No es momento de candidaturas, es momento de que los dirigentes piensen en calidad de estadistas, dejen de lado los intereses personales o de grupo y luchen por el “bien común” para la población y el país; es momento de elaborar los documentos, reglas básicas y criterios de relacionamiento y trabajo conjunto; de tejer una sólida red organizativa y de elaborar, participativamente, la propuesta política básica que sea la argamasa de la unidad expresada en una convergencia democrática.
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Estamos viviendo en un mundo bizarro. En las historietas resultaba divertido, pero en la realidad cotidiana colectiva, es una pesadilla.
Carlos Romero, el ministro de Gobierno durante casi la totalidad de los 14 años de la presidencia de Evo Morales hace públicas severas denuncias (corrupción, narcotráfico y protección al narcotráfico) contra funcionarios del actual Gobierno. Afirma que tales denuncias las hace a título personal y que cuenta con abundantes y fehacientes pruebas. Lo extraño y paradójico es que muchas de tales pruebas las tiene desde el tiempo en que él mismo ejercía el cargo de ministro, pero como entonces los delincuentes eran funcionales a su gobierno, “los ojitos de guapurú” se mantuvieron prudentemente cerrados.
Un diputado masistaevista denuncia “masacre blanca” de funcionarios públicos afines a su sector y cuando es indagado acerca de los despidos masivos de supuestos “pititas”, que se produjeron al inicio de la gestión, responde con pasmosa naturalidad: “Bueno, es lógico que toda autoridad quiera trabajar con gente de su confianza... pero no tanto”. Se quita la máscara ¿o no? En la realidad nadie (probablemente ni él mismo) es capaz de reconocer su verdadera faz. Quizás no exista. Lo cierto es que la inseguridad laboral ha sido una constante en nuestro país. Pero nunca a tal extremo, ni reivindicada como un “derecho personal de la autoridad”. Lo que llama, además, poderosamente la atención, es que tales palabras salen de la bocade un Honorable Diputado, representante de una organización política supuestamente revolucionaria, que formula las leyes que nos gobiernan, que se arroga la defensa del Pueblo, de los desposeídos, de los trabajadores... Si desconoce los derechos del funcionario del Estado. Si reivindica el despido masivo como un derecho de la autoridad, ¿“con qué cara” podría defender los derechos de los empleados de entidades privadas?
Imágenes captadas por una cámara pública de seguridad: un policía antidisturbios desconecta el tubo de gasolina de una motocicleta, la lleva hasta una fogata y la recuesta sobre las llamas. ¿Un delincuente común disfrazado de policía? ¡Imposible! El delincuente común se lleva la motocicleta. Sin duda es un policía con uniforme (no con disfraz) actuando como un delincuente nada común, protegido (no disfrazado) por el uniforme. Probablemente cumpliendo órdenes o como funcionario público con iniciativa privada. No para proteger a la población, de la violencia y el desorden, sino, para sembrar el caos y culpar de ello, a la población.
Podría seguir indefinidamente describiendo paradojas que, lamentablemente o trágicamente, se van constituyendo en lógicas de la vida cotidiana de los bolivianos. Estamos viviendo en un mundo bizarro. A propósito, quienes cuenten con más de 65 años de edad, probablemente recuerden al “bizarro” como un personaje de las historietas de Superman. Un antagonista del héroe, con similares poderes, pero orientados hacia el mal. En las historietas resultaba divertido, pero en la realidad cotidiana colectiva, es una pesadilla. No podemos, no queremos, no merecemos seguir viviendo así. Para despertar y confinar al olvido definitivamente este mal sueño, es indispensable analizar e identificar el origen, la razón de esta sinrazón.
Se dice que el poder corrompe. Estoy seguro que el poder, más si este es total y por tiempo indefinido y en la mente de una persona ignorante, es causal de pérdida de la razón. El primer síntoma que yo advertí de este síndrome, fue en ocasión del famoso “rodillazo”, luego el leitmotiv de “hay que meterle nomás”, las “cholitas quinceañeritas” y la interminable cadena de lo que en los niños se festeja como travesuras, pero que, en los adultos, más cuando se trata del Presidente del Estado, constituyen muestras evidentes de pérdida del contacto con la realidad. Luego el desconocimiento de los propios compromisos públicos: “Si pierdo en el referéndum me retiro a mi chacra...” Si una persona no toma en serio sus propias palabras y sus compromisos, obviamente las leyes se reducen a “papel higiénico”. En pocas palabras: esa persona no está en sus cabales. Sin lugar a dudas, aunque a muchos les duela, debemos, todos, reconocer que estamos ante un caso de pérdida de la razón por exceso de poder.
Aunque los trastornos mentales y/o del comportamiento se encuentran entre las Enfermedades Crónicas No Transmisibles (ECNT), la realidad nos obliga a aceptar que los desequilibrios psicológicos y emocionales se transmiten a mayor velocidad que la luz. Tal es así que ahora todo el entorno presidencial y palaciego adolece del mismo mal: Angurria de Poder.
Esa es la razón de la sinrazón
En tal contexto, donde los poderosos y los aspirantes al Poder son los enfermos, los pacientes impacientes, quienes sufrimos las consecuencias somos todos los 11 millones de bolivianos. Lamentablemente en estas condiciones y con todo el dolor de mi corazón debo sumarme al sensato criterio del Dr. Jerjes Justiniano, un cruceño notable, y pedir a los valerosos hermanos cruceños, la suspensión inmediata de su sacrificio. No vamos a obtener absolutamente nada a favor y sí vamos a perder mucho. El tiempo, la paciencia, la energía para el trabajo y los recursos materiales que tanto han costado a quienes no se llenan las bocas con palabras vacías. Elementos indispensables para construir el instrumento político electoral que nos permita desterrar de una vez y para siemprela sinrazón, la demagogia y el racismo(camuflado detrás de un indigenismo mitológico).
Como tareas inmediatas tenemos las de recuperar la tradicional pujanza en el trabajo de todos los bolivianos en general y de los cruceños (nacidos y no nacidos en Santa Cruz) en particular. Construir las herramientas que nos permitan, en primer lugar, hacer un censo científicamente válido. En segundo lugar, una que nos permita desbaratar el fraude electoral y en tercer lugar un instrumento político y una propuesta electoral que nos permita representar el interés de toda la población reunida en los cabildos y con liderazgos regionales legítimos y un liderazgo nacional unificador.
Las tareas no son fáciles, pero se facilitan con los recursos de la inteligencia, la transparencia y la honestidad. Construyamos la unidad respetando y conservando la diversidad. El 2019 estuvimos cerca, pero el 2020 la falta de experiencia y los apetitos personales destruyeron la fuerza y unidad de “las pititas”.
No volverá a suceder.
“Pedir a los valerosos hermanos cruceños la suspensión inmediata de su sacrificio. No vamos a obtener absolutamente nada a favor y sí vamos a perder mucho”.