Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: domingo 09 de octubre de 2022
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Democracia representativa
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Los 40 años de democracia después del peor gobierno de la historia de Bolivia (García Meza) se han caracterizado por el surgimiento de liderazgos de origen popular que antes habían intentado llegar al poder o por la fuerza, mediante la revolución, o por poco exitosas participaciones en elecciones.
El indigenismo, el indianismo, el katarismo y otros movimientos similares no lograron tener aceptación durante los primeros años de democracia, sería el “endogenismo” de Condepa que tomando prestada la wiphala y fundándose en Tiwanaku, lograría captar al mundo aymara situando, además, a una mujer de pollera dentro del Parlamento. Y es que no cabe duda de que el principal aporte de Condepa a la democracia y a la historia política del país fue la consecución de este hito histórico.
La “cholita Remedios” se inició en los medios de comunicación como una pionera dentro de dicho espacio, porque aunque existían muy respetables y capaces conductoras aymaras en la radio, su participación estaba limitada a programas en aymara destinados al comentario sobre la vida en el campo, sobre la agricultura o la pesca, nunca a la opinión política o social.

La Bolivia de los años 60, cuando Remedios empezó su carrera, a pesar de la Revolución del 52, arrastraba serias taras como la asociación del indígena con el campo, lo mismo que la pollera con el mercado o con el llamado “servicio doméstico”, el estereotipo de indígena se usaba para hacer alarde una inclusión donde el voto era universal, pero el país lo manejaban sólo los “q’aras”.
Sin embargo, pensar que los indígenas simplemente se sometían a esta mirada y creer que a lo largo de la historia del país fueron simples espectadores es un error garrafal. El mundo marginado de la Bolivia de la segunda mitad del siglo XX buscaba espacios de movilidad social en distintos escenarios: el comercio, el movimiento obrero, etc. Remedios se fue por otro rumbo, menos explotado y de más difícil acceso para los marginados: los medios de comunicación.
Y el introducirse en ese espacio tan complicado pero a la vez tan masivo era ir a por todas y resultó. Claro que esto no habría sido posible de no haber estado la figura de Carlos Palenque, otro outsider, que compartía el mismo deseo de romper esquemas, como todo joven, pues cuando se conocieron en 1965, él contaba con 21 años y ella con 16. La diferencia con otros outsiders es que Palenque y Loza tuvieron un éxito incalculable como comunicadores.
La imagen de Remedios Loza y Carlos Palenque caló fuertemente en la sociedad migrante aymara; Palenque usaba términos coloquiales y era llamado “extravagante” por los medios escritos; Loza hablaba en aymara, hablaba de la comida nacional y en su incursión en la TV, fungía como modelo de zapatos Manaco; tenía presencia y carisma, pero poco imaginaba que años después se pasearía en el Parlamento con sus polleras de terciopelo, sus joyas de oro y sus mantas de seda.
La década del 80, desde 1982, permitió ver la madurez de Remedios después de una época oscura y la propuesta ya no sólo comunicacional, sino política del palenquismo, fue la respuesta a las inquietudes de una sociedad descontenta tras el fracaso del proyecto del 52 y el nacimiento de Condepa a finales de la década, a pesar de todos y sus defectos populistas, fue una salida que de alguna manera evitó que en Bolivia germinaran movimientos como Sendero Luminoso.
El surgimiento del populismo en la Bolivia post 82 coincide con las medidas del 21060 y la situación de desesperanza de muchos bolivianos que sufrieron las consecuencias de la crisis económica de la UDP. El resentimiento con la clase política tradicional y el descontento que generó el MNR que a ojos de sus seguidores, en especial de su base social popular, había traicionado los principios de la Revolución del 52, provocó el anhelo de un nuevo partido al cual entregarle la fe, justo en ese momento, y a causa de una acción del gobierno movimientista nació Condepa.
