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Medio: El Potosí
Fecha de la publicación: jueves 07 de abril de 2022
Categoría: Órganos del poder público
Subcategoría: Órgano Judicial
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Ya estamos en el quinto día del cuarto mes del año. Es abril, y marzo se quedó en la última semana. Pasó con más pena que gloria y, al hacerlo, evidenció que un importante anuncio del gobierno fue simplemente eso.
Con bombos, platillos, banda, orquesta y cohetillos el ministro de Justicia, Iván Lima, anunció el 5 de diciembre del año pasado que en el mes de marzo de 2022 se celebraría una cumbre para cambiar la justicia boliviana, hundida en la peor crisis de toda la historia del país por su falta de independencia, su sometimiento al poder político, la corrupción y varios otros males.
Pero algo pasó en el camino, probablemente lo desautorizaron “desde arriba”, y el audaz ministro bienintencionado que irradiaba esperanza se transformó en la pieza central del sistema que instrumentaliza la justicia en beneficio del poder político, el operador principal de eso que se critica de las instituciones de la justicia, y no prosperó ni su intención, ni el consejo de notables y ahora tampoco la anunciada cumbre de marzo.
De nada sirvieron los diagnósticos de varios organismos y misiones internacionales que llegaron al país a certificar y a proponer lo que ya todos sabemos, aunque dicho por ellos adquiere un tono algo diplomático: Bolivia necesita una urgente reforma del sistema de justicia para garantizar su independencia y el respeto al debido proceso, adoptando una ley sobre la carrera judicial que garantice la estabilidad profesional. Eso y mucho más.
En cierto modo, lo que ocurre en el lodazal que llamamos justicia tiene sentido: el Gobierno necesita concluir con éxito su estrategia política para asentar en fallos judiciales su teoría del golpe de Estado, como llama al fraude y la renuncia de Evo Morales en octubre y noviembre de 2019, condenar a la cárcel a la expresidenta que asumió una gestión de transición y a otros protagonistas de aquellos acontecimientos, como jefes militares y policiales, para dejar un precedente en el país, de modo que nadie más se atreva a ocupar el poder que ellos quieren retener para toda la vida, como reiteró el propio Evo Morales.
Para consolidar ese objetivo necesitan una justicia servil. No les conviene mejorarla.



