Medio: El País
Fecha de la publicación: domingo 15 de mayo de 2022
Categoría: Debate sobre las democracias
Subcategoría: Democracia representativa
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Es necesario que los políticos hagan lo se supone que saben hacer: política; que unos y otros se sienten a negociar y negocien, que se tiendan puentes y que se busquen consensos
- Redacción Central / El País
- 15/05/2022 00:00
Es verdad que el mundo camina a paso firme hacia posiciones cada vez más extremistas y radicales y que la propia concepción de la democracia está en riesgo, pues como hace cien años, hay quienes están utilizando las reglas del juego básicamente para llegar al poder con el fin de cambiarlas.
El bloqueo tanto en la Asamblea Legislativa Departamental como en la Asamblea Legislativa Plurinacional tiene que ver precisamente con el nulo respeto a las normas democráticas, pero además, en ambos casos, mezclados con altas dosis de infantilismo y torpeza política, lo que hace aún más difícil la resolución del conflicto.
En la Asamblea tarijeña se trataba de elegir una nueva Directiva y, esencialmente, un nuevo presidente para un ente que cuenta con 30 asambleístas y que, por lo tanto, requiere de 16 votos para ser la mayoría absoluta.
En la Asamblea Plurinacional se trataba de elegir a un nuevo Defensor del Pueblo, una de las instituciones más simbólicas del país y una de las pocas que sigue conservando la necesidad de los dos tercios de los votos para su designación.
La aritmética es tozuda y en ninguno de los dos casos daban los números para que una bancada en solitario impusiera su criterio respecto a la otra, y aún así, unos y otros fueron directos a la sesión sin haber hecho el suficiente trabajo político para encontrar una solución.
En el caso de Tarija es más que evidente y hay amplio margen para negociar, pues bien puede figurar un Presidente, pero se puede pactar una agenda concreta respecto a las leyes a aprobar y el enfoque de la fiscalización que cada cual pueda aportar.
En el caso del Defensor del Pueblo es más evidente aún que lo que hace falta es que las bancadas se pongan de acuerdo en un perfil concreto que seguramente no será de pleno agrado de ninguno de ellos – tanto mejor para la institución – pero que debe cumplir unos mínimos de independencia y profesionalidad.
En ambos casos lo necesario es que los políticos hagan lo se supone que saben hacer: política. Es necesario que unos y otros se sienten a negociar y negocien, que se tiendan puentes, que se busquen consensos y que se llegue a puntos intermedios, porque eso sin duda es la política, que se basa en el gobierno de las mayorías, pero con el debido respeto a las minorías, que también tienen derechos y votos.
Es posible que unos se hayan acostumbrado al rodillo pleno y los otros al victimismo permanente, pero en esta ocasión hay un fallo flagrante de cálculo que era más que evidente. Nadie puede pretender que gane “su” candidato si no se ha mantenido un mínimo diálogo, y tampoco se puede avanzar si la respuesta siempre es el bloqueo.
El mundo camina hacia posiciones cada vez más cerradas con el miedo a lo distinto como principal expoliador de emociones y votos, pero contra eso tampoco hay mayores remedios que afrontar el momento con ánimo constructivo y espíritu crítico. La actual situación de bloqueo no es culpa de la polarización, sino de la falta de sentido común. No hay otra amenaza que la de justificar la confrontación sin que antes haya mediado el diálogo sincero. Se trata básicamente de que los políticos hablen entre ellos. Ojalá no se les olvide que esa es su misión y que para eso les pagamos entre todos su salario.
DESTACADO.- El mundo camina hacia posiciones cada vez más cerradas con el miedo a lo distinto como principal expoliador de emociones y votos