Los 40 años de democracia han tenido momentos antidemocráticos preocupantes, la clausura de RTP en 1988 bajo la premisa de que el medio había cometido apología del delito por entrevistar a un conocido narcotraficante, aunque la verdadera causa era la incomodidad que significaban las críticas al gobierno y sus medidas que eran escuchadas todos los días “en cadena” en talleres, puestos de venta y microbuses tanto en El Alto como en La Paz.
Es difícil de entender el pensamiento del poder, que cree que vetando, clausurando o prohibiendo se va a liberar de sus nacientes némesis; como era de esperarse, la clausura despertó la furia del pueblo y la gente se lanzó a las calles a protestar por haber acallado “la voz de los sin voz”.
El personal de RTP se declaró en huelga y la gente se movilizaba en las calles hasta que un día el Parlamento bajó los brazos y se dictó la reapertura de canal 4 y radio Metropolitana; en medio de la algarabía y al calor de las masas (literalmente) en una concentración en la histórica plaza San Francisco se oyó el grito “Palenque Presidente, Remedios Diputada”, la fundación oficial se hizo en Tiwanaku y ese año Condepa obtuvo el cuarto lugar en las votaciones, un sitio nada despreciable tomando en cuenta no sólo que era la primera vez que participaba, sino el origen estrambótico del movimiento.

Hemos hablado de la presencia de Loza y del carácter de Palenque, quien tenía su contraparte en el oriente boliviano en un empresario que paralelamente había tenido una vida similar a la del líder condepista: hizo su fortuna de la nada y empezó a ayudar a su comunidad, tanto así que su partido se llamó Unidad Cívica Solidaridad, UCS, que nació un poquito después de Condepa, en 1989; se trata de Max Fernández, empresario de la CBN.
Otro punto en común que tenían estos populistas es que eran los ejemplos vivos de las aspiraciones de los oprimidos: lograr el éxito económico y social, el prestigio y lo que siempre agrada del populismo: la distribución de la riqueza, el desprendimiento, la filantropía que Palenque ponía en práctica con sus campañas, donde se regalaba lentes, se pagaba tratamientos médicos, se enterraba difuntos, etc. Mientras Fernández salía a las calles regalando alimentos, poleras, cuadernos, lápices, etc.
Pero volvamos al tema, aunque Palenque y Fernández fueron los caudillos del populismo de los 90, la figura que más se recuerda hoy por hoy, quizás porque de entre los tres, quien más obstáculos tuvo que vencer para posicionarse fue ella, es Remedios Loza.
La Remedios de la época post 82 ya no es la alegre cholita que modelaba zapatos, su incursión en la política fue perfecta en tiempo y contexto, en Perú, por ejemplo, tendrían que pasar doce años para que tuvieran una primera parlamentaria de pollera, pero el incidente de la clausura de RTP acortó los tiempos en nuestro país y tras esa proclamación en San Francisco, 1989, Francisca Remedios Loza Alvarado se convirtió en la primera chola en asumir un curul en el Parlamento boliviano.
Pero Loza no era solamente una parlamentaria, le tocó ser pionera y manejó esa condición a su favor; cuando le entregaron la presidencia de la Comisión de la Mujer, en lugar de simplemente hacerla funcionar como el resto de oficinas del Estado, la abrió a las mujeres para que éstas pudieran exponer sus casos personales y la comisión pudiera darles solución; la entonces diputada suplente Rosario Paz cuenta que se atendía entre 30 y 35 casos por día en una iniciativa nunca antes vista y que no se repitió hasta hoy en ninguna institución pública.
Esta apertura de una oficina gubernamental para atender abandonos, violaciones, explotación laboral, incumplimiento de contratos y otros convirtió a las dependencias de la Comisión de la Mujer en un espacio sui generis, donde la autoridad servía de manera directa las necesidades de las mujeres y estoy convencida de que fue el mejor momento en la carrera de Loza.
