Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: miércoles 13 de abril de 2022
Categoría: Organizaciones Políticas
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El vicepresidente David Choquehuanca se estrenó en el cargo dando esperanzas de reconciliación y unidad entre los bolivianos, a diferencia del presidente Luis Arce que empezó su gestión con una abierta confrontación con los no militantes del MAS. Sin embargo, en el casi año y medio que llevan en el poder, Choquehuanca ha abandonado el discurso de la complementariedad para exacerbar las diferencias étnicas, mientras que Arce ha bajado los decibeles de su retórica para sumergirse en la gestión.
El caso del vicepresidente es el más extraño porque en sus discursos en español y en escenarios urbanos habla de la unidad, del respeto, del encuentro entre diferentes. Pero, cuando está en las comunidades rurales del altiplano, donde hace discursos en aymara, incita al odio y a la confrontación entre diferentes.
“No despierten la ira del Inca”, “si alguien le toca a la wawa (aymara) de una comunidad, el pueblo se va a levantar”, “¿Qué nos van a enseñar (los licenciados)? ¡Nos van a enseñar a robar! Nosotros les podemos enseñar, ellos son bien flojos”. Esas frases resumen tres de sus discursos más polémicos exaltando las diferencias étnicas innecesariamente, cuando lo que el país necesita afrontar el sempiterno debate sobre las identidades con serenidad porque se aproxima el censo de población y vivienda.
El discurso sobre la ira el inca fue pronunciado en noviembre del año pasado, cuando diversos sectores sociales y opositores protestaban para pedir la anulación de la ley contra la legitimación de ganancias ilícitas. El escenario de la arenga fue la plaza principal de Peñas, ante una audiencia de miles de personas, en el emblemático sitio donde fue descuartizado Tupac Katari durante la Colonia.
En marzo de este año, en Copacabana, La Paz, el vicepresidente reivindicó la acción del joven Santiago Mamani en contra de la estatua de Colón, a la que le quitó la nariz a combazos. “Nuestra wawa ha nacido, de los aymaras, estamos hablando de Santiago, levántate hermano”, le dijo al joven y recordó que el muchacho “ha dicho (que) si alguien le toca a la wawa de una comunidad, el pueblo se va a levantar”. Hizo esta advertencia porque Mamani estaba siendo acusado ante la justicia por haber dañado un espacio público.
Y finalmente, este fin de semana, el vicepresidente lanzó la arremetida contra los profesionales no aymaras en una cumbre de profesionales de la provincia Pacajes. Dos días después, salió a decir que los medios lo habían tergiversado.
En el escenario de crisis interna del MAS, la pregunta es ¿dónde apunta Choquehuanca? Los perfiles de Evo Morales y Luis Arce están más o menos claros, pero el del vicepresidente se torna a veces difuso y quizá eso explica su intento de radicalizarse en los discursos para mostrarse como una pieza fuerte en el ajedrez interno del oficialismo.
De Morales se sabe que está peleando por preservar el poder con mano dura, de Arce se percibe que finalmente ha decidido dejar de ser el alfil de Evo para construir su propio liderazgo rumbo a 2025. A estas alturas, se vislumbra, entre ambos, una disputa no solo por el control del poder ahora, sino por la candidatura y por la sigla del MAS.
La incógnita es Choquehuanca, que bien podía ser el líder que tienda puentes y una a los bandos en disputa, pero está abiertamente enfrentado a Evo Morales y, si bien mantiene buenas relaciones con Luis Arce, le hace un flaco favor al proyecto renovador y concertador que está naciendo en el MAS y que busca desplazar al exmandatario.
Es probable que este doble discurso de Choquehuanca sea un intento de hacer contrapeso al poder del Chapare y de Evo Morales desde el altiplano, o que esté buscando arraigo social para preservar su liderazgo, pero recurrir a la cuestión étnica siempre conlleva riesgos porque indirectamente termina convocando a que otros actores políticos, sectores y regiones hagan lo mismo sin medir las consecuencias para el país.



