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La designación de autoridades en dos tiempos - Marcelo Arequipa Azurduy

Medio: La Razón

Fecha de la publicación: jueves 19 de mayo de 2022

Categoría: Debate sobre las democracias

Subcategoría: Democracia representativa

Dirección Web: Visitar Sitio Web

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Aquí más que hablar de que las mayorías buscan imponerse a las minorías, o que las minorías trancan todo imponiendo la posibilidad de veto que tienen, creo que es más urgente que miremos en la siguiente línea: una democracia no puede prescindir de la negociación política, pero para que se pueda dar esto es necesario que vaciemos de contenido negativo esa idea y la llenemos con la posibilidad de entender que la negociación política tiene como fin generar cierto consenso, es ahí donde tenemos que llegar porque de lo contrario lo que nos espera pronto es alguien que venga desde fuera del sistema de partidos con gorra sobre la cabeza amenazando con dejar unas cartas que cuenten verdades mediáticamente potables y prestas para llenar plazas en cabildos a cielo abierto.


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 / 19 de mayo de 2022 / 01:49

Empiezo por puntualizar algo que me parece importante, en el país no es que no exista institucionalidad. De hecho, tenemos instituciones, muchas y bastante positivas para el fortalecimiento de la democracia. En realidad, lo que tenemos al frente es una falla estructural en el funcionamiento de estas instituciones; es decir, antes que pensar en la llegada de un informe ampuloso y detallado de consultoría de creación o fortalecimiento institucional, nuestra mirada tiene que ir apuntando a las formas y mecanismos que tenemos los bolivianos de relacionarnos entre nosotros y revisando las actitudes que pudiéramos tener respecto de lo político.

Entonces, en la parte del cómo hacemos funcionar las instituciones es que se encuentra la designación de los titulares en los cargos públicos, que al parecer comenzamos a ver que la clase política se planteó como tarea para llevar a cabo, empezando por la Defensoría del Pueblo. Al respecto, identifico dos momentos importantes: el momento democrático y el momento meritocrático.

El momento democrático es el primero y tuvo como fin iniciar con la convocatoria y recibir las diferentes postulaciones que llegaron, lo llamo momento democrático porque salvo las restricciones constitucionales que existen, por lo demás cualquier ciudadano podía presentarse.

En el caso de las candidaturas a la Defensoría del Pueblo, en este momento sobresalieron más aquellas postulaciones que eran vistas como polémicas, que más parecían chistes de mal gusto por su nivel de compromiso partidista o parcializado con un sector activista, que poder encontrar candidaturas que nos atraigan porque prometían elevar la vara como en el principio de los tiempos defensoriales.

Pasamos de ahí al momento meritocrático, este momento está caracterizado por la evaluación de las candidaturas presentadas; por si acaso cuando uno se refiere a lo meritocrático, lo entendemos como algo integral, en el caso de la Defensoría entrarían muy probablemente también características de valores ético-morales y de defensa de los derechos humanos. Sumado esto obviamente a la evaluación que se haga en las entrevistas respectivas, algo así como contemplar no solamente la sumatoria de puntajes, también un análisis de las cualidades de los postulantes.

Estos dos momentos, democrático y meritocrático, arrojarían a los mejores perfiles para ser considerados como máximas autoridades que hagan funcionar las instituciones. Sin embargo, nos topamos con que la clase política necesita todavía madurar algo más, porque la regla constitucional es que se los designa, pero por el voto favorable de dos tercios de la Asamblea Legislativa Plurinacional.

Aquí más que hablar de que las mayorías buscan imponerse a las minorías, o que las minorías trancan todo imponiendo la posibilidad de veto que tienen, creo que es más urgente que miremos en la siguiente línea: una democracia no puede prescindir de la negociación política, pero para que se pueda dar esto es necesario que vaciemos de contenido negativo esa idea y la llenemos con la posibilidad de entender que la negociación política tiene como fin generar cierto consenso, es ahí donde tenemos que llegar porque de lo contrario lo que nos espera pronto es alguien que venga desde fuera del sistema de partidos con gorra sobre la cabeza amenazando con dejar unas cartas que cuenten verdades mediáticamente potables y prestas para llenar plazas en cabildos a cielo abierto.

Marcelo Arequipa Azurduy es politólogo y docente universitario.

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