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El estado plurinacional de Luis Arce - GABRIEL VILLALBA P.

Medio: La Razón

Fecha de la publicación: domingo 01 de enero de 2023

Categoría: Organizaciones Políticas

Subcategoría: Otros

Dirección Web: Visitar Sitio Web

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En la construcción ideal de fortalecimiento político del MAS se debiera fomentar una verdadera formación amparada por los valores y principios del Estatuto Orgánico, pero sumando el fomento a la intelectualidad orgánica. Partiendo del principio de que no le sirve para nada al Estado ni a una organización política en ejercicio de gobierno técnicos con nula capacidad de análisis político de las situaciones cotidianas. Como tampoco sirve un político ortodoxo sin ningún tipo de formación ni técnica ni profesional, ya que ese perfil no podrá combinar su conocimiento con soluciones prácticas, técnicas o profesionales; se quedará corto en elucubraciones estrictamente subjetivas.


Contenido


 / 1 de enero de 2023 / 06:10

En el MAS hay la visión tecnócrata versus la visión orgánica de funcionamiento del Instrumento.

DIBUJO LIBRE

Culmina 2022, entrando al tercer año de mandato constitucional de Luis Arce Catacora, propiciado por la enorme gesta electoral que el 18 de octubre de 2020 le dio la victoria en las urnas al anti partido político MAS-IPSP (Movimiento Al Socialismo-Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos). Desde aquella fecha, marcada por la tragedia de los nefastos 11 meses del desgobierno de Jeanine Áñez, las masacres de Sacaba, Senkata, los más de 50 hechos de corrupción (el más emblemático, el sobreprecio en la adquisición de respiradores en plena pandemia), la inestabilidad política en el país sigue vigente, aunque con diferentes matices y actores.

La burocracia pseudotecnócrata le ganó la pulseta del control hegemónico del Estado a las organizaciones sociales. La prueba más fehaciente es la perpetuidad del gabinete ministerial, siendo éste tan criticado e incluso repudiado por la Dirección Nacional del MAS-IPSP, a través de diversas resoluciones orgánicas que piden el alejamiento de al menos tres ministros; siendo los más cuestionados el de Gobierno y Justicia, que hoy por hoy son como objetos inamovibles contra una fuerza imparable (todas las determinaciones orgánicas del MAS-IPSP y los múltiples reclamos de la ciudadanía en general, ante la inacción contra los operadores directos e indirectos del golpe de Estado de noviembre de 2019).

Sin embargo, el MAS-IPSP sigue moviendo los hilos de la política en el país. Lo que se haga o deje de hacer al interior de esta fuerza repercute en todo el panorama político nacional. Por eso también se crean narrativas que mezclan algunos grados de verdad con suposiciones y deseos de propios y extraños.

Una de estas narrativas es el relato de radicales versus renovadores; otro, evistas versus arcistas; jóvenes versus viejos; exautoridades versus nuevas, entre muchas otras dicotomías. Si bien el MASIPSP transcurre un proceso de reafirmación con tensiones variadas, no se encuentra para nada dividido, como quisieran algunos. Prueba de esta indivisibilidad del MAS son sus múltiples concentraciones de los últimos años: Marcha por la democracia, Marcha por la patria y las multitudinarias concentraciones por sus 16 y 17 años, respectivamente.

Más allá de los anhelos de división en el MAS por parte de algunos actores y figuras políticas, existe una diferencia de forma y fondo en la concepción del Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos por parte de sus propias figuras principales y acólitos.

Por un lado, una visión funcionalista de un sistema burocrático que intenta ser perfecto, concebido desde lógicas tecnócratas que abogan por la preeminencia de supuestos técnicos en la administración del Estado como una máquina de resolver problemas y solicitudes administrativas burocráticas. Técnicos intentando ser políticos, con todas sus limitaciones en la interpretación de la realidad social compleja y dinámica de nuestro país. Esa es la forma de entender al MAS como un partido político solamente, por eso la reminiscencia a ciertas formas de organización de antaño como el Partido Socialista 1, por ejemplo.

La otra forma de entender al MAS-IPSP, contrapuesta con la primera, se basa en la recomposición de las organizaciones sociales y las lógicas orgánicas, el entendimiento de la forma Instrumento Político, que es a la vez la antítesis de todo partido.

Ambas formas de ver y hacer política son las que al interior del propio MAS se encuentran en tensiones, que no son de fondo sino de forma. La visión tecnócrata versus la visión orgánica de funcionamiento de un Instrumento sumamente complejo por lo plural.

En la construcción ideal de fortalecimiento político del MAS se debiera fomentar una verdadera formación amparada por los valores y principios del Estatuto Orgánico, pero sumando el fomento a la intelectualidad orgánica. Partiendo del principio de que no le sirve para nada al Estado ni a una organización política en ejercicio de gobierno técnicos con nula capacidad de análisis político de las situaciones cotidianas. Como tampoco sirve un político ortodoxo sin ningún tipo de formación ni técnica ni profesional, ya que ese perfil no podrá combinar su conocimiento con soluciones prácticas, técnicas o profesionales; se quedará corto en elucubraciones estrictamente subjetivas.

El deber ser del nuevo perfil del militante ideal del MAS-IPSP debiera ser sin lugar a dudas un intelectual orgánico. Político + profesional y/o técnico. No solamente político, ni solamente “técnico”. Para ello aún falta una profunda reflexión con madurez y capacidad de autocrítica que a la vez sepa resolver los requerimientos de la estructura orgánica y engranarla con el Estado. De momento, organizaciones sociales y sus determinaciones así como sus anhelos parecen estar separadas del funcionamiento estatal.

El Estado se concibe desde la sociedad civil como una estructura estrictamente burocrática e impersonal, que se aleja a la vez del sentido comunitario plural y de las demandas de justicia por las masacres de Sacaba, Senkata y todas las violaciones sistemáticas a los derechos humanos del régimen de Áñez; apenas se detuvieron a dos implicados directos de los más de 15 actores involucrados. Tampoco se realizaron acciones concretas para desarticular los grupos fascistas violentos como la Unión Juvenil Cruceñista, a pesar de las recomendaciones del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes, GIEI.