segundo: Ante la tiranía, unidad. Cuando Gandhi preparaba a sus seguidores en la India para las protestas que les darían la independencia del imperio inglés (1921), exigió a quienes deseaban participar: “Debemos dejar de alimentar las diferencias entre hindúes y musulmanes, debemos dejar de sospechar los motivos del otro, debemos ser incapaces de atacarnos entre nosotros mismos”. Es un hecho comprobado por cientos de casos en el siglo pasado que la unidad es un principio necesario para el éxito de las luchas pro-democracia. En contraste, las divisiones regionales en nuestro país han sido utilizadas por este gobierno para alimentar su narrativa y tomar el poder. No podemos darnos el lujo de arrastrar esas divisiones a la lucha hoy, cuando ya vimos lo que causó en las últimas elecciones. No podemos darnos el lujo de discriminarnos entre collas y cambas cuando el futuro de nuestra libertad y democracia va a ser, inevitablemente, el mismo. Debemos reconocer y sanar estas divisiones, y trabajar en una unión real y constante, demostrándola en calle cuando corresponda. Debemos unirnos aunque eso requiera una humildad frente al otro a la que no estamos acostumbrados, pero es mejor ejercer la humildad por voluntad propia hoy, que hacerlo luego con arrepentimiento y entre rejas.
Nuestra unidad puede cruzar fronteras: La ciudadanía Cubana, Venezolana y Nicaragüense conocen la crisis de persecución política que vivimos en carne propia. Se sabe que los patrones de represión empleados en Bolivia son los mismos que se han usado en estos países. Debería ser natural, entonces, que creemos unidad con ellos. Bolivia está sufriendo un descenso hacia un estado dictatorial que el resto del continente no está escuchando, y ante esta sordera internacional necesitamos aliados que nos visibilicen. Debemos aprender de sus experiencias y coordinar acciones con ellos, incluso apoyando sus propias luchas. Debemos rechazar que el régimen de Arce, a nombre nuestro, continúe dando su apoyo a estas dictaduras. En resumen: Debemos entender que nuestra lucha no es sólo local sino también internacional.
Si nos enfocamos en la meta final y lo hacemos en unidad tanto nacional e internacional, ya tendremos lo básico resuelto. A esto aumento que debemos corregir algo más: El pesimismo respecto al futuro en el que muchos han caído. Ya en el 2023, es tiempo de aceptar que la batalla por la democracia que iniciamos el 2016 (otros antes) es una batalla que va a durar hasta que esa democracia plena se materialice en Bolivia, porque así lo necesita la historia. Que no la hayamos logrado el 2020, o en 3 años, o la semana después del arresto de Camacho, no quiere decir que se terminó, quiere decir que continúa y tenemos la oportunidad de ser partícipes en ella. Nosotros decidimos si seremos víctimas, o si seguiremos exigiendo: Libertad, libertad, libertad.
mental que muchos sentimos en Bolivia ante tanto abuso y conflicto es un desgaste psicológico que los regímenes buscan.



