Medio: Los Tiempos
Fecha de la publicación: viernes 29 de julio de 2022
Categoría: Representación Política
Subcategoría: Acoso y violencia política
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El señor Gustavo Torrico se ha ilustrado desde hace años por una concepción especialmente brutal de la política. Y si alguna virtud hay que señalar en el caballero, es que no se limita a hablar, sino que pone en práctica lo que predica. En ese sentido, es una excepción en su franquicia política: un izquierdista que prefiere la acción a las largas siestas y a los discursos vacíos.
Lo demostró bien en 2019 cuando preguntaba en una entrevista si las madres bolivianas estaban dispuestas a enterrar a sus hijos por algo tan minúsculo, a su juicio, como el respeto a las reglas democráticas. Y no era una pregunta retórica, nos quedó muy claro...
Más recientemente, hay serios indicios de su implicación en la organización de los grupos de choque, esa escoria despreciable, que aparecen en las manifestaciones de cierta oposición política.
Es nomás un cogotero, el buen hombre. Con convicciones e ideología, sin duda, pero cogotero al fin. Supongo que las buenas almas que hablan de revolución y progreso social en las universidades y cenáculos socialistas necesitan de personas como Torrico para plasmar sus sueños. De ahí que los toleren y protejan tanto.
Lo interesante en estos últimos días es que se han alzado algunas voces para pedir la renuncia de este poderoso viceministro. Pero eso no es lo que más llama la atención, sino las razones por las que algunos piden su cabeza: por maleducado y, dicen, machista.
El señor, sin mucha precaución en estas épocas de cámaras omnipresentes, habría afirmado que la alcaldesa alteña, ex y futura masista, era una "loca".
No estoy de acuerdo con tanta ordinariez, naturalmente. Para criticar a Eva Copa no hace falta usar adjetivos ni groserías. Hay tantos otros argumentos posibles... desde su manifiesta ineptitud hasta su masismo encubierto.
El asunto es que, al final de cuentas, sólo se pide a Torrico que sea más amable con las señoras. Es como si su comportamiento brutal en otros ámbitos fuera un asunto menor, casi un chiste. Pero en cuanto se ataca "a las mujeres", de inmediato se le exige un poco más de civilidad.
En suma, en esta sociedad aceptamos que un cogotero sea viceministro... pero queremos que sea un cogotero medianamente educado, uno que sepa "respetar" a las mujeres. Puede mandar a sus turbas a pegarlas en manifestaciones y mítines, pero cuidado con decirles locas. Eso, definitivamente, es inaceptable.
A este paso, sin duda terminaremos siendo un país conocido por la cortesía de sus criminales. Supongo que habrá ingenuos que se sientan orgullosos por ello.



