Medio: El País
Fecha de la publicación: jueves 05 de mayo de 2022
Categoría: Organizaciones Políticas
Subcategoría: Democracia interna y divergencias
Dirección Web: Visitar Sitio Web
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No solemos en estos editoriales dedicarnos a asuntos personales excepto cuando el personaje y su tratamiento ejemplifican una dinámica especial para bien o de riesgo, como es el caso, pues no parece una buena idea que la coherencia política acabe siendo sancionada por aquellos que nunca hicieron más mérito que asaltar el poder que tenían más a mano en el momento estratégicamente más preciso.
Sí, hablamos de Pilar Lizárraga, una de esas sociólogas investigadoras comprometidas con su patria, su tierra y sus gentes desde mucho antes de que el Movimiento Al Socialismo (MAS) se convirtiera en la opción política hegemónica. De hecho, que esto sucediera fue precisamente porque gente como Pilar y otros de su especie acabaron comprometiéndose en el espíritu transformador y revolucionario que al menos en su fase embrionaria, el MAS ofrecía.
Tal vez nunca eligió esta batalla, pero tampoco pudo eludirla. El trabajo de Pilar Lizárraga y todo su equipo nunca fue el de ser protagonista, sino el de sumar, el de poner su experiencia y conocimiento intelectual al servicio del proceso de cambio para lograr que las ideas y los impulsos que tantas veces emanan de los congresos y ampliados como puras fuerzas de la naturaleza, sin sentido, sin estrategia, sin plan, se conviertan en una política pública, en una acción concreta que sirva, al fin, para mejorar la vida de los ciudadanos más pobres, porque eso al final es tomar partido.
Y es que a Pilar Lizárraga las cosas nunca le dieron igual. Al contrario. Quienes la conocen saben que la pelea, a veces, hasta la extenuación, hasta que gana por aplastamiento o por aburrimiento, hasta que logra que haya consenso, que se escuchen las ideas, que nadie se rinda. Se trata de una forma de hacer política que ya apenas se ve. Es la forma de hacer política desde los valores y no desde el pragmatismo oportunista que se estila ahora y que solo piensa en esas medianías del “ganar – ganar” y que suele preferir palmaditas en la espalda y compadreríos varios que el confort de la batalla bien librada, aunque perdida.
No es preciso compartir las ideas políticas de Pilar Lizárraga ni mucho menos, para saber que intelectuales de esa naturaleza y militantes de ese convencimiento siguen siendo tanto o más necesarios en este siglo XXI de sociedades líquidas y compromisos efímeros. No es preciso compartir la estrategia política cuando se sabe que al final lo que está de fondo es el país y sus vecinos.
Sobre Pilar pende hoy una amenaza de expulsión impulsada desde los nuevos círculos de poder del partido azul en Tarija que por alguna razón no han soportado que Lizárraga, después de la crisis de 2019, quisiera dar un paso al frente, hasta la primera línea y ser asambleísta primero y dirigir el MAS Cercado después, luego de muchos años honrando el trabajo orgánico y contribuyendo a la cohesión y la coherencia del instrumento que ha contribuido a forjar.
Nada bueno puede esperarle al MAS, ni por extensión a Tarija en la parte que le toca, cuando las purgas acaban llevándose a los que dan la cara.



