Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: miércoles 12 de octubre de 2022
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Democracia representativa
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Incluso durante estos últimos años que comienza a entrar en crisis, la democracia es el único ideal político universal, sin competencia explícita. Hoy, el debate político está acotado por la democracia, que se considera la mejor forma de gobierno; en torno a ella se formulan la mayor parte de los programas políticos.
¿A qué se debe este fenómeno? A las condiciones creadas por la globalización, sobre todo a la producción incesante de información, a la movilidad internacional del dinero, las mercancías y las ideas, y a una institucionalidad democrática global. Los regímenes políticos que contradicen estas tendencias, que son inherentes a las sociedades modernas, están obligados a imponerse por medio de dosis extraordinarias de coerción. Hace 40 años que los bolivianos nos vemos beneficiados por estos aires democráticos internacionales.
Hablando de cara al largo plazo, hoy las dictaduras no tienen ninguna perspectiva. La legitimidad política solo puede surgir desde abajo, de la voluntad de los mandantes. Este es el sentido común de nuestra época. Ya nadie puede mandar en nombre de una jerarquía natural, o de la divinidad; los únicos argumentos contemporáneos aceptables para el dominio político son la representación y la participación.
En este punto de la historia latinoamericana, la diferencia con los años 60 y 70 no podría resultar más abismal. Los riesgos, sin embargo, no han desaparecido con la derrota de las alternativas externas a la democracia, como el movimiento revolucionario de las décadas señaladas. Estos riesgos son generados por los enemigos internos, que también se proclaman demócratas, pero que en los hechos tienden a vaciar este régimen de su contenido real.
Existen una tesis, una antítesis y una síntesis democráticas. La tesis es el liberalismo, que no admite que se le exija a la democracia metas que en su opinión no le corresponden, tales como sacar a la población de la pobreza, a los Estados de la dependencia y a las naciones del subdesarrollo. Apuesta por un régimen que mantenga la neutralidad del Estado en el campo económico y social, y se concentre en el respeto de las instituciones y los procedimientos representativos, asociados a las libertades políticas.
Por su parte, la antítesis, el populismo, señala que es muy difícil que la mayoría participe en la toma de decisiones colectivas y haga política. Los recursos necesarios para ello (tiempo, dinero, instrucción) no están al alcance de todos. Pero no solo el funcionamiento representativo de la democracia crea insatisfacción y frustración sociales. También lo hace el carácter puramente formal de la igualdad democrática, cuando no va acompañada de una igualdad socio-económica equivalente. La democracia da libertades políticas y civiles, dicen los críticos populistas, pero la desigualdad real impide el disfrute de ellas.
En respuesta, esta corriente concibe a la democracia no como el fin político al que deben propender, como medios, los sistemas jurídicos y organizativos de la sociedad; sino como un medio que, a su vez, se propone como fin la alteración de las bases materiales de la sociedad y el logro de la igualdad real. Esto tiene importantes implicaciones. En el sistema liberal, el contenido del gobierno está vacío, puede ser uno u otro, dependiendo de la correlación de fuerzas, porque ninguno se considera de antemano mejor. En el sistema populista, en cambio, la suposición clave es que hay un camino mejor para la sociedad, lo que elimina el pluralismo democrático, sustituyéndolo por diferentes forma de control y avasallamiento de la sociedad.
Los estudios indican que cada vez menos latinoamericanos están dispuestos a defender la democracia por razones liberales. La mayoría, por el contrario, va más allá y, a cambio de su adhesión, exige bienestar económico y social. Así, para la mayoría la democracia ya no se justifica por su capacidad para resolver el problema político que le dio origen. Se le pide, además, que resuelva el problema económico y, en general, la desigualdad que se reproduce constantemente.
La síntesis democrática es la socialdemocracia, que apuesta por la posibilidad de restaurar la cohesión social sobre la base de un sistema político potente y legítimo. Para ello este sistema debe ser auténticamente representativo, expresar la diversidad social, garantizar un sistema de justicia correcto e independiente y producir políticas públicas que equilibren el crecimiento de la economía con la apertura de oportunidades y la protección de los más débiles.
Esta concepción de la democracia es la más fecunda para los bolivianos.
da libertades políticas y civiles, dicen los críticos populistas, pero la desigualdad real impide el disfrute de ellas.



