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Masas insurrectas - DANILO PAZ BALLIVIÁN

Medio: La Razón

Fecha de la publicación: domingo 26 de junio de 2022

Categoría: Debate sobre las democracias

Subcategoría: Democracia representativa

Dirección Web: Visitar Sitio Web

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Con la experiencia de la elección de 2005, las masas insurrectas ratifican que la actuación en bloque garantiza la continuidad del Proceso por vía del voto y eligen con un mayor porcentaje que en la anterior elección al binomio Evo Morales-Álvaro García (diciembre de 2009).


Contenido

Las clases subalternas aprendieron que solo la unidad en la resistencia y en el voto permitió continuar el Proceso.

DIBUJO LIBRE

Existen momentos en los que las organizaciones sociales de las clases subalternas se transforman en movimientos sociales y éstos en multitud, en masas insurrectas que definen el curso genuino de lo nacional popular.

Para no remontarnos muy atrás, esto ocurrió en el derrocamiento de la “democracia pactada” (1985-2005), que comienza con la “guerra del agua” (2000) y termina con la “fuga de Gonzalo Sánchez de Lozada” (2003).

Inmediatamente después, esas masas sintetizan sus demandas patrióticas y de justicia social en la “Agenda de octubre” y, particularmente, en la elección general con el voto por el partido político más cercano a sus reivindicaciones (18 de diciembre de 2005).

En realidad, el Proceso de Cambio comienza con la tercera nacionalización de los hidrocarburos (mayo de 2006) y se consolida recién con la aprobación de la nueva Constitución Política del Estado (enero de 2009).

Con la experiencia de la elección de 2005, las masas insurrectas ratifican que la actuación en bloque garantiza la continuidad del Proceso por vía del voto y eligen con un mayor porcentaje que en la anterior elección al binomio Evo Morales-Álvaro García (diciembre de 2009).

Independientemente de los largos y complejos procesos y refiriéndonos solo a los eventos, el MAS vuelve a ganar en la elección general de octubre de 2014; sin embargo, inoportunamente se realiza el referéndum constitucional de febrero de 2016. La victoria del No, por una cabeza, constituirá hasta el día de hoy la base del bloque opositor al Proceso de Cambio, en un espectro que abarca los comités cívicos de Santa Cruz y Potosí, las plataformas del 21-F, Colegio Médico de La Paz, maestros urbanos, el “Conade”, los grupos irregulares de la “Resistencia Juvenil Cochala” y la “Unión Juvenil Cruceñista”, todos ellos más tarde representados por Creemos, Comunidad Ciudadana y, en general, por la clase media profesional desplazada de su poder de influencia por más de una década.

No es motivo de estas notas analizar el golpe de Estado de 2019, inicialmente planteado al estilo del de 1971, con el cierre del Parlamento, la vuelta al Estado republicano y la hegemonía de las Fuerzas Armadas. El 12 de noviembre de 2019 se autoproclama Jeanine Áñez y reconoce lo que queda del Parlamento. Lo que sigue durante los 11 meses posteriores es una acción sistemática de desmontar todo lo construido en 13 años con el “Modelo económico, social, comunitario y productivo”.

Siguiendo con los eventos populares se destaca, por último, el bloqueo de caminos dirigido por la Central Obrera Boliviana (del 3 al 14 de agosto de 2020), que impone que la elección se llevaría a cabo impostergablemente el 18 de octubre de 2020.

Contra el pronóstico de propios y extraños, mediando disputas de liderazgos, otra vez el MAS-IPSP gana la elección del 18 de octubre de 2020 con el binomio Luis Arce-David Choquehuanca, esta vez sin los 2/3 en el Parlamento.

Este escueto repaso de los eventos de participación de las masas populares demuestra que éstas, en su unidad y conjunto, pueden pasar de la resistencia a la acción, del bloqueo al voto y del voto al bloqueo, con el fin de defender el Proceso.

Mas allá de las contradicciones de los partidos y la política misma, en ultima instancia, son las masas las que eligen a los líderes y los partidos, y no a la inversa.

Prevalece en los sectores de las clases subalternas una conciencia nacional de desarrollo estatal endógeno y de justicia social, grabado en la memoria larga y corta. La centralidad obrera del pasado ha dado lugar a un empoderamiento de las masas populares corporativo-patriótico que se impone sobre los intereses sectoriales y partidarios.

En este largo Proceso (2005-actualidad), la oposición ejercitó todas las tácticas: el referéndum revocatorio en agosto de 2008, el referéndum constitucional de febrero de 2016, el desprestigio y boicot antes, durante y después de las elecciones generales del 20 de octubre de 2019, siguió con la narrativa de la segunda vuelta, para rematar con la autoproclamación de Jeanine Áñez (12 de noviembre de 2019).

Por su parte, las clases subalternas aprendieron que solo la unidad en la resistencia como en el voto permitieron y permiten la continuidad del Proceso; es más, las masas insurrectas saben que independientemente de las contradicciones coyunturales internas del MAS-IPSP, no se puede avanzar retrocediendo; para existir, es necesario profundizar el proceso nacional popular continuamente y, a la hora de las nuevas elecciones se debe ganar con 2/3 de votos en la Asamblea Legislativa Plurinacional.

 (*)Danilo Paz B. es sociólogo, investigador del CESU-UMSS