Medio: El Deber
Fecha de la publicación: domingo 29 de mayo de 2022
Categoría: Órganos del poder público
Subcategoría: Órgano Ejecutivo
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El presidente Luis Arce ha denunciado que “fuerzas antidemocráticas continúan con su labor para derrocar al Gobierno democráticamente elegido”. Lo hizo en un discurso durante la celebración del aniversario del Regimiento Primero de Infantería Colorados de Bolivia, el jueves de esta semana en La Paz.
Lo dicho por Arce, si es verdad, es muy grave. Tendría que ser verdad, porque la advertencia viene nada menos que de la primera autoridad política del país. Dada su condición y alta investidura, hay que presumir que se trata de una denuncia basada en pruebas. Un mandatario no puede ir de tarima en tarima lanzando acusaciones infundadas; y si el presidente Arce dice que hay conspiraciones para derrocarlo, es porque seguramente es así.
Derrocar a un gobierno es el acto delictivo más antidemocrático que se puede cometer en un país, y como tal tiene que ser investigado y severamente castigado una vez que se identifique a los responsables.
El Estado tiene sofisticados aparatos de inteligencia, los cuales se reportan al Ministerio de Gobierno, y de éste a la Presidencia del Estado boliviano. Si el presidente dice que lo quieren derrocar, él mismo tiene que conocer los detalles de quiénes intentan sacarlo del Gobierno. Es, por tanto, su obligación salir a explicarle al país quiénes están detrás de esos intentos golpistas, identificarlos, mandar a detenerlos y procesarlos. Eso sí, tendrá que hacerlo con pruebas, porque no basta con levantar el dedo acusador sin mayor respaldo.
Y dado que es una denuncia demasiado grave, cabe preguntarse de quién sospecha el presidente Luis Arce. ¿A qué “fuerzas antidemocráticas” se refirió el primer mandatario?
Hasta donde se puede saber por la información que circula en medios de comunicación, no se conoce de ningún intento de fuerza alguna por hacer caer a Luis Arce de su silla. Sin embargo, como nada se puede descartar, el país necesita de certidumbre y seguridad en su camino para avanzar a mejores días y para eso hay que identificar a los supuestos golpistas. No es posible mirar el futuro si tenemos las energías distraídas en combatir enemigos internos que quieren hacer daño.
Habrá que precisar, en esa tarea de identificación de los supuestos derrocadores, si se trata de fuerzas políticas de la oposición o de fuerzas del interior del propio Movimiento al Socialismo (MAS). Para nadie son desconocidas las pugnas internas de poder entre altos dirigentes del MAS y autoridades del Gobierno.
Es en su partido donde el jefe máximo ha pedido más de una vez cambios de ministros, y el presidente Arce no ha dado curso a esas exigencias; es en el MAS donde el vicepresidente David Choquehuanca critica con frecuencia a quienes él llama “eternos dirigentes” de su partido, entre otros incidentes recientes que revelan fracturas partidarias.
En el mismo acto militar, y fiel a su característica a estas alturas ya conocida, el presidente Arce volvió a hablar del supuesto golpe de Estado de 2019 y fustigó, sin identificar a nadie, a quienes, desde las Fuerzas Armadas, según él, desobedecieron el mandato de las urnas.
Se extraña en los discursos del presidente palabras de llamado a la unidad, a construir el futuro con todos los bolivianos de la mano; se observa que habla demasiado de ‘enemigos’ y nunca de amigos; en el más puro estilo de Evo Morales, las intervenciones del presidente de los bolivianos tienen demasiado de esas convocatorias al odio y a la confrontación en lugar de expresiones para el entendimiento, la tolerancia, el respeto a la diferencia y la construcción, en definitiva, de un país para todos y no de unos contra otros.



