Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: domingo 21 de agosto de 2022
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Democracia representativa
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Poniendo el ejemplo de Coroico, el autor analiza la estrategia de fragmentar el voto en nombre de una multiplicidad de egos, que puede tener consecuencias nefastas.
El “proceso electoral” no es el único proceso de elección en una democracia. A su vez, el proceso de elección no siempre forma parte del proceso electoral. Elizabeth Mamani, candidata a la alcaldía de Coroico por el MAS, por ejemplo, resultó ganadora con el 25% de los votos. En la oposición había 10 candidatos. Obviamente, no hubo un proceso de elección entre los diez candidatos quienes, al rehusar unir fuerzas, obligaron a los ciudadanos de Coroico a fragmentar su voto.
Coroico hoy es gobernado por una minoría y su población debe observar cómo su ciudad se convierte en el más mellado botín de guerra de la nación. En consecuencia, hay cuadras enteras de carros chutos, estacionados en angostas y deslucidas calles, sin que nadie diga o haga nada porque pertenecen a los gobernantes. Una ciudad otrora atractivo turístico, ahora es un paño de lágrimas para sus habitantes, que no entienden cómo fue que eligieron su destino.
Somos una pluralidad de naciones y visiones. Ello es bueno. A mi siempre me ha gustado el mestizaje, sea en la música, filosofía o en mi propia herencia genética. Pero en lo político, fragmentar el voto en nombre de una multiplicidad de egos, puede tener consecuencias nefastas. Y para muestra, el tesoro turístico de los Yungas de botón.
Un mecanismo utilizado en otras democracias son las primarias, en las cuales los aspirantes a un cargo político debaten sus visiones, programas económicos y estrategias para lograr mayor justicia (entre miles de otras complejidades que implica gobernar). Celebrar primarias permite al electorado elegir a un solo representante entre la multitud de voces y ambiciones.
Es decir, entre tonos de rojo se elige un matiz, que luego irá a competir con el ganador de los tonos de azul o verde. No hay rojos puros, únicos y verdaderos. Hay diferentes gamas de rojo, verde y azul. Lo que idealmente debería haber es un solo candidato que represente a cada visión. Lamentablemente, en nuestro país lo que se impone es la ambición.
En la presente coyuntura histórica yo apoyaría una candidatura de Luis Arce Catacora. No porque comulgue con su visión o contenido, sino porque hoy por hoy el representa gobernabilidad, estabilidad y continuidad en políticas de Estado.
Es verdad que esas políticas (deuda pública, elefantes blancos y entrega de soberanía sobre la naturaleza al Gran Dragón) únicamente son factibles en una nación con la población de una urbe en México, Brasil o China. Si no fuera porque somos una nación de mercaderes, que mueven la economía comprando y vendiendo de todo, incluyendo sustancias controladas y contrabando, otra sería nuestra realidad. Pero en una nación ingobernable, “Lucho” es ahora nuestra mejor opción.
“¿Cómo vas a decir tremenda barbaridad?”, espetará un derechista que ni siquiera entiende de cadenas productivas, desregulación, e incentivos para una señora de pollera a quien tilda de “dueña de tienda”, cuando en realidad es empresaria. Los derechistas bolivianos de conservadores no tienen nada. Son estatistas “light” que no entienden de las bondades de la libertad individual, igualdad de oportunidades, inclusión o cómo crear condiciones para el protagonismo de la sociedad civil.
Demasiados mal llamados “derechistas” otrora vivieron de la teta del Estado. ¡Que no pretendan ahora ser adeptos de la economía de mercado y democracia liberal, cuando en realidad lo único que añoran es recuperar la mamadera! Y si mi memoria no me falla, en las elecciones pasadas la “derecha” no se puso de acuerdo. Cada facción se fue por su lado, fragmentando el voto. Su incapacidad de unirse en un frente único dejó entrever su mezquina y desnuda ambición de poder. ¿Debería yo ser seducido por esa alternativa?
Ahora bien, si en la oposición hubiera un proceso de elección para definir quién será su representante, dentro del espíritu de compartir el poder (y no el “todo o nada”, con el cual actuaron la vez pasada), puedo estar reconsiderando mi voto. Pero primero deben seducirme con su capacidad de encontrar mínimos consensos sobre la dirección que pretenden conducir nuestra nación.
Aprender a elegir (cultura democrática) el cómo queremos elegir (primarias) a quién luego pretendemos elegir (urnas) es parte del proceso por el cual una sociedad es verdaderamente libre (de elegir). Y si bien este puede ser tan solo un ejercicio académico (por no decir “insulso”), si al final elegimos no elegir a un solo candidato, ello también es una elección. Por ende, deberíamos empezar a hablar, aunque sea en teoría, de primarias u otros mecanismos de preselección. De lo contrario, daremos nuevamente lugar a que los “presidenciables” de todo el territorio nacional sigan jalando el agua para su molino personal, político y regional.
Falta muy poco para las elecciones generales del 2025. Ya casi estamos en 2023, año en el cual deberíamos saber quién representa a la oposición y quién al MAS. No debemos olvidar que los azules también tendrán su propio proceso de elección entre Luis Arce y Evo Morales. La sociedad no debería entrar a la recta final del 2024 sin saber cuáles son sus opciones electorales.
Desarrollar mecanismos de preselección, o primarias, implica tener reglas claras, un marco institucional, recursos económicos, participación ordenada y transparente de la sociedad civil, y un acuerdo sólido entre los aspirantes de representar a una oposición unida. En lo personal, entiendo que, en un país donde reina la improvisación y discrecionalidad, el ponerse de acuerdo para ponerse de acuerdo será casi imposible. Pero reitero. El no ponerse de acuerdo será también una elección.
En el MAS también deberán ponerse de acuerdo. ¿Cuáles mecanismos utilizarán para definir quiénes estarán en su boleta? Será interesante observar el proceso. Espero que se imponga la cordura y reelijan al presidente Arce como candidato el 2025. Porque si eligen a Evo Morales, con una oposición incapaz de ponerse de acuerdo ni siquiera para ponerse de acuerdo, habremos cumplido con la promesa de caer nuevamente del sartén al fuego. ¡Recuerden Coroico!
Flavio Machicado Terán / Ciudadano preocupado




