Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: domingo 21 de agosto de 2022
Categoría: Organizaciones Políticas
Subcategoría: Democracia interna y divergencias
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Lo que le convendría al MAS en términos electorales el 2025 sería presentar un frente único, cuya cabeza preferiblemente no sea Evo Morales, analiza el autor.
El MAS enfrenta una realidad ineludible: tiene tres postulantes para un solo puesto. Tanto Luis Arce como Evo Morales y David Choquehuanca quieren ser, o continuar siendo en el caso de Arce, presidente. Lo que el MAS enfrenta es una relación triangular, donde hay todo menos amor; el que mejor sepa administrarla será el que mayores posibilidades tenga de ser presidente del oficialismo, o un desgajamiento del mismo, a partir del 2025. Lo que se avizora es una división, no una sucesión.
De estos tres candidatos, el mejor posicionado es, según una encuesta reciente de la firma Cultura Interactiva publicada por Página Siete, Luis Arce, cuya imagen positiva supera la negativa en 4,2%. El peor posicionado es Evo Morales, cuya imagen negativa supera a la positiva en un 21%, mientras que Choquehuanca se encuentra con un diferencial negativo del 6,9%.
Si bien falta mucho para las elecciones, y las cosas pueden cambiar hasta entonces, parece que aun dentro de tres años sería cuesta arriba para una candidatura de Morales revertir la percepción negativa que tiene de su figura una gran proporción del electorado, siendo así que de todos los políticos encuestados éste tiene la calificación más alta en la categoría muy negativa, de 41,1%, 8% por encima del segundo político más resistido, Luis Fernando Camacho. Por ahora, lo que le convendría al MAS en términos electorales el 2025 sería presentar un frente único cuya cabeza preferiblemente no sea Evo Morales.
Arce se enfrenta al problema inverso: cómo mantener una valoración positiva relativamente alta del electorado. A diferencia de Morales, Arce corre el riesgo de que una economía en picada malogre su candidatura. Por ahora los desequilibrios fundamentales en la economía se salvan a raíz de una coyuntura favorable en los precios de nuestras exportaciones. Si en los próximos tres años llegaran a caer significativamente, podrían forzar medidas altamente impopulares, o un descontrol similar a la que sufre la economía argentina actualmente, dado que el BCB ya no contaría con reservas suficientes para sostener déficits simultáneos fiscales y en cuenta corriente. En ese caso, lo que lo favorece ahora, un buen desempeño de la economía en comparación al desastre económico de 2020, causado por la pandemia del covid, podría no hacerlo de aquí a tres años.
Si la dirigencia del MAS no pudiera llegar a un acuerdo respecto de su candidato presidencial, el partido debería dirimir su candidato en una primaria interna, cuyo resultado garantice un solo candidato del MAS, y ninguno fuera del MAS. Pero lo más probable en este juego de tres es que esto no se dé, porque tanto Arce como Choquehuanca están conscientes de que en una primaria interna Morales llevaría las de ganar.
Para Arce, el escenario ideal sería que Morales acepte apoyarlo el 2025 a cambio de que Arce ofrezca su apoyo a Morales el 2030. Para que ese arreglo tenga validez dos cosas se tendrían que dar. La primera es que el MAS logre controlar el Tribunal Supremo Electoral de tal modo de poder garantizarle razonablemente la presidencia a Arce el 2025 y a Evo el 2030. Ese proceso ya se encuentra bien encaminado con las renuncias del presidente y vicepresidente del TSE y el nombramiento de reemplazantes afines al MAS, y el cambio de los integrantes de los tribunales departamentales no afines al MAS.
La segunda condición es que Morales renuncie a ser candidato el 2025, pero hay pocas cosas menos probables en política que la renuncia de Morales a su candidatura el 2025.
Una oferta en sentido contrario, es decir, que Arce apoye a Morales el 2025 a cambio de que éste lo apoye el 2030, no parece plausible a estas alturas, aun cuando Morales y sus acólitos hayan dado por sentado ese apoyo cuando eligieron a Arce como candidato el 2020, porque Arce, por ahora, es el mejor candidato del MAS, por lo cual difícilmente renunciaría a un segundo mandato. Además, Morales también tendría que renunciar a un segundo mandato, a menos que el trato sea para el 2035, lo cual se avizora demasiado lejos en el tiempo para que parezca razonable.
Pero el obstáculo más grande a un arreglo de ese tipo sería la falta de credibilidad en el cumplimiento de la palabra empeñada. Morales ha demostrado ampliamente que lo que quiere ser es presidente vitalicio. ¿Quién habría de creerle que siendo él el presidente apoye a otro candidato para que éste lo suceda? En cuanto a Arce, nadie garantiza que no quiera emular a su otrora jefe e intente perpetuarse en el poder.
El arreglo que más le convendría a Choquehuanca, dado que del trio de pre candidatos es el que tiene menos posibilidades de triunfar el 2025, sería que éste acceda a apoyar a Arce el 2025 a cambio de que Arce lo apoye el 2030; ya siendo vicepresidente sería natural que acompañe a Arce un segundo periodo de gobierno. Además, le restaría posibilidades de ganar a una candidatura de Morales, al cual considera su principal adversario, tanto el 2025 como el 2030. Claro está que Choquehuanca correría el mismo riesgo de que Arce no cumpla con su palabra; quizás ese sería el único caso en que Morales y Choquehuanca se llegarían a unir.
No vale la pena analizar otras combinaciones porque parecen muy poco probables, por ejemplo, que Morales o Arce apoyen a Choquehuanca el 2025 a cambio del apoyo de éste en futuras elecciones.
En conclusión, el escenario más probable es un enfrentamiento electoral Arce-Choquehuanca-Morales.
Una elección en la que se divide el voto del MAS podría parecer una bendición para la oposición. Ciertamente haría virtualmente imposible su victoria en primera vuelta. Sin embargo, si consideramos razonable que el electorado se vaya a dividir en dos partes aproximadamente iguales entre oficialista y oposición, existe la posibilidad, tal vez hasta la probabilidad, de que pasen a la segunda vuelta los dos candidatos del MAS. Eso porque el voto del MAS sólo sería dividido en dos, mientras que el de la oposición se dividiría quien sabe en cuántos candidatos –en la elección del 2020 hubo ocho candidatos– y por ahora ningún potencial candidato de la oposición parece capaz de ganar un porcentaje lo suficientemente alto del voto de la oposición como para garantizar su pase a la segunda vuelta.
De ese modo posiblemente
–porque ¿quién puede asegurar que el MAS no podría ganar las elecciones legítimamente el 2025?– le salvarían al MAS el bochorno de ganar a través de un fraude instrumentalizado por su TSE. En ese caso, en segunda vuelta habría que esperar a ver a quién de los dos candidatos del MAS pertenece el TSE.
Carlos Guevara Rodríguez / Columnista circunstancial




