Medio: Página Siete
Fecha de la publicación: martes 12 de abril de 2022
Categoría: Organizaciones Políticas
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Queda claro cuánto ha crecido el poder del narcotráfico en el país en los últimos años. Lo sabemos no solamente por el incremento de la extensión de los cultivos de coca, que en su gran mayoría se destinan a la fabricación de droga, sino por la presencia indisimulable de mafias de narcos que brillan por su ostentación.
Sin embargo, nada más revelador que las denuncias hechas por el propio Evo Morales hace unos días, que han involucrado a los jefes antidrogas del país. Morales presentó ante los medios de comunicación unos audios que supuestamente corresponden a conversaciones de agentes antidroga y, con ello denunció que hay “protección” al narcotráfico.
Sus denuncias causaron un terremoto: el cambio del jefe antidrogas y la intervención de la Fuerza Especial de Lucha contra el Narcotráfico (Felcn). El Ministro de Gobierno destituyó a José María Velasco de la dirección general de la Felcn y en su lugar puso al coronel José Illanes Rivero, no sin antes ponderar el trabajo de la autoridad relevada.
¿Qué hay detrás de todas estas denuncias? Para algunos se trata de una abierta confrontación entre Evo Morales y Luis Arce por el liderazgo en el MAS de cara a las futuras elecciones, y un síntoma de fracturas y diferencias irreconciliables en ese partido.
Pero la preocupación/insistencia de Evo Morales en el tema se acerca, dicen muchos, a la paranoia. El pasado domingo fue explícito: sostuvo que sospecha que la Administración de Control de Drogas (DEA) de Estados Unidos opera desde “algunos ministerios” para desprestigiarlo a él y a los cocaleros del trópico de Cochabamba con el fin de vincularlos con el narcotráfico.
“Yo no sé si (en) eso (está) la DEA dentro de algún ministerio o de algunos ministerios, que trata de implicar o satanizar al movimiento campesino del trópico de Cochabamba”, aseveró Morales en Kawsachun Coca.
A través de esa radio, Morales recomendó “cuidarse” del Ministerio de Gobierno, con la aclaración de que no se refiere al titular de esa cartera, Eduardo del Castillo. “Mi recomendación pública a la población boliviana, hay que cuidarse del Ministerio de Gobierno; ojo, no estoy diciendo del ministro. Pero, ¿de quién depende la Policía? Del Ministerio de Gobierno”, manifestó.
El presidente de las Seis Federaciones de Cocaleros del Trópico de Cochabamba subió el tono de sus acusaciones y arremetió otra vez contra el coronel José María Velasco, exdirector de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico. Dijo que antes de ser nombrado por Del Castillo como director general, recibió formación en Estados Unidos y trabajó como jefe de seguridad de Añez desde el 11 de noviembre de 2019, un día antes de que ésta asuma la Presidencia del Estado, hasta 2020.
Según Evo, la intención de estas denuncias es la defensa de los movimientos sociales de cocaleros del Chapare, que en su opinión estarían siendo injustamente estigmatizados y acosados.
Lo cierto es que si el río suena es porque trae piedras, como dice el refrán. Y para nadie -seguramente ni para Evo- es un secreto que en el Chapare se producen ingentes cantidades de droga, existen grupos de narcos y se trafica a gran escala. No por nada el Departamento de Estado de los Estados Unidos ofreció una recompensa de hasta $us 5 millones por información que posibilite la condena del ciudadano boliviano Maximiliano Dávila Pérez. Dávila también fue director de la Felcn de Bolivia.
El problema de fondo no es que la DEA esté presente, pues para tener estos datos no hace falta que estén en el lugar; tampoco parece ser que el principal problema sea la rivalidad política entre el expresidente y el actual mandatario, sino que las cosas han llegado tan lejos con la presencia y accionar del narcotráfico en el país, que es difícil ya separar la paja del trigo; y Morales, además de estar ocupado en sus planes reeleccionarios, está preocupado por posibles vinculaciones con una actividad que ya no puede ser disfrazada en su región de mayor influencia: el Chapare.



