Medio: Los Tiempos
Fecha de la publicación: miércoles 15 de junio de 2022
Categoría: Órganos del poder público
Subcategoría: Órgano Judicial
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Parece que la justicia boliviana no es tan lenta como dicen. En el caso de Jeanine Áñez, podemos decir que los tribunales han sido de una eficiencia y rapidez impresionantes. De hecho, la sentencia estaba lista incluso antes de iniciarse el proceso.
No faltarán los loquitos delirantes, desde izquierdistas trasnochados hasta etnofascistas resentidos, que aplaudan semejante cosa. Pero dudo que cualquier persona medianamente honesta y con un sistema nervioso funcional crea de verdad que toda esa pantomima judicial merezca el nombre de justicia.
Comprendo que muchos prefieran la indiferencia y el silencio. Es más cómodo y seguro. Siempre hay causas menos peligrosas que defender, cosas amables que no requieren mayor compromiso que recitar ciertas fórmulas convencionales: el "derecho" al aborto en Buenos Aires, el antirracismo en Minesota o el matrimonio gay en Zanzíbar.
Y sin embargo... sólo quisiera señalar que el sistema que condena a Áñez, por órdenes del poder, es el mismo que deja libres a los delincuentes que pueden pagar el precio y que manda a inocentes a la cárcel, precisamente porque no pueden pagar el precio. Es el mismo sistema que, por negligencia y corrupción, da impunidad a criminales de toda laya, dejando indefensos a los ciudadanos de bien.
Un sistema judicial a las órdenes del poder político es necesariamente perverso, ineficiente y fácil de corromper.
¿No sería deseable tener tribunales funcionales? Creo que sí y que es urgente. Si no por una cuestión ética, al menos por interés personal. Mañana, si uno tiene la mala suerte de caer en las manos del sistema, ¿no sería genial contar con policías medianamente formados, fiscales eficientes y jueces imparciales?
Por supuesto, es posible engañarse y creer, con cierta ingenuidad, que la suerte y los dioses lo protegerán a uno de la rapacidad del sistema, siempre que se guarde un perfil bajo y se cierre la boca. Pero yo no estaría tan seguro... Además, ¿quién quiere apostar su vida en semejante lotería?
No estoy sugiriendo que salgamos mañana a las calles, a gritar viejas consignas y a bloquear calles. Es algo bastante inútil, una coreografía, un viejo show que el poder puede soportar sin mucho problema.
Sería más eficaz alzar la propia voz, sólo para comenzar. Llamar a las mentiras por su nombre, no caer en la propaganda oficial y tener el valor de expresar la opinión propia.
Decir la verdad, en este país y en esta época, es verdaderamente revolucionario. Y quién sabe hasta dónde podemos llegar con la verdad, ¿no es cierto?