La comisión se apoyaba también en el poder masivo de RTP, que servía para presionar públicamente a agresores, violadores, explotadores y otros que se portaban rebeldes ante citaciones a conciliación y sin miedo se revelaba su nombre, ocupación y se mostraba sus fotografías más el delito del que se le acusaba; uno podría decir que esta presión de los medios era una conducta antidemocrática, pero daba resultados bastante positivos y llegado el momento los problemas que llegaban a la comisión, se solucionaban satisfactoriamente.
La comisión no era solamente una entidad de conciliación, poseía la tuición de ser cabeza de Ministerio Público, por lo que podía mandar a efectivos policiales a allanar domicilios y a arrestar implicados, así que como decía Loza en sus alocuciones, la Comisión de la Mujer a su cargo era el “cucu” de todo aquel que cometiera abusos contra las mujeres.
Remedios venía de la escuela del palenquismo, cuyo don era la capacidad de acercarse a la sociedad civil más vulnerable, de ahí que los detractores acusan siempre a Palenque de ser sensacionalista y de lucrar con el dolor de la gente; el hecho es que la fórmula la imitaban incluso sus críticos más feroces e incluso hoy, Facebook y otras redes sociales sirven para hacer justicia de alguna manera, y es que en un país como el nuestro, a pesar de la democracia, el acceso a la justicia y a la salud gratuita con personal de salud eficiente, es todavía un lujo que pocos pueden darse.
Sea como sea, la Comisión de la Mujer le dio a la ciudadana la confianza de apersonarse a oficinas estatales y mostró lo bien que pueden funcionar las alianzas entre una institución pública, la oficina de la comisión y una privada, RTP. Brindar confianza al ciudadano para que éste pueda acercarse a una institución pública y tenga fe en que ésta resolverá su problema, es una de las maneras más eficientes de promover la cultura democrática, eso pasó con la Comisión de la Mujer de Remedios.
En ese sentido, si Loza fue el mejor logro del populismo de los 90, el mejor logro de Loza fue la democratización de una institución otrora elitista y alejada de la sociedad, un problema que por desgracia ha vuelto a ser igual; es decir, si en el pasado republicano las instituciones públicas eran ajenas al ciudadano de a pie, la solución del Estado Plurinacional fue darles paso a las “organizaciones sociales”, que por desgracia, no siempre representan al ciudadano de a pie; para que una institución sea perfectamente democrática, cualquier ciudadano boliviano tendría que poder acceder a ella sin restricción alguna, y ésta debería servirle en sus demandas si así lo ameritan.
La historia no va de manera lineal, no es que hoy hay más democracia que en 1985 o 2001, hemos tenido auges y caídas, avances y retrocesos y el ejemplo de los populistas de los 90s es bastante ilustrativo; Condepa y UCS surgieron como una oposición interesante, un antiestatus que identificaba a la sociedad que esperaba alternativas al modelo en crisis, pero para finales de los 90, ambos partidos fueron absorbidos por la entonces todavía fuerte propuesta neoliberal.
UCS un poco antes que Condepa, se subió a todos los coches del oficialismo desde 1993 y logró tener participación en el cuoteo, mas no incidió con su propuesta política de ninguna manera; Condepa se unió por primera vez al gobierno en la megacoalición, justamente de la mano de Remedios Loza, quien tras la trágica e inesperada muerte de Carlos Palenque asumió además de la jefatura del partido, la candidatura a la presidencia, estableciendo un nuevo hito en la democracia del país, relacionada con la participación femenina en política, pues esta postulación la convirtió en la primera mujer candidata a la presidencia en la historia del país.
La candidatura de Loza a la presidencia le granjeó la máxima votación jamás obtenida por su partido, que con un 17,16% del porcentaje de votos se situó en el tercer puesto, muy cerca de los dos primeros (ADN con 22,2% y MNR con 18,2%). Esto fue por algo más que un simple voto póstumo, como se planteó en su momento; una mujer de pollera participando en debates y cerrando su campaña con el popular grupo Néctar bajo la consigna “Remedios para Bolivia”, también le ganó una importante votación en Santa Cruz, frontera que Palenque no había logrado atravesar.
