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Medio: Los Tiempos
Fecha de la publicación: jueves 08 de septiembre de 2022
Categoría: Organizaciones Políticas
Subcategoría: Otros
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La pelea interna que se ha desatado en el oficialismo, ¿es resultante de la caída de la corriente que sigue al expresidente Evo Morales y que trata desesperadamente de desplazar a los seguidores del actual Presidente?
No hay día en que los evistas dejen de chocar contra los arcistas del oficialismo o bien aparezcan nuevas denuncias de corrupción en el Gobierno. Es paradójico que no sea la oposición la que investigue y denuncie irregularidades, sino que sea una facción del propio partido de gobierno la que levante la voz para sindicar de corrupción a funcionarios o bien para señalar nuevas anomalías administrativas en diversas reparticiones públicas.
De acuerdo con los analistas consultados por este diario, la escalada de confrontación es el resultado de la desesperación del político cocalero y expresidente Evo Morales por verse a sí mismo como excluido en la lucha por el poder. Las encuestas favorecerían a Arce. Pero también ratifican que Morales ha perdido el perfil que lo distinguiera como uno de los líderes políticos más respaldados de los últimos años. Por el contrario, en vez de apoyo, ahora se ha transformado en un líder con gran rechazo e impugnación a su permanencia en la arena política.
Y es tan complicada su situación que en las últimas horas ha incrementado la intensidad de sus ataques al Gobierno. Según el hoy dirigente cocalero, se ha articulado un “plan negro” —así lo ha llamado él— de desprestigio en su contra, que estaría orquestado y ejecutado por masistas que formaron parte de sus gobiernos. Ha acusado, desde su nuevo posicionamiento como el más duro y eficiente opositor, al Ministro de Gobierno, al de Defensa y al exministro Hugo Moldiz como los impulsores de la campaña de desprestigio en que se ve inmerso y de la que trataría de librarse con sus denuncias. En ese vasto “plan negro”, los que supuestamente buscan infligirle desprestigio se mueven a lo largo del eje, en las principales ciudades del país, con el fin de recaudar dinero para el financiamiento de sus oscuras actividades.
Pero si inquiriésemos por la causa última de estas denuncias, es más seria la explicación de los especialistas, para quienes Morales sigue en caída libre y pierde más y más poder tanto en el Gobierno como en el MAS. Bajo su insistencia en impulsar su propia candidatura, no llega a vislumbrar otro opositor que no sea el Presidente, por lo cual, para ocupar su lugar en las futuras elecciones, trata de desgastarlo y de crecer a medida que trata de hundirlo, hasta convertirse en una alternativa real.
Por si fuera poco, y a raíz de los hechos que en 2019 determinaron su fuga, Morales se desespera aun más al constatar que pocos —acaso su círculo más íntimo de seguidores y colaboradores— dan crédito al fantasioso “golpe de Estado”. Acaso ha llegado la hora de admitir que se trata de un político en el ocaso de su carrera y que tal vez lo más digno para él sea retirarse y apagar la ventiladora que activó con la esperanza de hundir a todos para salvarse a sí mismo.



