- BRÚJULA DIGITAL - Análisis: voto blanco y nulo ganó en 77 de los 87 municipios de La Paz
- Urgente BO - Conoce quiénes componen el nuevo Concejo Municipal de La Paz
- EJU TV - “NGP no estaría participando en dos procesos electorales”: La clave para la anulación de la sigla que dejó fuera a Yahuasi
- Correo del Sur - Yahuasi pierde batalla en el TSE y NGP, su personería
- Urgente BO - TSE rechaza recurso de Yahuasi y anuncia cancelación de la personería jurídica de NGP
- Brújula Digital - |OPINIÓN|Cuando la política se vuelve un negocio|Jaime Navarro|
- El Deber - TSE ratifica suspensión de segunda vuelta en La Paz e inicia trámite para cancelar la personería de NGP
- Correo del Sur - TED Chuquisaca ratifica debate para este domingo 12 de abril
- UNITEL - Los comicios para elegir al gobernador de Santa Cruz, Beni, Tarija, Oruro y Chuquisaca están programados para el domingo 19 de abril. El silencio electoral rige desde el jueves 16 de abril
Medio: El País
Fecha de la publicación: domingo 31 de julio de 2022
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Democracia representativa
Dirección Web: Visitar Sitio Web
Lead
Contenido
Oficialismo y oposición han entrado en batalla de posiciones sobre agravios y amenazas que obvian las necesidades de los ciudadanos, a los que les piden el voto por afinidad emocional
- Redacción Central / El País
- 31/07/2022 00:00
La política populista ha transmutado los roles forzando la personalización de sus actores. Lo normal era acercarse a la población pidiéndole que te contara sus problemas para después, en un arranque de empatía, se entonara aquello de: “vótame y yo te lo resolveré”, después, el que lograba encandilar a la población doliente tenía cinco años para cumplir esas promesas, o al menos una parte, para después volver a la misma gente a decirles: “cumplí” o bien explicar por qué razones no se cumplió y cuales son los argumentos para volver a pedir la confianza.
En los últimos tiempos, la identificación con los votantes se busca a través de otros mecanismos, como el del dolor: “Vótame, ¿no ves lo que me están haciendo?”, así, la discusión desplaza lo esencial de la política, que es lograr vías para cubrir las necesidades personales o de grupo a través de la gestión de la cosa pública por otros componentes emocionales donde el que solicita la ayuda es el propio político, que se presenta más como el héroe de Hollywood librando una batalla contra quién sabe qué. En los grados más elevados de este populismo, se justifica cualquier medida por muy antidemocrática que parezca con tal de salvar al líder.
En Bolivia prácticamente todos los políticos y partidos se han abonado a esta segunda forma de hacer política, en parte por su funcionalidad en redes sociales, siempre dispuestas a premiar los relatos épicos frente a cualquier análisis racional de contexto y oportunidad, pero en parte también porque eso permite obviar promesas y explicar qué es lo que se pretende hacer con determinados asuntos.
Los hechos de 2019 le han servido al Movimiento Al Socialismo (MAS) para actualizar su discurso que en las formas no es diferente al que le llevó al poder en 2005 abrazado a la realidad de la exclusión popular en Bolivia, pero le ayuda además a personalizar en sus íconos y a difuminar los resultados concretos de sus años de gestión en la amenaza del golpe permanente. Para el MAS ya no importa lo que ha hecho y mucho menos lo que propone hacer, sino lo que alguien le pueda hacer a sus dirigentes.
Curiosamente, la respuesta de la oposición es similar. La petición del voto ya no es por lo que ellos pueden hacer por el votante, sino que la apelación permanente es a una amenaza sobre Bolivia en general y sobre ellos en particular, aun cuando aquellos que realmente padecen los flagelos, como en el caso de Jeanine Áñez, apenas aparece en los discursos de los “supervivientes” cuando la actualidad informativa apremia con sus hitos. Esta práctica se usa también a nivel municipal y departamental, con Luis Fernando Camacho o Manfred Reyes Villa como ejemplo.
Si hay algún momento factible para que esto cambie son precisamente estos momentos de crisis e inseguridades personales y sociales. En el mundo exterior caen tormentas fuertes y en Bolivia se dice que todo está asegurado mientras las primeras gotas empiezan a atravesar el tejado y uno se da cuenta que sigue en casa de sus padres, sobreviviendo con empleos informales, sin nivel de estudios, con un internet de quinta y con pocas opciones de que todo eso cambie. Mientras, los políticos piensan en ellos y en sus problemas.



