Medio: Los Tiempos
Fecha de la publicación: miércoles 19 de octubre de 2022
Categoría: Institucional
Subcategoría: Servicio de Registro Cívico (SERECI)
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Muchos recordarán una escena de la película de Cantinflas El padrecito, en la que se niega a bautizar a un recién nacido con el nombre de Nepomuceno. “Que se lo eche el padre Damián, ese agarra todo; yo quiero tener mi conciencia muy limpia”, dice al terminar su negativa.Traigo a colación la mencionada escena, a propósito de la decisión asumida hace unos días por el Director del Servicio de Registro Cívico.
(Serecí) de Potosí, de implementar un catálogo de nombres “para que cada ciudadano boliviano, cada ciudadano potosino, pueda elegir un nombre adecuado. Un nombre propio con identidad cultural para todos los hijos”, según dijo.
Difícil saber qué movió a esta autoridad a tomar esa decisión, que ya fue desautorizada por el Serecí nacional, que ha informado que madres y padres son libres de elegir los nombres de sus hijos, en conformidad con la normativa que rige la materia en Bolivia. Dicha normativa comprende, entre otras normas, al Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, al Pacto de San José de Costa Rica y al Código Civil.
Barruntando acerca de los móviles para la decisión mencionada, habrá que convenir en que, probablemente fue, como lo dijo, evitar burlas y bullying, acostumbrados como estamos a hacer mofa no sólo de nombres y apellidos, sino de apodar a nuestros semejantes a propósito de características físicas o rasgos de su personalidad: “Oscuro”, “Lechón”, “Triciclo”, “Barquinazo”, “La flor de la canela”, “Qué rico el mambo”, “El inmortal”, “La mujer más fuerte del mundo” y un largo etcétera.
La decisión ha provocado hilaridad en algunos y respuestas serias en otros, poniendo en entredicho la libertad de padres y madres con respecto a los nombres que eligen para sus hijos, sin reparar en los problemas que estos puedan tener en el futuro, porque serán ellos quienes los lleven.
Es verdad que hay nombres cuya imposición no se comprende. Chevrolet, Lady, “Dos a uno” (por el resultado de un partido de fútbol), “Maradona”, “Messi” y otros similares. Pero, ¿se puede prohibir a alguien que homenajee, a su modo, a un personaje de fama mundial poniendo a su hijo o hija su nombre? El mismo Pelé se llamó Edson en homenaje a Edison, el inventor de la lámpara eléctrica.
Un conocido tuitero cree que no se debe permitir que, a nombre de la libertad, se pongan nombres como Hitler, Caín, Judas, Stalin, Osama Bin Laden, Gucci, Nutella o Colgate. Otros, en cambio, exaltando el derecho a la libertad, manifiestan que los padres pueden poner el nombre que quieran a sus hijos.
Creemos que no hay manera de prohibir que los padres pongan a sus hijos el nombre que quieran, pero sería muy bueno que reflexionen acerca de los efectos que en sus hijos tendrán los nombres que les pongan. Por ejemplo llamaría mucho la atención que alguien se llame Gargamel, Saurón, Galadriel, Gandalf, Antauro, Edan, Eider, Oriol, Straqualursi, Adara, Saba, Xia, Crésida, Dione, Iraide…
En todo caso, no podemos permitir que, además de tratar de imponer en Bolivia un proyecto, partido y líder únicos, se pretenda imponer un catálogo único de nombres, que obligue a los padres a nombrar a sus hijos como Fidel (por Castro), Hugo (por Chávez), Daniel (por Ortega), “Che”, Ho Chi Min, Mao, Lenin, Stalin, Karl, Friedrich, Vladimir, Ulianov. O a adaptar ciertos nombres al género femenino: Marxa, Engelsa, Lenina, Stalina, Maozedonga.
Libertad para escoger nombres para los hijos, reflexión acerca de las consecuencias que determinado nombre pueda tener y negativa total a la imposición de nombres por el Estado.



