Medio: Los Tiempos
Fecha de la publicación: domingo 05 de junio de 2022
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Democracia representativa
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En un artículo pasado dijimos que “el verdadero partido político es aquel que representa los intereses de una clase social concreta”, concepto que queremos utilizarlo para tratar de describir lo que está sucediendo en la politiquería del país.
Instalado en Sucre el remedo de Asamblea Constituyente, actuaron concertadamente el centro hegemónico del MAS y la llamada oposición, todos bajo el monitoreo de “académicos españoles” pertrechados en una oficina de la Lotería Nacional en La Paz en conspiración contra el pueblo boliviano.
Actuaron de consuno el Gobierno y la vieja oligarquía, la centrada especialmente en los grupos de poder de Santa Cruz, no en vano hasta la Cámara de Industria, Comercio, Servicios y Turismo de Santa Cruz trasladó sus oficinas al bastión masista de El Alto.
En el Parlamento, los acuerdos eran fluidos entre “oficialistas” y “oposición”. El Vicepresidente García Linera era un afectuoso invitado en centros cruceños empresariales. El Gobierno no escatimaba esfuerzos para halagar a la oligarquía inclusive concediéndole préstamos impagables con dinero ajeno, propio de los jubilados pobres depositados en las AFP. Hasta en el “inocente” rally Dakar se dio tal confluencia de amistad, dirigentes empresariales de la tercera edad oficiando de pilotos para quedar bien con el Gobierno.
Mientras tanto, en los centros de poder gubernamental, estaba desarrollándose un pequeño grupo de advenedizos clasemedistas convertidos rápidamente en millonarios. Se otorgó poder amplio a los denominados interculturales centrados especialmente en el Chapare, quienes avasallaron parques nacionales y todo cuanto saciaba sus ambiciones, naciendo así una nueva oligarquía.
El MAS se constituyó en el partido de ambas oligarquías, de la vieja y de la nueva, pero tal como tenía que ser la nueva oligarquía siguió desarrollándose raudamente aplanando a todo lo que se interponía a su paso y así le llegó la hora de desgracia al llamado empresariado de Santa Cruz, puesto que el espacio económico y político que ocupa es ambicionado por la insaciable nueva oligarquía masista. Llueven los bloqueos por todos los caminos de Santa Cruz, convertida en un conventillo sin ley, lo cual perjudica a la modesta ciudadanía que nada tiene que ver con esta camorra.
Esta pugna de la clase dominante en sus dos ramas oligárquicas es la que debiera interesar a los “expertos” en asuntos políticos porque afecta a todo el país y no las rencillas pedestres que se dan dentro del partido de gobierno.
Desde el momento en que el MAS se constituye en el partido de la clase dominante y la llamada oposición en comparsas enclenques sin representatividad de clase social, cualquier disputa interna en el partido de gobierno no cambiará su esencia clasista y de servidumbre internacional y se constituirá, como ya se ha constituido, en el “partido único” tan propio del totalitarismo. No interesa que esté presidido por Evo Morales, Luis Arce, Choquehuanca o Pedro de los Palotes. Con poncho y ojotas, con terno y corbata, con pollera o con vestido no cambiará la esencia de clase del MAS, la pelea es interna, que no nos interesa, es por la mera ambición de poder.
El pueblo, el llamado hipócritamente “soberano”, no gana nada con estas trifulcas domésticas y se encuentra indefenso merced a todo tipo de abusos, corrupción y crímenes. Así está Bolivia.



