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Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: domingo 19 de junio de 2022
Categoría: Representación Política
Subcategoría: Acoso y violencia política
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Janine Añez acaba de ser sentenciada a 10 años luego de un juicio ilegal donde los jueces han cumplido con su único deber: obedecer -a estas alturas- al maloliente poder de turno. Una exhibición de autoritarismo, corrupción y misoginia que no se compadece ni siquiera con mantener las formas. Durante las dictaduras militares el estilo era otro: actuar en la penumbra, desaparecer los cuerpos, las huellas y los testigos. En ambos casos sembrando miedo y convirtiendo a las mujeres en sujetos privilegiados del odio. Hoy a la impunidad se agrega el cinismo.
El modo en que lo hacen estos malvados del siglo XXI, a cara descubierta, parece tener la eficacia de ganar tiempo sembrando la duda y hasta la cándida esperanza, como ocurrió con el Ministro Lima de Justicia - el peor de todos- quien aseguró que el relator de Naciones Unidas Diego García Sayán venía para demostrar que éste era un país respetuoso del estado de derecho y que se reformaría esa cosa que llaman justicia y se parece más a una red delincuencial. García Sayán, sin embargo, ha confirmado la falta de independencia del poder judicial, como ya lo hicieron el Grupo de Expertos Independiente (GIEI), Human Rights Watch y Amnistía Internacional.
La participación de las mujeres ha contribuido a mejorar la democracia. El voto universal primero, las cuotas luego y hasta la paridad han permitido que las mujeres pasen de electoras a elegidas y amplíen la agenda legislativa. Los avances fueron interrumpidos durante las dictaduras militares que hicieron desaparecer física y políticamente a hombres y mujeres, persiguiendo, torturando y atemorizando. Luego vino la democracia pactada que entre 1983 y 2006 impuso el modelo neoliberal en economía: curiosamente, a contrapelo de las políticas privatizadores que le asignaban un papel mínimo al estado, Bolivia aplica las primeras políticas de género y la participación popular, descentraliza y reconoce a las Organizaciones Territoriales de Base, según sus usos y costumbres. Los municipios se convirtieron en actores fundamentales de la democracia, pero las mujeres sintieron como nunca el acoso y la discriminación. No todos los avances fueron equitativos. La democracia pactada tuvo un acelerado proceso de deterioro que concluyó con la nueva Constitución. A pesar de que esta reconoce muchos derechos y es paritaria, el gobierno del MAS si no la viola, la ignora, reduciendo la democracia a los procesos electorales incluido el fraudulento que provocó la huida de Morales. Lo demás ha sido concentración de poder.
El “proceso de cambio” amplió la presencia de mujeres en la política y derrotó al feminismo por medio de una acción de doble naturaleza: integró a las indígenas a través de las Bartolinas, como parte del núcleo central del poder y subordinó a una buena parte de las feministas de clase media que prefirieron mantenerse complacientes y sonriendo ante los cantos machistas del gobierno. La mayoría de las beneficiarias de las luchas feministas llegaron a la asamblea legislativa para callar o levantar la mano. Llegaron al poder al mismo tiempo que el MAS puso en marcha un régimen machista y autoritario que castigaba la disidencia como ocurrió con Rebeca Delgado.
Ejemplos del sometimiento son las asambleístas del MAS que fugaron con su jefe avalando el fraude, y reaparecieron para repetir la mentira del siglo. Las que se quedaron, como Eva Copa, Segundina Flores o Angelica Ponce tuvieron que padecer el endiosamiento de Morales para alzar sus voces una década después. No dijeron ni pío ante la estafa del Fondo Indígena ni levantaron la voz ante la impunidad del exalcalde de Ancoraimes procesado por el asesinato de Juana Quispe. Si no lucharon por sus propias compañeras era impensable que exijan un proceso justo para la expresidenta y entiendan que los derechos humanos son universales y se defienden precisamente para quienes no piensan como una. Añez ha sufrido la crisis de la democracia y la derrota del feminismo.
lucharon por sus propias compañeras era impensable que exijan un proceso justo para la expresidenta



