Medio: La Razón
Fecha de la publicación: martes 11 de octubre de 2022
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Democracia representativa
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Esta es la semana de la democracia y la descolonización en Bolivia. Celebramos ambos acontecimientos a pesar de la hipocresía de las élites, cuya influencia en el transcurso de nuestra historia, de todos modos, nunca fue tan positiva como a ellas les gustaría pensar. Fue justamente en octubre de 2020 que muchos de sus adeptos se arrodillaban en las puertas de los cuarteles implorando una “solución militar” frente a su fracaso en las urnas, a pesar del discurso “en defensa de la democracia” que enarbolaron para viabilizar el golpe de Estado de 2019, que se saldó con dos masacres, varios asesinatos y la imposición de un régimen de excepción ultra corrupto y represivo.
Dicho gobierno contó con el respaldo activo de Carlos Mesa, Tuto Quiroga, Samuel Doria Medina y casi toda la oposición partidaria a los 14 años en los que el MAS estuvo a cargo de las riendas del país. Los secundaron toda una pléyade de analistas e intelectuales, quienes desde los medios de comunicación no solo aplaudieron el derrocamiento de Morales, sino que también llamaron a proscribir la sigla del MAS para las elecciones que la autoproclamada presidenta interina debía convocar, tardándose casi un año en ello, y postulándose a sí misma de paso. Todo un ejemplo de consecuencia democrática, sin duda.
Recordemos, ¿condenó alguno de esos líderes la violencia extrema del gobierno de Áñez? ¿Condenaron, siquiera, un acto tan abiertamente racista (y, por lo tanto, antidemocrático) como la quema de la wiphala? ¿Con qué derecho alguien como Carlos Mesa puede hablar de democracia cuando no se inmutó ni en el más leve de los sentidos por la violación sistemática de derechos humanos de miles de ciudadanos?
Puede que su impostura no sonroje a estos políticos y empresarios, pero sí debe de indignarnos al resto de nosotros, porque cada vez que hablan en nombre de la democracia nos están llamando estúpidos, en los hechos. Al menos Luis Fernando Camacho no hizo ninguna declaración acerca de ambas fechas, aunque, por otro lado, ¿a quién le importa lo que piense un pseudogangster? Ahí, al menos, puede verse cierto grado de honestidad ¿o cinismo? Si algo puede rescatarse de los nuevos fachos es la simpleza de sus ideas y la poca meditación de sus acciones. Son más fáciles de comprender y no tratan de justificar todas sus acciones, al menos no doctrinalmente. Casi no parecen políticos, aunque no sé si es para agradecerles.
En todo caso, resulta un tanto alegre que la reivindicación del principio de igualdad entre todos los seres humanos y la determinación por superar los peores efectos de la colonización española coincidan esta semana, porque uno no puede pensarse sin el otro. Ya superada está aquella concepción procedimental de la democracia que la limitaba a la realización periódica de elecciones y la salvaguarda de ciertos derechos políticos. Tales condiciones son necesarias en un principio, sin duda alguna, pero no son suficientes para poder llamar democrático a un régimen político. La igualdad formal reconocida en el ámbito normativo significa poco si no se ve reflejada en ciertas condiciones materiales de vida y de oportunidades. No se puede llamar democrática a una sociedad en la que el hecho de haber nacido en un municipio rural limita las oportunidades de un individuo en relación a otro nacido en una ciudad capital, y mucho menos si las diferencias entre uno y otro se fundamentan en criterios fenotípicos, de abolengo y culturales.
La construcción de una genuina democracia en Bolivia, por lo tanto, pasa también por una superación de las condiciones objetivas de discriminación que todavía persisten en varios ámbitos de nuestra sociedad, como sucede en el acceso a la educación, a la justicia y otros servicios. Cambios con los cuales no está comprometida cierta élite económica y sus representantes políticos, quienes en lo que va del siglo han demostrado ser más un obstáculo que agentes democratizadores. Bolivia merece mejores políticos, así sean de derecha. Merece gente honesta, cuando menos.
Carlos Moldiz Castillo es politólogo.



