Medio: Los Tiempos
Fecha de la publicación: martes 03 de mayo de 2022
Categoría: Órganos del poder público
Subcategoría: Órgano Ejecutivo
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Como en los dos anteriores censos, de 2001 y de 2012, nuevamente ha surgido una polémica sobre las preguntas que se deben incluir, pese a que aún no se conoce el contenido de la boleta censal, que según el Gobierno ya está prácticamente lista. Como sucedió en 2012, está el cuestionamiento sobre la autoidentificación, sobre la cual se ha solicitado que la consulta incluya la opción “mestizo”, lo que, sin embargo, ha sido rechazado por el Gobierno, con el argumento de que Bolivia es un pueblo que se identifica como indígena originario campesino, lo cual no es evidente.
En el censo de 2001, el 61,3 por ciento se autoidentificó como perteneciente a alguno de los 36 pueblos indígenas de la boleta, que no incluyó la alternativa “mestizo”, pero en 2012 esa cifra cayó a 40,6 por ciento, es decir, 20,7 por ciento menos, sin que tampoco se agregara la opción “mestizo”. Con mayor precisión, el investigador José Rafael Vilar, en una columna publicada en nuestro matutino, ha expresado que en la boleta de 2012 no ingresaron las opciones bésiro, puquina, mojeño-ignacianos, mojeño-trinitarios, toromona, zamuco ni uru chipaya, que figuran en la Constitución, pero que se sumaron los “pueblos” chiquitano, joaquiniano, moré, sirionó, tsimane/chimán, yaminagua, yampara y yuracaré-mojeño. Es decir, más etnias que de pronto había que sumar para que subieran las adscripciones y se llegara a una conclusión prefabricada: Bolivia es un país indígena y, en consecuencia, sus gobernantes tienen que ser indígenas. ¿En Bolivia aparecen y desaparecen con tanta rapidez los “pueblos indígenas”?
No tuvieron adhesiones, explica Vilar, los moré, sirionó, yaminagua ni urus y de las 44 adscripciones finales sólo dos sobrepasaban el millón de adscritos, una superaba los 100 mil y otra se le acercaba; el resto tenía menos adhesiones.
Los resultados del censo de 2012 deberían ser suficientes para concluir que tiene que haber otra manera de obtener con precisión el número de pueblos indígenas y cuántos los componen, si es evidente que se necesitan estos datos para desarrollar políticas específicas que los favorezcan, como afirma el Gobierno. Hasta ahora, con o sin esos datos, esa intención no es evidente y, por el contrario, el masismo ha cometido actos contra los indígenas como el intento de imponer por la fuerza la carretera por el Tipnis o el desfalco al Fondo Indígena.
Salta a la vista que la intención de sustentar el proyecto político-ideológico del MAS mediante los censos ya no tiene sentido a la luz de estos resultados ni lo tendrá: el problema de fondo es que la ideología masista, que buscó fundamentarse en lo indígena, pese a que se trata de un proyecto político de orígenes culturales claramente mestizos, como sus líderes, ya no interpela y no renacerá gracias a los porcentajes de autoidentificación del próximo censo.
Tomando en cuenta la manipulación política de la que fue objeto la autoidentificación, tal vez convenga no incluir ninguna pregunta al respecto en el próximo censo. De ese modo se quitará argumentos al MAS, que busca usar esos datos para dividir a la población.



