Medio: El Diario
Fecha de la publicación: viernes 18 de noviembre de 2022
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Democracia representativa
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Cuando en noviembre de 1964 llega a su fin el régimen de la Revolución Nacional del MNR, el presidente Víctor Paz Estenssoro manifestó en una reunión con obreros en Palacio de gobierno que, si se producía el golpe restaurador, “Bolivia pasaría una larga etapa de aguda crisis”.
Veinte años después, la crisis llegó a extremos increíbles. Entonces, Paz Estenssoro afirmó “Bolivia se nos muere” y con medidas económicas oportunas evitó el naufragio.
Al presente, la historia se repite, con agravantes y se puede decir “Están matando a Bolivia”. El país está en llamas, la unidad nacional resquebrajada, la nave del Estado a la deriva. La crisis presente, ya fue denunciada hace años.
Esa crisis ya era ostensible antes de la insurrección popular de noviembre de 2019, buscando la solución del malestar y deficiente orden de cosas y vino el gobierno provisorio, que en vez de arreglar los problemas los agudizó y creó otros nuevos y peores.
Como el país había sido conducido a un callejón sin salida, la situación pasada volvió a su cauce, pero la restauración del “proceso de cambio”, que nada cambiaba, se produjo sin dificultades, con la esperanza de que la crisis heredada sea solucionada y se cumplan las promesas de orden, tranquilidad y trabajo. Pero todo fue inútil. En vez de acabar con el desorden, el nuevo gobierno también agravó la situación y en esa forma, el país cayó sucesivamente, una vez tras otra, a la corriente de nuevas crisis, hasta llegar a la situación actual.
Al presente, Bolivia está al borde del abismo. Ha retrocedido a vísperas de noviembre de 2019, o a algo aún peor. La restauración del populismo nada solucionó en más de dos años y tampoco se ve salida a la crisis y el país está entre la espada y la pared.
Se dice corrientemente que “Bolivia no tiene solución”. Eso es falso. Bolivia tiene solución, como la tuvo en otras oportunidades, aún no es tarde. Es preciso considerar que la ideología populista de inspiración en estudiantes de economía y demagogos terroristas ha llegado a su fin y hay que retornar a la normalidad nacional y democrática. El populismo desintegra las naciones, carece de principios, de moralidad, de ética y estética. Conduce inevitablemente al caos y la pulverización de todo lo que encuentra en sus manos, como Circe en la mitología griega.



