Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: domingo 04 de diciembre de 2022
Categoría: Órganos del poder público
Subcategoría: Órgano Ejecutivo
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¿Es o no es traidor Luis Arce? ¿Durará o no en el cargo? ¿Acabará su gestión? Son preguntas que surgen, pues se sabe que el ala dura es capaz de todo por hacerse con el poder, dice el autor.
Meses antes de las elecciones de 2020, cuando el MAS no sabía aún quiénes conformarían su binomio, el exministro y exgobernador Félix Patzi fue entrevistado por una radioemisora y le consultaron sobre el tema: ¿sería Andrónico o Choquehuanca el candidato? Ninguno, respondió él sin asomo de duda, va a ser Arce.
Debo reconocer que, en ese momento, pensé que don Félix estaba hablando por hablar, ya que, de acuerdo a lo que se seguía por los medios, el MAS solo tenía esas dos opciones, la de Andrónico, dependiente directamente de Evo Morales, y la de Choquehuanca, que encabezaba el bloque renovador. Y de repente, el día que se debía decidir quién sería el candidato, Evo impuso a Luis Arce, para sorpresa de todos.
Don Félix, en aquella entrevista, había argumentado su pronóstico; dijo que Andrónico o Choquehuanca podían hacerle sombra a Evo y desplazarlo del liderazgo del partido, por lo que Evo buscaría un candidato que no tuviese posibilidades de ganar la elección. Claro que tanto Patzi como Morales se equivocaron en algo: Luchito sí ganó, y por buen margen. A Evo le salió el tiro por la culata y a Patzi le valió huato, total, sí acertó en el candidato títere y “perdedor”.
¿Por qué Evo querría que su partido perdiese la elección? Un cálculo político maquiavélico, ya que él no podía candidatear en 2020, pero sí en la siguiente elección, que, sospecho, el líder cocalero no estaba dispuesto a permitir que demorara 5 años en realizarse. Bloqueos, enfrentamientos, violencia... todo el repertorio masista habría sido puesto a disposición de los caprichos de Evo para desestabilizara a quienquiera que hubiese estado en la presidencia y así adelantar comicios. Todo arreglado, tras vacacionar un par de años, Evito volvía al ruedo como candidato legal.
Pero su partido ganó, contra todo pronóstico (basta con recordar los fríos festejos del domingo de la elección, es que ni ellos mismo se la creían), y Evo quedó en off side. Imposible atentar contra un gobierno del MAS, imposible querer destruir al presidente que él mismo había “impuesto”, de modo que no le quedaría más que tener paciencia y esperar hasta 2025 para reclamar lo que él considera suyo por derecho (hasta en su carnet figuraba como presidente profesional; ¿seguirá estando así?). O así al menos se podría suponer apelando al sentido común y un mínimo principio de ética, lealtad y compromiso político. Pero estoy hablando de Evo Morales, no hay por qué ser tan exigentes. El hombre carece de todo ello, pero le sobra picardía y angurria.
Han pasado dos años de la gestión de Arce y su principal saboteador es el jefe de su partido. Es que el “títere” se cansó de serlo, se liberó de las cuerdas y comenzó a moverse con libertad, con toda la libertad que impulsa la ambición de quedarse en el poder hasta 2030, por qué no, si al final de cuenta, fue Lucho quien ganó la elección haciendo una buena campaña, sin contar con la confianza del jefazo ni el respaldo de muchos sectores del ala dura. Él mismo sabe que lo subestimaron, que lo condenaron de antemano al fracaso, y ahora tiene la oportunidad de demostrarles quién es el papá.
Aparte de Morales, hay ciertos demiurgos en la cúpula masista, esos que inventaron el mito mesiánico de Evo, que no se siente para nada contentos con Luchito, ya que han perdido a la gallina de los huevos de oro, o más bien, su gallina ya no los está poniendo. Así, Quintana y compañía se inventan conspiraciones, lanzan advertencias, muestran toda su miseria y mezquindad, incapaces de aceptar que ya no son parte del poder.
Según supimos por la prensa, parlamentarios del MAS, del ala evista, arremetieron el pasado miércoles contra el presidente Luis Arce; uno le dijo que no acabará bien su gestión por arrogante, tozudo y soberbio, y otro lo acusó de traicionar los principios ideológicos del partido azul al pactar con la derecha la Ley del Censo.
Héctor Arce, conocido diputado evista, se mandó una de sus conocidas bravatas y –pese a que negó que el ala radical busque dar un golpe al actual gobierno– llamó traidores a sus colegas renovadores. Acotó que en el tema del censo (donde el ala evista del legislativo quedó mal parada) no hay perdedores, “lo que aquí hay es traidores, esos traidores son los renovadores del MAS, que a la cabeza de David Choquehuanca, han pervertido, han traficado con nuestra organización política”. Y simulando decencia optó por darle a Lucho el beneficio de la duda, aunque dejó fluir su yo finalmente: “No puedo afirmar en este momento aún si el hermano Lucho es traidor o no, lo que sí se es que el hermano Lucho ha traicionado los principios ideológicos del MAS al aliarse con la derecha”.
¿Es o no es traidor? ¿Durará o no en el cargo? ¿Acabará su gestión completa? Son preguntas que surgen naturalmente, pues sabemos que el ala dura es capaz de todo por hacerse con el poder. Y no es que Lucho sea santo de mi devoción, porque proviene del mismo tronco, pero creo que, en democracia, hay que respetar la decisión del pueblo expresada en las urnas. No obstante, el ala evista del MAS es conocida por su desprecio hacia las formas democráticas de gobierno.
De hecho, mediante retorcidos entramados intelectuales y retóricos, pretendían convencernos de que las sandeces que cometieron, especialmente después del referéndum del 21F, correspondían a un tipo de democracia que la vulgar clase media estaba lejos de entender. Recuerdo incluso que el aristócrata García Linera hablaba con un desprecio y rencor inusitados contra los “clasemedieros”, culpándonos de todos los males de la nación.
Bueno, pues son esos mismos personajes los que están articulando escenarios de violencia en el país, ya que no les conviene que Arce crezca y se le ocurra candidatear en 2025, perjudicando así a su jefazo y, principalmente, a ellos mismo, pues sabemos que ellos sin Evo no son nada, y también que Evo, sin ellos, no habría pasado de diputado. Es un grupo compacto, unido por ambiciones y complicidades.
Pero creo que están subestimando una vez más a Luchito, ya que se olvidan que el hombre estuvo largos años en el gabinete del jefazo, aprendiendo todas las mañas y artimañas del masismo duro, de modo que, una vez más, los evistas pueden salir trasquilados y tomar de su propia medicina.



