Medio: La Razón
Fecha de la publicación: domingo 16 de octubre de 2022
Categoría: Organizaciones Políticas
Subcategoría: Renovación dirigencias
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La falta de renovación de liderazgos y dirigencias es evidente en las organizaciones políticas.
La falta de renovación de liderazgos y dirigencias es evidente en las organizaciones políticas, que tienen serios déficits de democracia interna. Pero también está presente en importantes entidades de la sociedad civil. Así, en general, las organizaciones son rehenes de pequeños grupos de poder. El fortalecimiento de la democracia implica impulsar nuevos y nuevas líderes.
En marzo de este año, mediante resolución de Sala Plena, el Tribunal Supremo Electoral otorgó un plazo de 180 días para que los partidos políticos y las agrupaciones ciudadanas del país convoquen a sus instancias orgánicas correspondientes para renovar sus directivas. Cumplido el plazo, la mayoría de organizaciones, por diferentes motivos, no lo ha hecho. El TSE tuvo que ampliar de manera excepcional el plazo por otros seis meses. Las actuales directivas no pueden seguir prorrogándose.
Por mandato de la Ley de Organizaciones Políticas, los estatutos orgánicos de los partidos y agrupaciones deben incluir mecanismos democráticos y paritarios para la elección de sus dirigencias (así como para la selección de sus candidaturas). Más allá de la modalidad que adopten, están obligados a cumplir sus estatutos. Deben hacerlo con supervisión del Órgano Electoral Plurinacional. El dato cierto es que las organizaciones han tropezado con dificultades y están lejos de lograr su propia democratización.
Más allá de esta ausencia de democracia interna en los partidos, con algunas diferencias entre unos y otros, la falta de renovación se observa en organizaciones de la sociedad civil. Un ejemplo crítico es la Central Obrera Boliviana, cuyo máximo ejecutivo se acomodó para quedarse en el cargo pese al sobrado cumplimiento de su periodo de mandato. Así, la COB se debilita y pierde legitimidad. Hay cuestionamientos al respecto, como el de la Federación de Mineros, que discutirá pronto el tema en un ampliado.
Otro caso emblemático es la Asamblea Permanente de Derechos Humanos de Bolivia. Desconociendo los estatutos de la institución, la actual presidenta parece haber asumido que su cargo es vitalicio. “Tengo mi credencial de permanencia indefinida”, dice la señora. Y, en consecuencia, impide la renovación, pese a que su mandato concluyó hace cuatro años. Sin nuevos liderazgos y con rumbo lamentablemente extraviado (defensa de grupos parapoliciales), la Asamblea está venida a menos. Pierden los derechos humanos.
La democracia, que en Bolivia cumplió cuatro décadas desde la difícil transición, requiere no solo reglas claras e instituciones consolidadas, sino también demócratas, empezando por los partidos, que tienen el monopolio de la representación política a nivel nacional. También es fundamental que las organizaciones de la sociedad civil, incluidos sindicatos, comités cívicos y otras entidades, practiquen la democracia puertas adentro. La necesaria renovación de liderazgos es una asignatura pendiente.



