Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: miércoles 24 de agosto de 2022
Categoría: Organizaciones Políticas
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Evo Morales tiene la virtud o el vicio –como se quiera- de estar perpetuamente en campaña. Por eso no sorprende a nadie que se hable de proclamaciones en su nombre o de que encabece las listas de su partido por doquier.
Pero una cosa es estar presto para la candidatura y otra entrar en carrera en serio, cuando faltan más de tres años para la elección. Eso, que no es novedad como sabemos, le hace daño a la democracia, que se pierde en campañas y retóricas permanentemente, pero también a la actual gestión de gobierno, que está liderada por otro posible candidato a la reelección, a quien cortan abruptamente las alas de una legítima aspiración.
El asunto es que si alguien está apurado en asegurarse un puesto en la papeleta de sufragio es Evo, aunque diga lo contrario; habrá que recordar la cantidad de veces que prometió no volver a postularse y luego lo hizo con el manido argumento de que no es él quien quiere la perpetuidad en el poder, sino “el pueblo”. Por eso, lejos de molestarse con sus correligionarios que hace unos días ya lo anunciaron como el “candidato del bicentenario”, ha debido sentirse aliviado: ahora seguirá haciendo campaña, esta vez sin disimulo.
Con todo, luego del revuelo provocado por el lanzamiento anticipado de su candidatura, Morales agradeció a quienes lo postulan, pero dijo que no es tiempo de pensar en los comicios. “No es tiempo de pensar en elecciones, sino de unirnos para defender nuestra Revolución Democrática Cultural”, tuiteó. Sin embargo, deslizó que casi a diario quieren proclamarlo como candidato; recordó que cuando retornó del exilio, en 2020, numerosas delegaciones lo visitaron solo para decirle que quieren proclamarlo como postulante a la presidencia.
Pero ya sabemos cuáles son los códigos de estos mensajes: nadie dice lo que de verdad piensa, aunque todos lo saben, por lo evidente. Y en este caso, es obvio que este anuncio tiene que incomodar al presidente Luis Arce, quien se pone así en el aprieto de quedar mal, tanto si comenta como si no lo hace.
Arce tiene aún mucho trabajo por delante para mantener la estabilidad económica y política, que son su principal carta de gestión y política, y lo que seguramente espera es que su partido haga cuerpo en torno a estos objetivos y no se precipite en una precampaña que sólo revela fisuras internas.
Para el país, para la ciudadanía, este tipo de exabruptos políticos son moneda corriente; expresiones a las que, especialmente el MAS y Evo, nos tienen acostumbrados, lo que no quiere decir que sea por ello grato. La electoralización de la escena política en momentos en que queda tanto que hacer en la gestión y en un tiempo delicado en que la economía deja muchas interrogantes, no le hace bien a nadie, ni siquiera al propio candidato aventajado.
Bien haría Evo en mostrar que su popularidad es alta, pero no así sus ambiciones u obsesiones políticas. El MAS tiene una fuerza política indiscutible, pero no conviene relativizar la importancia de la unidad del partido y este tipo de demostraciones de fuerza no son precisamente la mejor señal ante el pueblo.
Por otra parte, la prematura precandidatura de Evo Motrales reflota un debate aún irresuelto en el país, que podría perjudicar más que beneficiar a su partido. ¿Merece volver a postular a la presidencia el hombre que violó la Constitución por su ambición de eternizarse en el poder? ¿Merece volver a las urnas el hombre que sembró la semilla de la masacre de octubre de 2019? Y en parte del MAS seguramente se preguntarán si merece postular a la presidencia el hombre que huyó del país y dejó a sus bases solas para defenderlo.
De todas formas, será interesante ver cómo madura esta precandidatura al interior del MAS y del gobierno. Y, claro, también habrá que ver si tiene algún efecto en la dispersa y desorientada oposición.
popularidad es alta y no así sus
ambiciones
u obsesio-nes políti-cas.



