Medio: Los Tiempos
Fecha de la publicación: miércoles 24 de agosto de 2022
Categoría: Organizaciones Políticas
Subcategoría: Otros
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Sin el necesario tacto político, y tal vez creyendo que al anticiparse deja con los crespos hechos a posibles competidores, sobre todo internos, el tristemente célebre exembajador de Bolivia en Paraguay ha tenido la pésima ocurrencia de anunciar la candidatura tempranera y desorejada del expresidente Evo Morales para 2025, en lo que él ha denominado el lanzamiento del “candidato bicentenario Evo Morales”.
Revela este inopinado lanzamiento de un candidato a la arena política lo urgido y ansioso que está el dirigente cocalero de volver al Palacio Quemado, al extremo de que a él y a sus correligionarios, los alineados al evismo, poco o nada les importa que el actual presidente Luis Arce transite —no sin grandes dificultades— hacia el segundo año de su mandato.
Los entusiasmados evistas, fieles a su concepción hedonista y festinatoria del ejercicio del poder, no han reparado en que el país confronta una difícil situación por dos conflictos que pueden causar grandes problemas, como la lucha de los cocaleros de la Asociación Departamental de Productores de Coca de La Paz contra un mercado ilegal para la coca, defendido por los masistas que tienen el respaldo del Gobierno, liderados por el insondable y sibilino Arnold Alanes, y las protestas desatadas tras la postergación del censo para 2024, sin que haya, hasta ahora, una explicación técnica sobre este diferimiento, que sus críticos vinculan con un intento de frenar la nueva redistribución de representantes de la Cámara Baja, fundada en criterios poblacionales; con la inexistente voluntad de poner en vigencia un Pacto Fiscal que desconcentre hasta el 80 por ciento de las recaudaciones tributarias en La Paz; con la más que segura baja autoidentificación de la ciudadanía con algún pueblo indígena, de tal modo que la conclusión más obvia sea que Bolivia es una nación mestiza o, finalmente, con la posibilidad de contrastar las nuevas cifras obtenidas en el censo 2023 con las del cuestionado padrón electoral, bajo sospecha de estar “inflado” y ser impreciso y poco apto para regir más elecciones.
El otra vez “candidato” no tiene competidores externos, y se ha cuidado de mantener a raya a quien osara poner en riesgo su inocultable y repetitiva pretensión, que es lo que ha sumido al país en una crisis política que aún no encuentra una salida.
Tal parece que el apresurado lanzamiento de la nueva candidatura de Morales obedece más bien a frenar las pretensiones de los posibles rivales internos, en el propio MAS, que los hay y cuyas pugnas por postular para 2025 han fracturado al partido de gobierno.
Basta citar como ejemplo al propio presidente Luis Arce, favorecido por las encuestas, pero sobre todo al vicepresidente David Choquehuanca, devenido en un férreo impugnador del evismo; él es quien ha disparado un torpedo verbal en la línea de flotación del “postulante” Morales: “si no eres buen padre, no vas a poder ser buen presidente ni vicepresidente”. Y todo esto en medio de exhortaciones masistas a la unidad, lo cual mueve a preguntarse, no sin ironía y preocupación, en qué pasaría si no estuvieran tan “unidos” como dicen estar.



