Medio: Opinión
Fecha de la publicación: domingo 09 de octubre de 2022
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Democracia representativa
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Aquel 10 de octubre de 1982, Bolivia dejó atrás un período oscuro de su historia, caracterizado por las dictaduras militares y la inestabilidad política, para ingresar en la etapa de recuperación y consolidación de la democracia, que dura hasta hoy, aunque no ha sido precisamente un proceso lineal ni exento de altibajos.
La recuperación de la democracia, hace cuatro décadas, puso fin a la fase de terror y delincuencia de las autocracias militares. Bolivia comenzó a transitar por una vía renovada y bajo el imperativo de cultivar principios y valores democráticos como el respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales; la celebración de elecciones periódicas, libres, justas y fundamentadas en el sufragio universal y secreto como expresión de la soberanía del pueblo; la vigencia de un régimen plural de partidos y organizaciones políticas; la separación e independencia de los poderes públicos y el irrestricto ejercicio del derecho a la libertad de expresión, entre otros fundamentos. Sólo el ejercicio efectivo de la democracia otorga firme base a un Estado Constitucional de Derecho, que tiene como elementos esenciales el imperio del ordenamiento jurídico con la Constitución en la cúspide, el ejercicio del poder político con separación de funciones, la fiscalización del poder político y la promoción, resguardo y protección de los derechos humanos y libertades fundamentales.
No obstante, en los últimos años se advierte un deterioro democrático, que deriva de la falta de respeto a las libertades individuales, de elecciones libres y justas como en 2019, de las repetitivas vulneraciones al derecho a la libertad de expresión y, fundamentalmente, de la ausencia de separación e independencia de los poderes, lo cual ha causado la peor crisis del Órgano Judicial de la que se tenga memoria; tal crisis es resultado de la injerencia del Gobierno en la justicia, como ha quedado demostrado con la repartija de jueces entre el MAS y el expresidente del Consejo de la Magistratura. Hoy, los bolivianos temen a una administración judicial que encarcela a inocentes y deja libres a los delincuentes, porque se ha convertido en un instrumento de persecución: hay más de un centenar de disidentes presos.
Otro síntoma de la degradación democrática es lo revelado por un reciente informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos sobre el caso del hotel Las Américas en que se identifican ejecuciones extrajudiciales violatorias del derecho humano a la vida, torturas y uso discrecional de la detención preventiva.
Otro claro signo de deterioro democrático es el deseo de perpetuarse en el gobierno; como ha expresado la Corte Interamericana de Derechos Humanos, en una opinión consultiva, la reelección indefinida no es un derecho humano, pues la democracia necesita de la alternancia en el poder.
Como se puede advertir, hay preocupantes síntomas de un retroceso y se puede concluir que la democracia hoy está rodeada de amenazas que pueden debilitarla más. Y es tarea de todos preservarla y evitar que los rasgos autocráticos se multipliquen.



