Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: miércoles 31 de agosto de 2022
Categoría: Organizaciones Políticas
Subcategoría: Otros
Dirección Web: Visitar Sitio Web
Lead
Contenido
La pérdida de un simple teléfono celular ha provocado una gigantesca movilización de la Policía, ha reactivado la guerra interna del MAS, ha agravado los delirios de persecución de Evo Morales, ha desatado una paranoia entre los seguidores del expresidente y ha inspirado una desbordante picardía en las redes sociales sobre el posible contenido del aparato. Todo eso por un simple celular, o tal vez no sea tan simple.
Sobre el operativo policial hay que decir que estamos ante un hito porque nunca antes se había visto que un solo policía se movilice para buscar el celular de nadie. Todos los que perdemos nuestros teléfonos, nos resignamos porque no queremos aumentar la pérdida de tiempo ni de recursos yendo a la Policía a abrir un caso. A propósito, el ministro de Gobierno, Eduardo del Castillo, como quien ningunea al denunciante, ha señalado que no existe denuncia alguna sobre el hurto de un celular. Si es así, habrá que preguntarse cómo es que los efectivos se movilizaron para buscar algo que no fue reportado como perdido.
La guerra interna del MAS no es reciente, pero está visto que va tomando ribetes de escándalo desde que Evo Morales apuntó, aunque de manera indirecta, al ministro Del Castillo por la pérdida de su celular. No sólo eso, sino que consideró que el hurto es un acto premeditado, que es un ataque en su contra y no descartó que vayan a aparecer “montajes” para perjudicarlo. Está claro que Evo Morales no sólo ha perdido el celular, sino también el sueño, la paz y la tranquilidad.
No es la primera vez que Morales se refiere a Del Castillo como a un enemigo del MAS o como si fuera una especie de espía o infiltrado dentro del oficialismo. Ya lo hizo antes cuando preguntó si la DEA o Usaid asesoran al Ministro de Gobierno, cuando lo acusó de querer derechizar al MAS, o cuando le obligó a dar explicaciones sobre los dirigentes que “se llenan los bolsillos” con la coca. No sólo eso, sino que Morales hizo fuertes acusaciones en contra del Gobierno y de altos jefes policiales porque supuestamente frenaron un operativo en beneficio de los narcos asentados en Valle Sacta, en el Chapare.
Frente a esta arremetida, el presidente Luis Arce ha optado por mantener en su cargo al Ministro de Gobierno, lo que debe estar provocando más de un dolor de cabeza a Evo Morales. Las sonrisas para la foto y las proclamas de unidad esconden el enfriamiento de las relaciones entre Arce y Morales.
En ese marco, el incidente del celular robado demuestra que la disputa interna está subiendo de intensidad y que ya nadie puede confiar en nadie. De aquí para adelante hay que esperar, entonces, una guerra de baja intensidad sazonada por filtraciones, seguimiento a los enemigos, infiltrados en reuniones, entre otras armas para destruir al excamarada.
En medio del escándalo por el celular extraviado, no faltó el diputado que acusó a Estados Unidos de estar detrás de su desaparición, lo que no deja de ser un síntoma de paranoia, puesto que seguramente la potencia del norte tiene asuntos de importancia global de los que ocuparse, en vez de estar detrás de la vida privada de un expresidente.
Y finalmente está el condimento que circula por las redes, en las que la gente imagina lo que ese celular puede contener, desde secretos de alcoba hasta asuntos comprometedores del partido. A juzgar por la preocupación de Morales, es probable que más de un internauta esté dando en el clavo.
Toda persona que pierde su celular tiene un mal día porque en él se van algunas fotografías importantes, una que otra clave personal o incluso los accesos a las cuentas bancarias, pero como todo eso se puede bloquear con una llamada telefónica, entonces el asunto no pasa a mayores.
Está claro que el celular de Evo Morales contenía mucho más que eso o, de otra manera, no se explicaría tanto despliegue, preocupación y paranoia por un simple
teléfono.



