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Democracia, 40 años - Héctor Arce Zaconeta

Medio: La Razón

Fecha de la publicación: domingo 16 de octubre de 2022

Categoría: Debate sobre las democracias

Subcategoría: Democracia representativa

Dirección Web: Visitar Sitio Web

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Doctrinalmente, la democracia “es el sistema de gobierno que institucionaliza la participación del pueblo en el ejercicio del poder público, mediante la intercomunicación y el diálogo permanente entre gobernantes y gobernados, dentro de una justa estructura de distribución de la riqueza”.


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 / 16 de octubre de 2022 / 06:40

Este 10 de octubre, 40 años de democracia, fue sin duda un día para reflexionar y valorar lo que tenemos.

DIBUJO LIBRE

Doctrinalmente, la democracia “es el sistema de gobierno que institucionaliza la participación del pueblo en el ejercicio del poder público, mediante la intercomunicación y el diálogo permanente entre gobernantes y gobernados, dentro de una justa estructura de distribución de la riqueza”. Tautológicamente, es “el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”. Según definiciones de Pablo Lucas Verdu y Abraham Lincoln. Con todos sus defectos, es sin duda el mejor invento político de la humanidad, solo comparable con el descubrimiento del motor a vapor o la invención de la imprenta, diría Karl Lowenstein.

Para Bolivia el concepto de democracia fue siempre esquivo y difícil de consolidar, las tendencias autoritarias siempre fueron más fuertes y venció el golpe de Estado, la asonada militar y el cuartelazo, en criterio del profesor boliviano de Derecho Constitucional Alipio Valencia Vega. Empero, llegó un momento inédito en que los astros finalmente parecen haberse alineado y la madurez política consolidó la que parecía la más grande y larga etapa democrática en la vida nacional. La fecha 10 de octubre de 1982, un punto de inflexión fundamental en nuestra historia en la que parecía se había dado un giro y tomado una ruta de la que jamás nos separaríamos. Así, con la estabilidad y la institucionalidad como banderas, empezaríamos a asemejarnos al resto de las naciones, aunque sea solo por nuestra estabilidad política.

Hernán Siles Suazo fue sin duda el paladín de la democracia en un momento en que todo parecía conspirar. Finalmente, el sujeto social, el pueblo que había derramado sangre y lágrimas en busca de la democracia, terminó consolidando el sistema de gobierno más extendido positivamente en la historia de la humanidad. Con más sombras que luces, el sistema de democracia pactada dejó un profundo sabor a poco en la población boliviana, que pese a todo siempre valoró y defendió un imperfecto sistema de gobierno, que no trajo los cambios que se esperaban sino hasta el surgimiento de la Revolución Democrática y Cultural el 2006.

Hasta el 2019, estuvieron en el poder nueve presidentes, desde Hernán Siles hasta Evo Morales, todos elegidos democráticamente o que asumieron el cargo por sucesión constitucional, de acuerdo la Constitución de 1967; todos basaron su legalidad y legitimidad en el texto constitucional que había sido defendido y mantenido, casi con pinzas, en las peores circunstancias, incluso en las crisis de 2003 y de 2005.

El 10 de noviembre de 2019, toda esta historia y rumbo sostenido con esfuerzo y sacrificio finalmente se quebró. Más allá de los errores, los hechos marcaron el tamaño de la desgracia y el retroceso: las Fuerzas Armadas y la Policía Boliviana sugiriendo la renuncia del presidente constitucional, la violencia extrema sembrada contra gente inocente a quien se persiguió, acosó, torturó y encarceló. La muerte autorizada por decreto, el desprecio a la vida humana, las masacres y ejecuciones sumarias de Sacaba y Senkata, de acuerdo al informe del GIEI-Bolivia, marcaron el fin prematuro. Una interrupción, se vería más adelante, de una democracia en construcción, que a todas luces parecía ya había superado todas las pruebas.

Una vez más fue el pueblo, el sujeto social fundamental que nunca deja de luchar contra la tiranía, la autocracia y la peor corrupción traducida en la explotación del hombre por el hombre, como diría Manuel Morales Dávila, quien desde la lucha, desde las calles y los caminos y desde el voto, le devolvió a la Nación la tan anhelada democracia.

El 10 de octubre, cuarenta años después, fue sin duda un día para reflexionar y valorar lo que tenemos. Quizá el quiebre constitucional de 2019 y el sufrimiento extremo que muchos de nosotros pasamos era necesario para valorar lo que es en realidad la democracia, para darnos cuenta de lo valiosa que es la libertad y el derecho. Parafraseando al presidente argentino Nicolás Avellaneda: “los pueblos que olvidan sus triunfos y sus derrotas, sus victorias y sus tragedias, pierden la conciencia de sus destinos”.

Ahora queda superar la página, hacer justicia, no por odio ni venganza, sino para evitar que algo así ocurra nuevamente en el futuro y sobre todo por respeto a quienes ya no están entre nosotros, fruto del golpe de Estado. Ahora toca profundizar la Revolución Democrática y Cultural, marcar definitivamente el fin del “Estado q’ara” como lo calificaría al Estado anterior a 2006 Eusebio Gironda Cabrera. Ahora toca también la estabilidad, la paz, la gestión y la construcción de una sociedad mejor en la senda de los últimos quince años, sin olvidar jamás este día.

(*)Héctor Arce Zaconeta es abogado, representante ante la OEA