Medio: La Razón
Fecha de la publicación: domingo 09 de octubre de 2022
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Democracia representativa
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Hace 40 años, con la posesión constitucional de Hernán Siles Zuazo, se dio la última estocada a las dictaduras militares (1964- 1982). En memoria a ese hecho, cada 10 de octubre se celebra el día de la recuperación de la democracia en Bolivia. Esa jornada tuvo un telón de fondo: el país se debatía entre la vida y la muerte. La crisis económica, política e ideológica estaba en la cresta de la ola.
Como en La Divina Comedia de Virgilio, el Estado boliviano ese día aparentemente pasó del infierno al cielo. Con la llegada al poder de la Unidad Democrática y Popular (UDP) la ciudadanía creyó que tocaba el cielo con las manos. No obstante, el pueblo no tardó en pisar tierra.
En los 10 días que antecedieron a la instauración de la democracia se cristalizaron las secuelas que dejó la dictadura: pobreza, deudas, desempleo, alza de precios, narcotráfico, polarización política y otros factores que llevarían a la UDP a vegetar en el averno.
CONGRESO.
De acuerdo al matutino Hoy, el 1 de octubre el Parlamento volvió a funcionar después de dos años, dos meses y 30 días. Senadores y diputados prepararon el Congreso Nacional del 10 de octubre, cuando sería ungido el nuevo gobierno.
Ese mismo día, el secretario general del Movimiento Nacionalista Revolucionario de Izquierda (MNRI), Mario Velarde, informó que Siles (1913-1996) retornaría al país el viernes 8 de octubre. Agregó que estaba concretando recursos de naciones amigas para acabar con “la masacre económica” que crecía por la “flotación del dólar”.
El New York Times, en su editorial, instó al Gobierno de los Estados Unidos a extender ayuda económica a Bolivia para colaborar al restablecimiento de la democracia. “Esa nación se convirtió en un ‘paria internacional’ porque varios países evitaron relacionarse con militares, otras por su refugio al tráfico de drogas y condena por la violación de los derechos humanos”.
CRISIS. En esos 10 días, la crisis estalló.
La Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB) convocó a la “Marcha del hambre”. Exigían la aplicación inmediata del “salario mínimo vital con escala móvil”. En Oruro, varios organismos sindicales acataron un paro en apoyo a ese sector.
El periódico Hoy, un día después, alertó que se venía una “sicosis de desempleo”. Denunció que los cargos considerados de jerarquía “prácticamente estaban copados”.
Los empleados públicos, con 10, 15 y hasta 20 años de antigüedad sugirieron organizarse sindicalmente.
A su turno, los productores de leche determinaron incrementar el precio, que bajaría el consumo de este producto a menos de un 30 por ciento.
DEMOCRACIA.
En esos días se preparó el cambio de gobierno. El 3 de octubre se comunicó que en el Palacio Legislativo, el domingo 10, a las 15 horas, se realizaría la posesión. Las Fuerzas Armadas “otorgaron garantías” a Siles para su regreso.
En esa jornada, el presidente de Perú, Fernando Belaúnde, demandó ayuda a Latinoamérica para la recuperación de la democracia en Bolivia.
El día 4, Óscar Eid Franco, miembro de la UDP, anunció la aprobación de un bloque de medidas económicas destinadas a resolver la crisis: el abastecimiento de alimentos, el nivel de salarios, el tipo de cambio, la deuda externa, el empleo y la lucha contra la corrupción.
UDP.
El 5, Presencia informó que el Congreso designó como presidentes de las Cámaras de Senadores y Diputados a Julio Gárret y Samuel Gallardo.
Por decisión mayoritaria del Parlamento se eligió a Siles como Presidente Constitucional y a Jaime Paz Zamora, Vicepresidente.
Un día después, algunos partidos políticos manifestaron su apoyo al nuevo gobierno, entre ellos el Frente Revolucionario de Izquierda (FRI). El Partido Socialista-1 (PS-1) “respaldó a Siles, pero no a Paz Zamora”.
El Movimiento Indio Túpac Katari-1 (MITKA-1) “exigió una gestión administrativa sincera y sin demagogia”.
Acción Democrática Nacionalista (ADN) ratificó su “oposición a la UDP”. El Partido Demócrata Cristiano exigió “la dictación de una Ley de Partidos”.
En Hoy se informó que 20 exministros de Estado iban a ser parlamentarios.
“Nueve de ellos colaboraron con el régimen de Hugo Banzer, cinco con Víctor Paz, tres con Lidya Gueiler, dos con René Barrientos y uno con Juan José Torres, Juan Pereda, Celso Torrelio y Luis García Meza”.
COB. La Central Obrera Boliviana (COB), a su vez, denunció que a la transmisión de mando se invitaron “a los personajes más repudiables y tétricos del mundo como el carnicero Menájem Begin, autor del genocidio perpetrado al pueblo palestino y libanés; a Jorge Biano, el tirano de El Salvador; a Reynaldo Bignone, representante de los verdugos que intervinieron en el golpe de García Meza y por cuyos servicios Bolivia debe pagar 700 millones de dólares”.
La entidad sindical aclaró que conservará su “plena independencia de clase”.
Sumado a ello, el dirigente Walter Higazi, del transporte público, anunció una posible quiebra, debido al “encarecimiento” de los repuestos e insumos importados.
SILES. El 7, Siles subrayó en El Diario que gobernará con las fuerzas progresistas y los trabajadores. Ratificó que iniciará una “guerra total” contra la corrupción, la especulación y fijará “un tipo de cambio real” para el dólar.
La Organización de Naciones Unidas (ONU), la Corporación Andina de Fomento (CAF) y la Comunidad Económica Europea (CEE) aseguraron mantener sus programas de cooperación con Bolivia. Por su lado, autoridades de Estados Unidos comunicaron que extenderían un préstamo de 40 millones de dólares.
Bajo ese contexto, la ciudadanía esperó con mucha ilusión el arribo de Siles. La UDP invitó a la población, el viernes 8, a horas 17, a un “reencuentro del líder con su pueblo”.
100 Días.
El recibimiento a Siles, el 8, fue apoteósico. La concentración se realizó en la Plaza San Francisco.
Ahí, él prometió que en 100 días sería aliviada la situación económica, que se negociaría el problema de la deuda externa y que se buscaría el reencuentro de las Fuerzas Armadas con el pueblo. Según El Diario, advirtió la creación de un gobierno obrero-popular, el desmantelamiento de la corrupción y el narcotráfico. Su discurso duró una hora y 40 minutos.
Ante la expectativa nacional e internacional, Siles fue posesionado el 10 de octubre. Ese día, él quedo sentado “Sobre un barril de pólvora”, como relata un libro con ese mismo título, que será presentado en estos días.
Con su llegada al Palacio Quemado —según Alfonso Crespo, en El hombre de abril— el hombre que gobernó Bolivia durante dos gestiones saltó a las brasas.
(*)Grecia Gonzales O. es comunicadora social



