Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: viernes 16 de diciembre de 2022
Categoría: Procesos electorales
Subcategoría: Elecciones nacionales
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Con al menos siete muertos y más de dos centenares de heridos en medio de una convulsión social protagonizada por sectores que apoyan a un político golpista acusado de corrupción, Perú atraviesa una de sus peores crisis políticas. Y llaman la atención las coincidencias con lo que ocurrió en Bolivia durante la crisis de 2019.
Ese año, Evo Morales renunció a la Presidencia después de una crisis que se originó por su atropello a la Constitución Política del Estado en su afán de lograr una reelección indefinida. En el vecino país, el desborde social comenzó también cuando Castillo pasó por alto la Constitución y anunció la disolución del Parlamento en su intento de instaurar un “gobierno de excepción”.
El ahora expresidente peruano ejercitó un “autogolpe” que fue contenido por el Legislativo, las Fuerzas Armadas y la Policía, mientras que en Bolivia se practicó un fraude electoral que fue detectado por organismos internacionales. En ambos casos, el objetivo era el mismo: sostenerse en el poder, pese a todo.
Morales renunció al igual que el resto de sus colaboradores mientras Castillo fue destituido por “incapacidad moral”, pero luego ambos se declararon víctimas de golpes de Estado, con discursos que echaron la culpa al imperio, a la derecha, a las oligarquías, a la oposición y a todos quienes no estuvieran de acuerdo con sus argumentos.
“Se ha iniciado la ejecución de una nueva modalidad de golpe de Estado en el Perú, un golpe de Estado con libretos creados utilizando al Ministerio Público políticamente y hacer creer al país de que mi persona lidera una red criminal”, argumentó Castillo.
“Ha habido un golpe cívico, político y policial”, denunció Morales el mismo día de su renuncia y con el tiempo incluyó en la lista de “golpistas” a Estados Unidos, a la Organización de Estados Americanos, a la Unión Europea, a las Fuerzas Armadas y a la Iglesia Católica.
Tras renunciar, el expresidente boliviano huyó del país en un avión enviado por el gobierno de México, mientras varios de sus colaboradores se refugiaron en la embajada de ese país en La Paz. En Perú, Castillo fue aprehendido cuando intentaba llegar justamente a la Embajada de México en busca de asilo, según lo confirmó el propio presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador.
“Busqué a Marcelo Ebrard y le informé y le dije que hablara con el Embajador y que se abriera la puerta de la Embajada, con apego a nuestra tradición de asilo, pero al poco tiempo tomaron la Embajada”, contó durante una conferencia de prensa, en la que además se aventuró a conjeturar que posiblemente la Policía había interceptado el teléfono a Castillo de camino hacia la sede diplomática.
En 2019, tras la renuncia y fuga de Morales, las bases radicales del MAS se movilizaron con violencia reclamando su retorno y causaron zozobra en La Paz y El Alto, donde atacaron instalaciones privadas e intentaron tomar la planta de Senkata, mientras que en Perú atacaron también instalaciones privadas y uno de los aeropuertos más importantes de ese país.
En Bolivia se movilizaron con palos y armas en mano gritando la consigna “¡Ahora sí, guerra civil!, ¡Ahora sí, guerra civil!” mientras que en Perú salieron a las calles con la misma consiga, aunque con letra cambiada: “¡Insurgencia nacional! ¡Insurgencia nacional!”.
En 2019 se detectó la presencia de extranjeros alentando las protestas en favor de Morales, entre ellos el exmiembro de las FARC Facundo Molares, además del peruano Óscar Martín Serna, involucrado en el secuestro del empresario Samuel Doria Medina en 1995.
Ahora, en las revueltas que se presentan en Perú, el jefe de la Dirección Contra el Terrorismo (Dircote) Óscar Arriola, estableció que el Movimiento por la Amnistía y Derechos Fundamentales (Movadef), brazo legal de la organización terrorista Sendero Luminoso, “tiene una actividad incesante en las marchas”.
Con tantas “coincidencias”, sólo resta saber cuándo se presentarán los libros y las películas contando el “golpe” que sufrió Castillo. Lo que si queda claro es que el libreto está construido por la izquierda bolivariana en la región, que opera desde la Habana y Caracas.
