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Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: miércoles 07 de septiembre de 2022
Categoría: Organizaciones Políticas
Subcategoría: Democracia interna y divergencias
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La guerra interna en el MAS está declarada y ya es abierta. Por ahora, el principal general de esta contienda es el expresidente Evo Morales, que un día denuncia a supuestos corruptos en el seno del Ejecutivo y al día siguiente habla de protectores de los narcos.
Sus seguidores no se quedan atrás. Su lugarteniente, el exministro Juan Ramón Quintana, exalta el liderazgo de su general indicando que es “un modelo de hombre”, a la vez que lanza sus armas en contra del general contrario, cuyo nombre no menciona, y a quien califica de “liwi liwi” (débil y enclenque). No sólo eso, a los otros enemigos internos les llama “karisiris”, aludiendo a la leyenda aymara de aquella bestia que chupa la grasa de los seres humanos.
Otro de los guerreros es el diputado Héctor Arce, quien no solamente ataca con munición verbal, sino que pasa a los hechos al plantear una denuncia ante la Fiscalía por el supuesto cobro de una millonaria coima en contra del presidente de la Administradora Boliviana de Carreteras (ABC), Henrry Nina, y otros 11 funcionarios de esa institución. A cambio, ha recibido amenazas de muerte, tal como sucede en las guerras que libran las mafias de los bajos mundos.
Justamente, el caso coima es el que ha venido a romper la tregua que habían prometido los dos bandos en disputa y que ahora están enfrascados en una guerra partidaria.
El general del otro ejército, que en este caso sería el presidente Luis Arce, ha mantenido bajo perfil y ha dispuesto a sus guerreros para la defensa más que para el ataque. Así, tres de sus ministros, Iván Lima, Edmundo Novillo y Eduardo del Castillo, han salido a desmentir las afirmaciones de Morales y, en consecuencia, a defender al Presidente del ataque lanzado por el jefe masista.
Y es que el expresidente ya apunta directo a Arce, sin guardar las formas y sin disimulo. Así, por ejemplo, dijo que hace un año le advirtió que había corrupción en el Ministerio de Obras Públicas y en la ABC. Esta declaración, carente de ingenuidad, está orientada a culpar al propio Presidente de encubrimiento. Pero, vaya paradoja, al hacerlo Morales también se autoincrimina.
La otra paradoja es que el expresidente, que no es un dechado de virtudes, pretende convertirse ahora en paladín de la justicia y la ética, pero lejos está de tener esa imagen el hombre que ha violado la Constitución y que ha apañado la corrupción durante 14 años en el Gobierno.
Lo que es rescatable de la guerra azul es que los súbditos de este reino poco a poco se están quitando la venda de los ojos y al fin pueden ver los asuntos escabrosos de la administración pública. Morales juega ahí un papel útil para que la Fiscalía investigue a los corruptos. Eso, nada más que eso.



