Sociológicamente es legítimo y sensato que las mayorías gobiernen un país y esta necesidad histórica siempre se ha decantado, temprano o tarde; lamentablemente no exenta de cruentos enfrentamientos debido a que la minoría descuidaba negligentemente la equidad social azuzando la discriminación, el racismo, la exclusión y la indiferencia por los siempre olvidados que son los pobres.
No se debe perder la perspectiva, sin barruntos, que esta situación puede desmoronarse, como hoy les sucede a países poderosos, aunque con otros estamentos sociales.
¿Cuáles son las causas que se erigen inequívocamente para que languidezca un gobierno de la mayoría? Fundamentalmente por la relajación social, la inmoralidad, las rivalidades y reductos infranqueables entre los miembros del propio partido político, que es un imperdonable desatino; la falta de patriotismo y un escaso sentido de pertenencia que es vital para todo emprendimiento y defensa del país, la corrupción en todos los estamentos administrativos que erosiona a cualquier gobierno debido a que la burocracia administrativa es fundamental para el buen andar de un gobierno, siempre que se mantenga incólume a las prebendas y no las pida; el cínico desprecio a las virtudes éticas y principios humanos establecidos en la sindéresis.
Una justicia que se somete al poder Ejecutivo y se corrompe al actuar políticamente, no obedeciendo ciegamente a los códigos del ordenamiento jurídico y perdiendo su inestimable independencia; el desmesurado afán por las riquezas materiales que se obtienen por prebendas a través de extorsión y licitaciones manipuladas; venalidad en los políticos en cada elección halagando a la mayoría para obtener votos; un errático manejo de la economía que desestructura a las familias, a los más pobres y a todos.
Los endémicos bloqueos, disturbios y manifestaciones callejeras que violan el derecho de los demás ciudadanos y ahuyentan sin solución de continuidad a un filón de riqueza: los turistas; la criminalidad impune, el comercio con drogas y estupefacientes, la liberación sin justificación jurídica de violadores y criminales por jueces corruptos, los escándalos en el gobierno, el gasto injustificado del erario. La ocupación de cargos de dirección en instituciones importantes, que son sectores estratégicos, por personas no idóneas que perjudican al país con su ignorante accionar, ausente de especialización; la licitación amañada de riquezas naturales sin considerar obligadamente que es el futuro de la juventud y que hay que preservar con muy meditados contratos elaborados por juristas expertos; el desprecio público de los hombres honrados.
Me disculpo ante las lectoras y lectores por el largo párrafo debido a la enumeración de situaciones que dificulta la lectura, aunque gramaticalmente es correcto por la puntuación.
Estas disensiones pueden destruir lo que con mucho esfuerzo y vidas costaron para la mayoría, conviniendo que en los humanos siempre se presentan discrepancias que no deberían llegar a la enemistad en ningún partido político, sea cual fuere; cuando las rencillas y los odios asumen preponderancia, como son humanos, debemos convenir que son demasiado humanos.
Debe calar la cordura en los políticos, pues sus intereses partidarios son prosaicos en equiparación con los de la patria ¿Surgirá un líder político impoluto que se comprometa a no incurrir en estas causales y ofrecer paz y honestidad al pueblo, gobernando estrictamente para él, como un apostolado?
FORO
RAÚL PINO-ICHAZO T.
Abogado, posgrados en Derecho Aeronáutico, Arbitraje y Conciliación; Filosofía y Política



