Medio: El Diario
Fecha de la publicación: viernes 08 de julio de 2022
Categoría: Consulta previa
Subcategoría: Consultas en materia minera
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Los habitantes del parque nacional Madidi siguen esperando que alguna autoridad del Estado boliviano los proteja a ellos y al medio ambiente del avasallamiento de los mineros ilegales.
El Estado boliviano, quizá porque fue diluido en 36 naciones hasta que desapareció, no ha respondido a esos ciudadanos bolivianos que no pueden defenderse de las armas y las dragas y el mercurio que llevan los mineros ilegales.
Se trata, en este caso, de un “parque nacional”, como todos los demás que han sido invadidos por cocaleros y narcotraficantes, ante la indiferencia de las instituciones del Estado boliviano cuya función, cuya razón de existir, es hacer cumplir las leyes, en este caso de protección de esos santuarios de la naturaleza.
De la protección a la Pacha-mam no queda ni el discurso.
Las estadísticas oficiales dicen que las importaciones de dragas para uso minero crecieron en los últimos diez años de seis a 900 toneladas anuales. Y también es sabido que Bolivia se ha convertido en el primer importador de mercurio del mundo, a tal punto que mineros peruanos llegan a El Alto para comprar mercurio.
Otra cosa que se sabe es que las llamadas “cooperativas mineras” ceden a empresas chinas no solamente las áreas que el Estado les autoriza explotar, sino también la ventaja de casi no pagar impuestos.
El Estado boliviano tiene un Ministerio de Minería, una oficina especializada en la concesión de áreas mineras a empresas o cooperativas, pero ninguna de esas instancias ha dicho una sola palabra sobre los atropellos que se dan en Madidi.
En realidad, todos los parques nacionales han sido violados. La última noticia es que el parque Noel Kempff, en Santa Cruz, se ha convertido en un nuevo Chapare, repleto de cocales y de fábricas de droga. Aparte de la noticia sobre este hecho, no ha habido ningún anuncio de las autoridades de lo que queda del Estado boliviano sobre las medidas que están tomando para expulsar de ese parque a los cocaleros y destruir las fábricas. Cero. Ni una sola palabra.
El Estado no responde.
-Hola.
-¿Hay alguien ahí?
Del mismo modo, en el otro extremo del territorio de este Estado casi fallido, en el sureste de Potosí, otros agricultores piden que alguien les proteja de los mineros, que están envenenando las pocas corrientes de agua de la zona.
Muy cerca de allí, tropas del Ejército boliviano se dedican a controlar el contrabando, el de entrada solamente, pero con criterios muy raros, porque los autos robados en Chile son encontrados en ciudades bolivianas: pasaron tranquilamente por la frontera y burlaron a los militares.