En Bolivia se movilizaron gritando la consigna “¡Ahora sí, guerra civil!”, mientras que en Perú sólo cambiaron la letra.Sólo resta saber cuándo se presentarán los libros y las películas contando el “golpe” que sufrió Pedro Castillo en Perú.
Con al menos siete muertos y más de dos centenares de heridos en medio de una convulsión social protagonizada por sectores que apoyan a un político golpista acusado de corrupción, Perú atraviesa una de sus peores crisis políticas. Y llaman la atención las coincidencias con lo que ocurrió en Bolivia durante la crisis de 2019.
Ese año, Evo Morales renunció a la Presidencia después de una crisis que se originó por su atropello a la Constitución Política del Estado en su afán de lograr una reelección indefinida. En el vecino país, el desborde social comenzó también cuando Castillo pasó por alto la Constitución y anunció la disolución del Parlamento en su intento de instaurar un “gobierno de excepción”.
El ahora expresidente peruano ejercitó un “autogolpe” que fue contenido por el Legislativo, las Fuerzas Armadas y la Policía, mientras que en Bolivia se practicó un fraude electoral que fue detectado por organismos internacionales. En ambos casos, el objetivo era el mismo: sostenerse en el poder, pese a todo.
Morales renunció al igual que el resto de sus colaboradores mientras Castillo fue destituido por “incapacidad moral”, pero luego ambos se declararon víctimas de golpes de Estado, con discursos que echaron la culpa al imperio, a la derecha, a las oligarquías, a la oposición y a todos quienes no estuvieran de acuerdo con sus argumentos.
“Se ha iniciado la ejecución de una nueva modalidad de golpe de Estado en el Perú, un golpe de Estado con libretos creados utilizando al Ministerio Público políticamente y hacer creer al país de que mi persona lidera una red criminal”, argumentó Castillo.
“Ha habido un golpe cívico, político y policial”, denunció Morales el mismo día de su renuncia y con el tiempo incluyó en la lista de “golpistas” a Estados Unidos, a la Organización de Estados Americanos, a la Unión Europea, a las Fuerzas Armadas y a la Iglesia Católica.
Tras renunciar, el expresidente boliviano huyó del país en un avión enviado por el gobierno de México, mientras varios de sus colaboradores se refugiaron en la embajada de ese país en La Paz. En Perú, Castillo fue aprehendido cuando intentaba llegar justamente a la Embajada de México en busca de asilo, según lo confirmó el propio presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador.
“Busqué a Marcelo Ebrard y le informé y le dije que hablara con el Embajador y que se abriera la puerta de la Embajada, con apego a nuestra tradición de asilo, pero al poco tiempo tomaron la Embajada”, contó durante una conferencia de prensa, en la que además se aventuró a conjeturar que posiblemente la Policía había interceptado el teléfono a Castillo de camino hacia la sede diplomática.
En 2019, tras la renuncia y fuga de Morales, las bases radicales del MAS se movilizaron con violencia reclamando su retorno y causaron zozobra en La Paz y El Alto, donde atacaron instalaciones privadas e intentaron tomar la planta de Senkata, mientras que en Perú atacaron también instalaciones privadas y uno de los aeropuertos más importantes de ese país.
En Bolivia se movilizaron con palos y armas en mano gritando la consigna “¡Ahora sí, guerra civil!, ¡Ahora sí, guerra civil!” mientras que en Perú salieron a las calles con la misma consiga, aunque con letra cambiada: “¡Insurgencia nacional! ¡Insurgencia nacional!”.
En 2019 se detectó la presencia de extranjeros alentando las protestas en favor de Morales, entre ellos el exmiembro de las FARC Facundo Molares, además del peruano Óscar Martín Serna, involucrado en el secuestro del empresario Samuel Doria Medina en 1995.
Ahora, en las revueltas que se presentan en Perú, el jefe de la Dirección Contra el Terrorismo (Dircote) Óscar Arriola, estableció que el Movimiento por la Amnistía y Derechos Fundamentales (Movadef), brazo legal de la organización terrorista Sendero Luminoso, “tiene una actividad incesante en las marchas”.
Con tantas “coincidencias”, sólo resta saber cuándo se presentarán los libros y las películas contando el “golpe” que sufrió Castillo. Lo que si queda claro es que el libreto está construido por la izquierda bolivariana en la región, que opera desde la Habana y Caracas.



