Medio: El Potosí
Fecha de la publicación: martes 16 de agosto de 2022
Categoría: Organizaciones Políticas
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En abril de 2001, el entonces diputado Evo Morales era uno de los hombres más mediáticos del país. Con un discurso radical de oposición a los gobiernos que él calificaba de “imperialistas”, y su enfrentamiento a las fuerzas de erradicación de cocales del Chapare, se había convertido en uno de los personales públicos más influyentes del país.
Pero, además, Morales era famoso por su capacidad para paralizar el país. Los bloqueos de caminos que encabezaba en el trópico de Cochabamba se caracterizaban por no dejar pasar a nadie. Hasta entonces, los cierres de vías eran medidas que se asumía con cierta frecuencia, pero tomaban en cuenta criterios humanitarios como, por ejemplo, permitir el paso de ambulancias o considerar las edades de las personas que se quedaban varadas.
En el abril del que hablamos, el bloqueo caminero en Cochabamba ya llevaba varios días y largas filas de camiones permanecían varadas en varios puntos de las vías.
Morales había convocado a una conferencia de prensa en la sede de los cocaleros para hablar del tema y varios periodistas acudieron a ese llamado. De pronto, sin que nadie supiera de dónde salió, apareció el empresario bananero Miguel Zambrana. Estaba furioso y, ayudado por su gente, llevaba una veintena de cajas de plátano… podrido. Era la fruta que se había perdido porque estaba en los camiones varados por el bloqueo.
Puso las cajas en la mesa, en el piso, y espetó al diputado. Le dijo que la podredumbre de la fruta en los caminos del trópico, imposibilitados de seguir camino para llegar a los puertos de exportación, era su culpa. Lo acusó de estar hundiendo al país, no solo por los bloqueos sino la convulsión social, que era frecuente. Morales no se dejó y también le hizo acusaciones. Le respondió a Zambrana que él se había aprovechado de los campesinos para enriquecerse, aprovechando la influencia que tenía en el gobierno, por ser cuñado del senador potosino Wilson Lora. Las cosas llegaron a tal punto que estuvieron a punto de trenzarse a golpes. El empresario le dijo que quería romperle los dientes y solo se contenía por su inmunidad parlamentaria.
Este episodio es el que mejor grafica los efectos que causaban los bloqueos de los cocaleros dirigidos, por entonces desde hacía más de 15 años, por Evo Morales. Pero, claro, uno era el diputado de oposición, que hasta tuvo que soportar detenciones y palizas en la cárcel, y otro el hombre que asumió la presidencia del país el 22 de enero de 2006.
Cuando llegó al poder, Evo tardó muy poco en convertirse en el principal enemigo de la prensa, que le dio tanto espacio en sus años de diputado, pero, además, pasó de ser víctima a protagonista de las represiones. Los bloqueos disminuyeron notablemente, porque era él quien los promovía, y, cuando surgía uno, él se convertía en su principal crítico.
Morales ya no es presidente, por lo menos en lo formal, pero los bloqueos que no promueve él son malos. Refiriéndose a los de Santa Cruz, publicó, en su cuenta de Twitter, que “los conflictos, paros o amenazas de movilización, solo perjudican a la economía del pueblo trabajador” y se olvidó no solo su pasado de bloqueador del Chapare, sino los que organizó recientemente en San Julián, en la propia Santa Cruz.
Por tanto, como ha quedado suficientemente demostrado a lo largo de todos estos años, el expresidente maneja un doble discurso, acomodaticio a sus intereses y a su forma de mirar el mundo. En su amnesia interesada no caben los bloqueos programados, que él ejecutaba cada septiembre, para que sus cocaleros siembren en exceso, sin el control de los encargados de erradicación a los que él echó cuando tomó el poder.



