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Medio: EJU TV
Fecha de la publicación: viernes 09 de septiembre de 2022
Categoría: Organizaciones Políticas
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Para entender el accionar político de un líder, es imprescindible tener un perfil psicológico, y es que, si algo transforma la mente del ser humano, es el ejercicio continuo, antidemocrático y por muchos años del poder.
Pero el JEFAZO, es un caso de estudio sociológico y psicológico, no admite estar fuera del poder, se ha vuelto fóbico, no importa con quien pelea ni a quien alude. Se refiere a temas familiares, a reuniones privadas, todos hemos perdido celulares, pero que él lo pierda, lo quiere convertir en un tema de estado y en un caso político, llegó a pensar que cuando mira noticieros, si no lo nombra sufre demasiado, ya lo habían advertido desde la antigüedad los griegos, y que normalmente padecen aquellos líderes que no tienen formación democrática, que tienen aspiraciones de dictadores y que se creen imprescindibles en la historia de sus pueblos, a esos trastornos se le llama Síndrome de hibrys.
La palabra hubris o hybris, de origen griego, significa orgullo, presunción o arrogancia es un trastorno psiquiátrico adquirido que afecta a personas que ejercen el poder en cualquiera de sus formas. Los griegos utilizaban este término para hablar del comportamiento humano caracterizado por una arrogancia desafiante frente a los dioses, por una ambición desmesurada que, temeraria e insolentemente, cree que puede obtener mucho más que aquello que el destino le permite.
Más allá de la mitología, el Síndrome de Hubris está también muy presente en el mundo real. Infinidad de reyes, emperadores, gobernantes de toda índole, políticos, militares, grandes empresarios y directivos lo han padecido y hace que quienes lo padecen pierdan el contacto con la realidad tras alcanzar un puesto de responsabilidad. Nadie está a salvo. Más rápido aún se sienten los síntomas cuando el ascenso a la cima ocurre en poco tiempo. ¿Quién no ha escuchado frases tales como “a este se le subieron los humos”, “se emborrachó con el poder”, “subió muy rápido y se cree una maravilla”, “antes era sencillo, ahora es petulante”, etcétera?
Aunque el síndrome responde más a una denominación sociológica que propiamente médica, los psiquiatras han reconocido siempre los efectos mentales del poder. Entre los síntomas que puede producir el mal de Hubris destacan:
• Un enfoque personal exagerado al comentar asuntos corrientes.
• Imprudencia e impulsividad. «Todo el que se opone a él o a sus ideas se vuelve su enemigo personal»
• Sentimiento de superioridad sobre los demás.
• Desmedida preocupación por la imagen, lujos y excentricidades.
• El rival debe ser vencido a cualquier precio.
• La pérdida del mando o de la popularidad termina en la desolación, la rabia y el rencor.
• Alejamiento progresivo de la realidad.
“Las presiones y la responsabilidad que conlleva el poder terminan afectando a la mente”. Según el neurólogo David Owen, llega un momento en que quienes lideran dejan de escuchar, se vuelven imprudentes y toman decisiones por su cuenta, sin consultar, porque piensan que sus ideas son correctas. Por eso, aunque finalmente se demuestren erróneas, nunca reconocerán la equivocación y seguirán pensando en su buen hacer.



