Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: martes 25 de octubre de 2022
Categoría: Órganos del poder público
Subcategoría: Órgano Ejecutivo
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Dice Fernando Savater que el problema no es el político demagogo, sino la gente que lo elige. Y bueno, tendríamos los bolivianos que asumir nuestra parte de responsabilidad en lo que estamos viendo y viviendo en el país –una vez más–, y ojalá aprender algunas lecciones.
Mientras eso toma su tiempo, hay que convivir a diario con la política carroñera e ineficiente. Es algo de lo que en estos días podemos dar evidencia. Veamos.
Como se dice, es mejor pelear hasta las últimas consecuencias que verse derrotado por un acuerdo –así sea sensato o conveniente al país–, y acá estamos con un país que posterga la atención de todas sus necesidades para enfrascarse en una pugna sin cuartel y con malos pronósticos, pero con excelente rédito político para ambas partes. ¿Alguien duda de la victoria que supone este conflicto para el MAS, que hasta ha logrado unir a Evo y Luis Arce para enfrentarse a “la derecha”; o que la mala hora de la gestión del gobernador Luis Fernando Camacho en Santa Cruz haya sido superada con la popularidad de la que goza en este nuevo paro?
En ese orden, todo se somete al filtro de la pugna por la victoria –así sea instantánea– y la imposición de su propia narrativa. Un claro ejemplo es la forma en que se está manipulando la muerte de una persona en los bloqueos que acarrea el paro cruceño. Se trata de la primera víctima de la discordia, pero pocos lo ven así y cada quien, por el contrario, busca sacar provecho de la lamentable consecuencia de sus actos.
Este sábado, a horas de iniciarse la medida de protesta en Santa Cruz, se registró la muerte de un hombre durante los enfrentamientos entre quienes acatan el paro (los cívicos) y quienes desbloquean en Puerto Quijarro (grupos de choque). Se trata de Julio Pablo Taborga, trabajador municipal, quien presuntamente habría salido a desbloquear por orden del alcalde de Puerto Quijarro.
Lo cierto es que la muerte de Taborga ha causado más riñas que consternación, lo que ya describe el nivel de la discusión y la polarización que estamos viviendo. Ni siquiera se ha realizado una investigación seria y confiable sobre las circunstancias de su deceso, puesto que unos dicen que fue golpeado, incluso apaleado, hasta causarle la muerte; y otros hablan de que se habría broncoaspirado producto de los gases lacrimógenos que se dispararon para reprimir los enfrentamientos y por haber tenido una enfermedad de base.
Nadie ha dado cuenta de estos detalles tan importantes para establecer responsabilidades, pues ambos bandos buscan sacar provecho de esa muerte –sí, así de duro– y usarla en contra del adversario para sumarse un punto a favor.
La justicia, como es de esperar, no da la talla, y lejos de aportar con rigor en el esclarecimiento de los hechos, cumple la desdichada función de hacerse funcional a quien la presiona más fuerte –en este caso el Ministerio de Gobierno–. Así, ya se ha ordenado la aprehensión de dos líderes cívicos, a quienes se los ha privado de todo derecho y sobre quienes no se sabe a ciencia cierta qué delitos pesan, pero que ya están encerrados en Palmasola.
Por otro lado, la ciudadanía y el movimiento afín al paro cívico también están usando la situación para llevar agua a su molino, y ya se han hecho públicos los pedidos de renuncia del alcalde Luis Chambi (MAS) por haber promovido los enfrentamientos y el levantamiento del paro cívico.
Esta es la calidad de la política carroñera que tenemos enfrente, de la que somos parte y corresponsables los ciudadanos en tanto permitimos que esa calidad de representantes sean quienes definan no sólo nuestra paz social, sino incluso la vida de las personas, como está sucediendo con el deceso de Julio Taborga.
Ya que no es posible alentar esperanzas por las dotes de negociación y búsqueda del bien común de ninguno de los actores, debemos al menos llamar a la sensatez de los manifestantes para que no se presten a provocaciones ni peleas que pongan en riesgo la vida de más ciudadanos bolivianos.