Lo que vino después fue decepcionante; la tenaz oposición condepista de tiempos de la capitalización se convirtió en un caldo de cultivo de escándalos internos, la división entre “locistas” y “palenquistas” (partidarios de Verónica, hija del desaparecido líder), exponía los trapitos al sol de un partido decadente, que poco se ocupaba de la gestión, de las políticas públicas y de todo aquello que siendo oposición había prometido.
Condepa, una fuerza alternativa que parecía refrescar el escenario político, poniendo a mujeres en el poder (Mónica Medina en la alcaldía paceña, Remedios Loza en el Parlamento, posteriormente como jefa de partido y candidata a la Presidencia y Verónica Palenque como subjefa y parlamentaria son algunos de los ejemplos del liderazgo femenino al interior del partido), que había usado wiphalas llamando a la revalorización de la identidad aymara, pero como parte de la identidad boliviana y que había en última instancia propuesto el modelo endógeno, de corte liberal pero con elementos de la política del “estado de bienestar”, terminó siendo expulsada de la coalición de gobierno por pelearse por cuotas de poder.
Toda la base social que había acaudillado Condepa tanto con Palenque como con Loza a la cabeza, decepcionada, buscó nuevos aires, y aunque el MAS y su proyecto poco se parece al proyecto condepista, de carácter más bien nacionalista, el discurso reformista del Movimiento Al Socialismo que apelaba a la recuperación de la identidad originaria y al rescate de las empresas estratégicas, cosa que Condepa también planteaba, hizo que las bases condepistas se adhirieran al MAS sin pensarlo, tal como sucedió con Condepa con respecto al MNR en los 80.
La muerte de Condepa se selló con su participación en las elecciones de 2002 donde obtuvo apenas el 0,37 de la votación, lo que ocasionó la pérdida de la sigla del partido.
Remedios Loza tuvo una última participación memorable en el proceso democrático, aunque de manera indirecta. Loza se retiró definitivamente de la política en 2003, pero en 2018 la Asamblea Plurinacional, de manera unánime la reconoció con la medalla “Marcelo Quiroga Santa Cruz”. El discurso que lanzó con este motivo ha inspirado profundamente a los bolivianos, pues ha establecido cuatro ejes fundamentales para entender la identidad democrática del país: ha reconocido el hecho de que el mundo indígena por largo tiempo no había sido tomado en cuenta en la toma de decisiones en el país, a pesar de ser mayoría, pero ha dicho también que no hay dos Bolivias y ha llamado a la unidad, pidió que así como hubo unanimidad para condecorarla, haya consenso en el Parlamento, habló de su trabajo como servidora pública y recordó que atendía a todos por igual, recordando a las autoridades tener amor a la patria, no al poder ni al dinero.
El hecho de que asistiera al evento un mes antes de morir, conmovió más a quienes vieron su mensaje. Un año después del reconocimiento, Evo Morales renunciaría a su cargo como mandatario tras las movilizaciones posteriores a las elecciones donde se denunció fraude. La muerte, el enfrentamiento y un gobierno terriblemente corrupto siguieron al hecho y muchos añoraron los días en los que “El Compadre” habría sido presidente y pensaban que nada de esto habría pasado.
De igual modo, en los últimos días, tras la controversia de Jhonny Fernández como alcalde de Santa Cruz, se decía también que Max, su padre, habría hecho las cosas diferentes. Nunca lo sabremos, pues los proyectos políticos de Palenque y Fernández no tuvieron la oportunidad de madurar por la muerte prematura de sus caudillos.
A menudo se analiza juntos a ambos partidos, cosa que en la realidad no fue así, pues Palenque y Fernández se hacían la guerra siempre que podían; quizás si hubiera habido una alianza al menos de una gestión, un puente se habría creado entre oriente y occidente, pero este populismo de los 90 no logró ver que ése podría ser su más grande logro, falló por verse demasiado el ombligo. Pero, bueno, tenemos a Remedios.




