Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: viernes 22 de abril de 2022
Categoría: Organizaciones Políticas
Subcategoría: Renovación dirigencias
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Empecemos por reconocer que el mejor gobierno de nuestra historia fue el primer gobierno de Evo Morales. Empezó por rebajarse el sueldo porque dijo que un presidente está para servir al país y no para beneficiarse de él. A continuación tuvo el coraje de enfrentarse a la Embajada de Estados Unidos y deshacer los nefastos compromisos o contratos que había firmado el presidente Sánchez de Lozada en beneficio de empresas extranjeras. Evo nacionalizó una serie de empresas (con la extraña excepción de la PIL) y se puede decir que “bolivianizó” la economía totalmente, con lo que se fortalecieron tanto la economía pública como la privada.
Como era de esperar, el resultado fue una notable mejoría económica para el país en su conjunto, tanto en el sector público como en el privado, así como un avance en lo que podemos llamar la industrialización del país, la multiplicación de empresas públicas y privadas, y por supuesto la participación popular, que dejó de ser una fábula. Y por supuesto Evo fue reelegido con un porcentaje de votos todavía mayor.
Pero entonces se empezó a percibir los efectos de un principio que se había investigado en Norteamérica y Europa y que se resumía en la frase de que “el poder crea daño cerebral”. Efectivamente aquel Evo que nunca olvidaremos empezó a sentirse por encima de su pueblo, se subió notablemente el sueldo, se olvidó de principios que él había formulado y que siempre merecen recordarse (como el de que la protección de la naturaleza y el medio ambiente es más importante que la protección directa del ser humano, que sin naturaleza no puede existir), y se fue alejando de los movimientos populares. Ya le resultaba más importante su cargo que el país. (Por cierto, en todo este proceso fue apoyado por ese vicepresidente esencialmente llunk’u que se llamaba Álvaro García Linera, un novedoso intelectual que se especializó en decepcionarnos).
Para lograr la prolongación de su presencia en el Gobierno convocó a un Referéndum en el que se permitía la reelección indefinida de un presidente. Perdió el referéndum, pero a pesar de todo se presentó a una tercera candidatura, lo que provocó una serie de movilizaciones populares que fueron duramente reprimidas (resultado de las cuales le tocó asumir el cargo, para su propia sorpresa, a la parlamentaria Jeanine Áñez, a la que ahora muchos se han atrevido a calificar de golpista).
Por eso al final hubo elecciones en las que fue elegido el actual presidente Carlos Arce, al que en el MAS proclamó candidato para que luego pudiera volver Evo. Pero Arce, que empezó muy sumiso, hoy empieza a sentirse re-elegible, y ahí vuelve a aparecer Evo Morales (y su pandilla de llunkus). Cierto que no hay otros líderes populares, ni indígenas ni blancones, pero si alguien ha perdido su calidad política es Evo. Está bien que siga siendo el máximo líder de los cocaleros, y está bien que se sienta feliz de haber sido el mejor presidente de este país. Pero nada más. Es hora de que se retire de liderazgos “plurinacionales” y de ambiciones económicas. No tiene nada que decir sobre ministros y otras autoridades.
Más le vale que conservemos un buen recuerdo de él y su primer gobierno, y que para eso se retire de las luchas políticas formales y se alegre de que surjan nuevos liderazgos. De lo contrario tendremos que recordar el simbólico caso de la terminal de buses de Chulumani, que costó casi 3 millones de bolivianos pero que no se ha usado nunca porque no hay camino de acceso…
Por favor, Evo, jubílate y deja que este Estado Plurinacional funcione como pueda.
¿Es mucho pedir?
Rafael Puente es miembro del Colectivo Urbano por el Cambio (CUECA) de Cochabamba



