Han transcurrido cuatro décadas desde el año en que Hernán Siles Zuazo recibió, de parte de Guido Vildoso, el bastón de mando para gobernar el país, el 10 de octubre de 1982, fecha que sirve para reflexionar sobre este sistema de gobierno que acompaña a los bolivianos desde entonces.
La población boliviana, sin distinción de colores políticos, clase social o situación económica, celebraba el 10 de octubre de 1982 el retorno a la democracia, tras haber sufrido una seguidilla de gobiernos de facto, dictatoriales militares en los que fueron asesinadas y heridas miles de personas y exiladas muchas más, en la mayor parte de las veces con saña y sin contemplación.
Una de las frases más recordadas de la época de las dictaduras militares es la del ministro del Interior de Luis García Meza, Luis Arce Gómez, quien advertía a los bolivianos que debían andar “con el testamento bajo el brazo”, una abierta amenaza de que podían ser ejecutados en cualquier momento, sin previo proceso, en caso de cuestionar el accionar de ese gobierno instalado por medio de las armas.
Quienes nacieron en 1982 para adelante no vivieron en carne propia los horrores de la dictadura, a más de lo que hayan podido leer en libros de historia o en artículos de prensa, por lo que no se imaginan a cabalidad qué pasó durante las décadas precedentes a 1982, cuando hombres y mujeres eran detenidos violentamente por pensar diferente, torturados y asesinados inmisericordemente.
Por estos motivos, es preciso valorar este sistema de gobierno, que incluso con sus imperfecciones es la mejor opción para que la gente conviva en armonía, diga lo que piensa y exprese todo lo que sienta, sin el temor a ser reprimida, torturada o desterrada de su propia patria.
Los analistas, los políticos (opositores y oficialistas) y los ciudadanos de a pie coinciden, al menos la mayor parte, en que la democracia es la mejor opción de gobierno para el país, con los límites que corresponden, es decir, sin vulnerar los derechos del otro.
Son cuatro décadas de aprendizaje, durante los cuales los bolivianos en general han aprendido, y siguen en ese camino, de que la convivencia en democracia no es una tarea sencilla, porque se debe aceptar las ideas del otro, incluso las críticas que pueden ser vertidas por personas que piensan diferente.
La Real Academia Española define la democracia como un “sistema político en el cual la soberanía reside en el pueblo, que la ejerce directamente o por medio de representantes”. Y se debe recordar a los administradores del Estado que todos los bolivianos forman parte del pueblo y no solo sus adeptos o incondicionales, por lo que su visión de pueblo debe ser mucho más amplia, porque pueblo son todos, sin excepción, y en ese sentido se debe gobernar para todos.



