Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: domingo 09 de octubre de 2022
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Democracia representativa
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Creo que la decadencia por la que está pasando Bolivia es más profunda de lo que parece a simple vista y su fin parece estar todavía lejos. Por lo tanto, el problema no podrá ser resuelto con un gobierno de derechas en el poder, como muchos creen, pues son el populismo y las hoy degradadas bases de la ética y la moral pública las que están erosionando la educación, los partidos políticos y las instituciones, los medios de comunicación y, en general, la democracia en su conjunto.
Son tres decadencias las que se ven de manera más o menos notoria: la educativa, la política y la mediática.
Comencemos hablando de la primera. A diferencia de la Argentina, verbigracia, país que tiene maltrecha su economía desde hace varios lustros pero no su educación universitaria, Bolivia —al menos por el momento— no pasa por una crisis financiera (al menos no una que se deje sentir en los bolsillos del grueso de la población) pero sí por una grave debilitación de su educación universitaria en general. Las universidades públicas sufren de corrupción y malversación, y en el último tiempo muchas universidades privadas han optado por enfocarse en el fortalecimiento de la educación virtual, implementando afanosamente softwares y plataformas virtuales para mostrar a los padres de familia que ellas pueden ser la mejor opción para sus hijos en cuanto a la comodidad de su aprendizaje. Pero haciendo eso lamentablemente han dejado de lado lo que debiera ser primordial y acaso exclusivo en cuanto a su labor: la investigación científica y la producción intelectual.
La decadencia política es en realidad un problema que viene de antiguo, concretamente desde que irrumpió el populismo en la arena política boliviana (probablemente desde la Revolución Nacional). Hoy todos los partidos y/o siglas carecen de proyectos serios y responsables, difiriendo entre ellos solamente el discurso y una que otra medida económica. Pero todas las organizaciones son élites conservadoras que han secuestrado para sí la política para seguir reproduciendo los códigos paralelos de la corrupción y la astucia práctica, sin meritocracia y sin espíritu crítico. Ningún partido, por ejemplo, se ha tomado en serio en los últimos años el asunto de la educación boliviana, problema que alimenta día tras día la pereza y la ataraxia crítica en los jóvenes estudiantes. En esto, y para desilusión de los panegiristas de Santa Cruz, occidente y oriente se parecen mucho y la situación no da señales de cambio alguno en el futuro próximo ni mediano. Hoy todas las opciones políticas actúan en función de la moda, sin discernimiento ni madurez, esgrimiendo fachadas progresistas que, aunque son aplaudidas por el esnobismo y la masa acrítica, no garantizan a mediano ni largo plazo la remoción de los cimientos anacrónicos de la sociedad boliviana.
La última de las decadencias es, junto con la primera, probablemente una de las más nuevas y que se ha intensificado más a partir de la crisis política y social de 2019. Es la de los medios de información. La poca seriedad y profundidad de la televisión y la radio bolivianas es un fenómeno ya bien conocido, motivo por el cual nos enfocaremos en lo que ocurre con la que hasta hace un tiempo era la reserva del buen periodismo: la prensa escrita. Actualmente, los periódicos luchan por publicar la información más picante y/o polémica en el menor tiempo posible. Aunque ya se la veía en todos estos últimos años, esta forma de periodismo se vio fomentada, como dijimos, a partir de los hechos de 2019, evento que dividió al país en dos bandos antagónicos. En las páginas oficiales de redes sociales de los más importantes medios de la prensa escrita boliviana se encuentran a granel chismes, peleas entre diputados o ministros y amenazas de un político hacia otro, información que es del gusto del vulgo que busca solamente esta clase de textos. Últimamente es difícil hallar una noticia o un reportaje bien reflexionado y escrito y publicado en tiempo prudente. Así, los periódicos bolivianos no contribuyen al levantamiento de una opinión pública crítica y más bien fomentan el deseo de efectismo y sensacionalismo.
Considero que aquellas tres decadencias, expuestas muy brevemente, constituyen las enfermedades sociales que explican la decadencia social general boliviana actual, la cual irá agravando con el tiempo en caso de no haber políticos y profesionales serios que ejecuten las medidas necesarias para prevenirla.
decadencias las
que se ven de
manera más o menos notoria: la educativa, la política y la mediática.



