Por eso la UDP se reveló tempranamente como una olla de grillos aunque capaz de ganar elecciones. Sobre un barril... revela la forma en que el MNR-I creía que el MIR robaba la película, mientras el PCB temía que el MIR lo desplace al tercer lugar, deparando tirones de orejas a los camaradas desde Moscú.
Contenido
Archondo escribe con la claridad del periodismo, “como una gentileza para el lector que no quiere enredarse en definiciones ideológicas”.
El servicio de inteligencia de Perú informa al presidente Fernando Belaúnde de un plan para asesinar a Hernán Siles Zuazo al momento de cruzar la frontera. Belaúnde ofrece a Siles el avión presidencial y un grupo de seguridad en el que el nuevo presidente de Bolivia regresará después de 18 años, para poner sobre sus hombros la cruz de una nación quebrada. Aún no está en las vitrinas y ya es el libro del año. La privilegiada pluma de Rafael Archondo y las memorias de Isabel Siles (hija del expresidente), permitieron imprimir Sobre un barril de pólvora, obra para la historia y biografía definitiva de Hernán Siles Zuazo, un boliviano para la eternidad.
Amplia información pacientemente documentada y escrita con la claridad del periodismo, como una gentileza para el lector que no quiere enredarse en densas definiciones ideológicas. Archondo reconstruye buena parte del siglo XX desde la perspectiva del protagonista de tres sucesos determinantes. De 30 en 30 años, sigue un ritmo alucinante: de la Guerra del Chaco (1932), a la que acude Siles como soldado ganándose el derecho de hacer una revolución nacionalista, que él mismo conduce en abril (1952), y el regreso a la democracia (1982), en un día 10 de octubre como mañana, cuando los autores entregarán el libro en el Paraninfo de la UMSA.
Confirmando que en los detalles está la virtud, los que ofrece Archondo son valiosos, revelando perfiles inéditos de su biografiado y aclarando situaciones que la historia no recogió debidamente. El abogado que no litiga en tribunales, sino en calles convulsionadas por la rebelión popular; los amigos determinantes, Otazo, Sanginés Uriarte, Cuadros Sánchez; la constelación de los cuatro grandes (Paz, Siles, Lechín, Guevara); la respuesta a cuánto nazismo hubo en la Bolivia de los 40.
Las revelaciones menudean: la oposición al golpe de Radepa, Siles evitando la destrucción de La Razón (diario de Aramayo, uno de los barones del estaño). La condena por los asesinatos de Chuspipata, frente a Víctor Paz que intenta esconder su gravedad; la censura de Siles a Paz por al terrible final de Villarroel. Siles periodista de la Asociated Press en el exilio, el retorno clandestino a Bolivia, asumiendo la subjefatura del MNR.
La guerra civil del 49 con bombardeo de ciudades, el núcleo duro de movimientistas en Santa Cruz, Potosí y Cochabamba combatiendo hasta el último cartucho y luego la larga lucha hasta la victoria de abril. El divorcio entre los combatientes en Bolivia y los exiliados en Argentina. ¡Y constituye una sorpresa enterarnos de que el victorioso HSZ, recogió de Buenos Aires a VPE para entregarle el poder, en el avión aquel pilotado por Lehm y Barrientos!
Las emociones de la nacionalización de minas, la reforma agraria y el voto universal que le permite asumir la Presidencia Debe vérselas con el vicepresidente Chávez, el líder de la COB, Juan Lechín y su embajador en Londres, Paz Estenssoro, cuando Siles cumple su responsabilidad aceptando el ajuste con el FMI tras la farra inicial de cuatro años y las diferencias se ahondan cuando Siles cierre los campos de concentración. Y aunque la sangre de Unzaga y de los masacrados en el Cuartel Sucre reconcilian a los líderes del MNR, no será por mucho tiempo.
Tras el ascenso de los militares en 1964, se ve a Siles deambulando por Santiago, Buenos Aires, Caracas. Enfrenta a la dictadura de Pinochet y protege a bolivianos que corren riesgo de muerte. Encarándose con Banzer, rebasa la frontera, es capturado y expulsado nuevamente, organizando bajo alero venezolano, la alianza con Jaime Paz, a la que se sumará el Partido Comunista y que Quiroga Santa Cruz encuentra execrable.
El libro sorprende con el descubrimiento de un Toño Aranibar apegado a la democracia burguesa y parlamentaria en la que no cree la izquierda. Un Toño que se rasga las vestiduras por hacer a Jaime Paz vicepresidente, con nazareno renunciamiento personal, aunque luego se sentirá desconsolado por el éxito de quien llegó a ser un buen presidente articulando la política como un medio para disentir y acordar en paz, que es la esencia de la democracia liberal. En opinión de personas que entienden de política, si no sucedían las cosas que pasaron en la realidad, muchos miristas probablemente estarían aún con pasamontañas en el Chapare, cual símiles de Tirofijo. Don Hernán no creyó nunca en tal método de lucha ni en sus propósitos, pues era un demócrata.
Por eso la UDP se reveló tempranamente como una olla de grillos aunque capaz de ganar elecciones. Sobre un barril... revela la forma en que el MNR-I creía que el MIR robaba la película, mientras el PCB temía que el MIR lo desplace al tercer lugar, deparando tirones de orejas a los camaradas desde Moscú.
Octubre de Siles. La Paz arde. Agentes de la CIA ocupan un piso de un hotel en El Prado, siguiendo los pasos del último núcleo terrorista que intenta detener la historia, mientras un avión se prepara en Roma para una acción directa con la misión de capturar vivos o muertos a dos neofascistas altamente peligrosos. El dólar cuesta 200 bolivianos mientras la cotización oficial es de 20. La COB muestra el puño y el país está de cabeza.
Pese al momento, Félix Rospigliossi, del grupo más cercano a don Hernán, formula una “puntualización histórica” inquietante: Hernán Siles parece el Pato Donald y sus sobrinos Hugo, Paco y Luis (Jaime, Toño y Oscar) quieren adueñarse del poder. Pero confirmando que el MIR es más gravitante que el PCB, don Hernán encarga cuatro ministerios a miristas, entre ellos el de Finanzas, Pirulo Aranibar. Rospigliossi enfurecido, deja a medio hacer el discurso inaugural, quedando unas cuartillas mal barruntadas en borrador, que leyó el desairado primer presidente de la era democrática aquel 10 de octubre.
Pero esa noche, los ciudadanos bolivianos se entregaron al sueño con la esperanza de la democracia por la que el presidente Hernán Siles se jugó la vida. Todo ello y más forma parte de Sobre un barril de pólvora. El libro de Rafael Archondo e Isabel Siles, que hace honor a su título.
“El libro sorprende con el descubrimiento de un Toño Aranibar apegado a la democracia burguesa y parlamentaria en la que no cree la izquierda”.